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NARRATIVA. ARTES & LETRAS

Xesús Fraga: "El silencio de mi abuelo aún me persigue"

El Premio Nacional de Narrativa de 2021 por 'Virtudes (y misterios)', visitó Zaragoza por primera vez y conversó en la Aljafería con Mena y Pisón 

Xesús Fraga conoció a un grupo de escritores aragoneses este fin de semana y algunos restaurantes como Casa Emilio y La Scala.
Xesús Fraga conoció a un grupo de escritores aragoneses este fin de semana y algunos restaurantes como Casa Emilio y La Scala, donde fue fotografiado.
A. C.

Xesús Fraga (Fraga, 1971), galardonado con el Premio Nacional de Narrativa por ‘Virtudes (y misterios)’, acaba de hacer su primera visita a Zaragoza. Pasó tres noches en el hotel Catalonia, visitó la Aljafería (donde conversó con Ignacio Martínez de Pisón y Miguel Mena) y estuvo en algunos otros santuarios de una parte de la vida cultural de Zaragoza como Casa Emilio y el restaurante La Scala, que se ha convertido en otro espacio de todo tipo de citas y de celebraciones culturales alrededor de la mesa.

«Nunca había estado en Zaragoza. Aquí tenía algunos amigos importantes, como Ignacio Martínez de Pisón y mi editor Chusé Raúl Usón, y he conocido a Ismael Grasa, Rodolfo Notivol, Julio José Ordovás, Miguel Mena, José Luis Melero, el librero y escritor Javier Lahoz... Ha sido muy emocionante estar en Casa Emilio, y conocer al propio Emilio Lacambra: había leído tanto sobre el restaurante y las tertulias que me ha encantado estar en el comedor dedicado a Labordeta y a Félix Romeo».

Para un fetichista como él, no hay más que ver como dedica los libros (lleva un pequeño arcón de tintas de colores y de sellos de aplicación), no dejó de ser importante hospedarse en el lugar donde nació un gran periodista y escritor como Mariano de Cavia; al fin y al cabo, Xesús Fraga trabaja en Cultura en ‘La Voz de Galicia’.

Seis meses para la literatura

¿Trabaja o trabajaba? He aquí la respuesta: «¿Qué cómo me ha afectado el galardón? De entrada, me hay servido para comprar tiempo. Me he tomado una excedencia de seis meses. Los periodistas que también somos escritores vivimos un poco estresados, bueno todos estamos más estresados que nunca: nuestro oficio ha cambiado tanto que se ha perdido la calma que te permitía trabajar con un poco de sosiego, dándole vueltas a las cosas, buscando fuentes, perspectivas, personajes, la calidad de las historias. Ahora debemos multiplicarnos en muchos frentes y en la tiranía del clic, y me daba cuenta que no podía hacerlo todo». Hacerlo todo, añade, es atender a la riada de convocatorias, llamadas y presentaciones de su novela, que en Galicia publicó Galaxia (va por la quinta edición) y en Xordica (está a punto de salir la cuarta) en la traducción al castellano, que ha hecho el propio Fraga. «Sí, y no solo eso. También he recibido invitaciones de muchos clubes de lectura. El libro no solo se ha presentado en La Coruña o Zaragoza, a través de un diálogo en la Aljafería, sino en Salamanca y Barcelona…», explica.

Sus compañeros de ‘La Voz de Galicia’, al enterarse de su despedida por unos meses, le dieron una gran sorpresa: encargaron una inmensa tarta con la portada del libro. «En Galicia el premio ha sido muy bien acogido. Con ilusión. Y se ha celebrado con cariño. Uno escribe la historia que quiere escribir, le da vueltas, muchas vueltas, y esta era la historia de mi familia y mi propia historia».

Costó pero salió. Dice: «Así como uno no quiere redactar un volumen feminista o una vindicación de la Historia o de la libertad, pero eso puede estar en su libro, pues a mí con el mío me ha sucedido algo semejante: el éxito del premio también es un impulso al gallego y a mucha gente que no lo sabía, o no lo sabía muy bien, le recuerda que uno no nace de la nada, sino que viene de Rosalía de Castro, de Cunqueiro, de Castelao, de Otero Pedrayo, de Rafael Dieste, y de otros autores contemporáneos míos como Méndez Ferrín o Manuel Rivas, pongamos por caso. Y eso, sin supremacismo alguno, sin voluntad de ruptura con el Estado, está ahí. Es decir, me siento partícipe de una literatura importante, bella y variada».

Xesús Fraga practica con el ejemplo: a algunos de sus amigos les trajo libros gallegos: desde los ‘Seis poemas galegos’, de García Lorca, a una edición en facsímil de ‘Longa noite de pedra’ de Celso Emilio Ferreiro.

Preguntas ante el silencio

‘Virtudes (y misterios)’ es una novela de la memoria, una epopeya familiar y, además, es la crónica de los suyos, «unha crónica de nós». ¿Qué ha pasado en su familia, cómo se ha recibido el libro? «Mi familia no era ni una familia de libros ni de lectores, pero eso no quiere decir que no se valore el poder de los libros, su categoría simbólica, esa condición de registro contado de las cosas que pasan y nos han pasado. La novela fue recibida muy positivamente y fue premiada al menos en dos ocasiones en Galicia. Pero cuando llegó el Premio Nacional puede decirse que aún impactó más, que invitó a reflexionar de nuevo sobre el poder de los cuentos, el misterio de la memoria, la fuerza imparable de las palabras», explica.

Una de las historias que más apasiona y desconcierta a la vez de su novela es el relato del abuelo, que se va a Venezuela y regresa 40 años después, sin haber enviado ni una carta ni dar otra razón de sí. «Fue una historia sorprendente. Y se vivió con normalidad y desconcierto. Pero también gracias a ella mi abuela se atrevió a vivir una gran aventura en Londres, donde yo nací, y tras ella salió mi madre. En la novela se cuentan muchas cosas, diversas vidas, ritos, hábitos, enigmas, grandes sacrificios. Cuando vuelve mi abuelo, mi abuela lo acoge sin rencor y con una pregunta: “¿Tienes hambre?”. Nunca le mostró rencor. Lo ayudó a cerrar bien la vida sin asaltar sus secretos. Todos queríamos que mi abuelo nos contase qué había pasado, por qué no había escrito jamás, y yo el que más, pero no fue posible. Y ese silencio aún me persigue», concluye Fraga.

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