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Comienza el derribo del convento de Santa Inés, obra emblemática de la arquitectura moderna en Zaragoza

El edificio, catalogado por Docomomo, recibió el Trofeo Magdalena en 1965. Apudepa pide que sea declarado Bien de Interés Cultural para salvarlo

El convento de las dominicas de Santa Inés, junto al Canal Imperial, es un edificio de grandes dimensiones
El convento de las dominicas de Santa Inés, junto al Canal Imperial, es un edificio de grandes dimensiones
Francisco Jiménez

La piqueta ha comenzado ya el derribo del convento de las dominicas de Santa Inés, una obra emblemática de la arquitectura moderna en Zaragoza, que recibió el Trofeo Ricardo Magdalena en 1965, sin que prácticamente nadie haya caído en la cuenta de ello. Salvo Apudepa.

La asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio ha desplegado una intensa actividad en las últimas horas para intentar salvarlo de una destrucción que podría retomarse esta misma mañana. El viernes pasado,  y con el fin de suspender las obras, miembros de la asociación solicitaron con urgencia al Gobierno de Aragón la incoación de un expediente de declaración de Bien de Interés Cultural para el edificio. Los trabajos han afectado ya a la zona de la portería y los bajos del inmueble.

El derribo ya está en marcha
El derribo ya está en marcha
Francisco Jiménez

Este convento es poco conocido porque se trata de un edificio reciente (de mitad de los años 60 del siglo pasado) y porque ha sido de clausura hasta su cierre. Según algunas fuentes, se vendió en 2020. La constructora Valle de Bielsa S. L. logró el pasado 15 de noviembre la licencia de derribo en el Consejo de Gerencia de Urbanismo gracias a una solicitud que se tramitó, según Apudepa, "de manera cuando menos opaca". Y es que en ella no se mencionaba el inmueble como convento de Santa Inés, o de Santa María del Pilar, como se le conoce, sino que simplemente se aludía a "la edificación sita en la calle Cofradía Señor Atado a la Columna, 2". El edificio no estaba catalogado ni tenía protección, por lo que se le concedió la licencia de derribo.

La construcción fue diseñada a principios de los años 60 del siglo pasado por el arquitecto Francisco Coello de Portugal y Acuña (Jaén, 1926-Madrid, 2013), fraile dominico cuya obra está repartida por todo el mundo: España, Reino Unido, Venezuela, Puerto Rico, Angola, Camerún, Sudáfrica, Corea del Sur, Taiwán… Fue pionero en la introducción en tierras aragonesas del moderno lenguaje arquitectónico de posguerra liderado por Le Corbusier y caracterizado por el uso masivo de hormigón y la predilección por espacios diáfanos y formas depuradas. La iglesia del Carmen, en el paseo de María Agustín, que suele ponerse como ejemplo de dicha arquitectura en Zaragoza, fue proyectada en 1963 por José Romero e inaugurada en 1965. Es, pues, un año posterior al convento de las dominicas, cuya calidad hizo que se le concediera el Trofeo Ricardo Magdalena en 1965 como mejor obra de 1964.

Interior del edificio, cuando lo habitaban aún las monjas
Interior del edificio, cuando lo habitaban aún las monjas
HA

La Fundación Docomomo Ibérico sí que se ha ocupado del edificio, al que considera singular y representativo del Movimiento Moderno. En la ficha que le dedica destaca que "es el primer monasterio de Coello de Portugal y el arquetipo de sus futuras realizaciones. Presenta una tipología heredera del cenobio dominico, donde la dimensión y proporción de los tres volúmenes que lo definen acusan su contenido (...) La sensibilidad y el rigor en la elección de los materiales enfatiza y tensiona la composición del conjunto en un brillante ejercicio de racionalidad constructiva". Miriam Ruiz Iñigo le dedica un buen espacio en la tesis doctoral que dedicó a este arquitecto y leyó en 2016.

Fachada del convento, para cuya protección se pide una actuación urgente
Fachada del convento, para cuya protección se pide una actuación urgente
Francisco Jiménez

Jesús Martínez Verón, uno de los principales especialistas en el estudio de la arquitectura aragonesa, lo define como "un edificio decididamente moderno, en la línea de la arquitectura religiosa europea del momento, y sin referencias ni a la historia, ni al contexto". Y José Laborda Yneva, en su ‘Zaragoza. Guía de arquitectura’ escribe de él que es "un edificio donde los detalles que pueden percibirse resultan particularmente armónicos, vinculados siempre con la estabilidad de lo horizontal. Es una pieza cerrada al exterior, sin resultar por ello excluyente, y hace resaltar el limpio volumen de su zona de acceso sobre el fondo cuidadoso del bloque de la clausura. Como nexo de unión, tratado de manera diferente, destaca el cuerpo adelantado de la iglesia, elemento representativo del convento".

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