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Ana Bruned: "Adoro el buen humor y la risa: sin risa, nos vamos al cuerno"

La maquilladora jaquesa acaba de formar parte del equipo de rodaje del filme 'Para entrar a vivir' y maquilló a Penélope Cruz en el debut audiovisual de ésta, el videoclip de Mecano 'La fuerza del destino'

La maquilladora Ana Bruned posa este viernes 19 de noviembre en el centro de Zaragoza.
La maquilladora Ana Bruned posa este viernes 19 de noviembre en el centro de Zaragoza.
Francisco Jiménez

¿Las brochas le escogieron, escogió las brochas? ¿Cómo se decidió por esta profesión?

En un principio no quería ser maquilladora. Prefería Bellas Artes, pero mi padre no me dejó, porque tenía que salir de Zaragoza. Me matricularon en Derecho, como él, aunque solo hice primero, justo por darle esa satisfacción; también estudié en la Escuela de Artes Aplicadas en la plaza de los Sitios. Un día dije que quería ser maquilladora y aprender de efectos especiales, y me dijeron que sí, pero sin mucha confianza en que me ganase la vida con esto. Por ahora sigo viviendo de esto…

¿Fue un poco la fuerza del destino, entonces? Es una alusión facilona a uno de sus primeros trabajos, ya perdonará…

Bueno (ríe) lo primero remunerado que hice fue una película de Manuel Iborra, ‘Caín’, rodada en Cádiz; Verónica Forqué y Antonio Resines estaban en el reparto. Verónica fue encantadora, por cierto, me trató de maravilla y me enseñó mucho de lo que es un rodaje. Lo del videoclip de Mecano tiene su aquél, porque fue el primer trabajo de Penélope Cruz.

En aquella canción era ‘mujer a medio terminar’, pero ya apuntaba maneras…

Recuerdo que tenía 15 años, y era bailarina junto a su hermana en una agencia que se llamaba Olé. Buscaban dos perfiles muy concretos entre las chicas; una muy alta, la interpretó una modelo, y la compañera de Nacho Cano, que debía ser más bajita, porque Nacho lo es. Penélope impresionaba porque lo tenía todo muy claro; siendo una niña, daba una impresión de madurez propia de alguien con 10 años más, con la cabeza bien amueblada. Acto seguido presentó el programa de ‘La quinta marcha’ con Jesús Vázquez y su carrera fue despegando.

Quienes la conocen dicen que tiene usted una frase fetiche con puntos suspensivos, ‘si yo os contara...’, y que nunca cuenta lo incontable.

¡Claro que no! Hay cosas públicas, anécdotas que no van a ningún lado, pero en el set de maquillaje surgen confidencias que no deben trascender. Ten en cuenta que con mi trabajo invado el espacio personal de alguien, estoy a 50 centímetros como máximo, y normalmente pegada; es una intromisión en la intimidad.

¿Lleva usted implícito el secreto de confesión, entonces?

Más bien soy como un barman cuando va a cerrar el bar y queda uno abriendo su corazón, aunque no haya alcohol de por medio. Bueno, si yo os contara (risas) pero no, en serio, no me van los chismes. Soy una tumba.

También ha trabajado en producción de campo, después de formarse a conciencia.

Dos años de estudios y uno de proyecto, sí. Estando en los rodajes aprendes mucho, pero quería consolidar lo aprendido, me encanta ese trabajo. He hecho dos videoclips, un spot, un documental… además, haber estudiado producción me ha ayudado a formar mejores equipos en mi propio trabajo.

¿Y cómo se le da la transmisión de conocimientos?

Me fascina enseñar, me lo paso muy bien. Hice un curso de formadora de formadores que incluía idiomas, psicología… muy interesante. Y no es un tópico lo de la retroalimentación, compartes lo que sabes y recibes muchas enseñanzas al mismo tiempo.

En el otro lado de la moneda, y a estas alturas del juego, ¿con qué situaciones no quiere lidiar más?

Con el trabajo precario, la llamada de ‘quiero hacer esto pero no hay dinero’, y siguen llegando esas llamadas. Mira que no se me caen los anillos, me encanta maquillar a una mujer para una ocasión especial, trabajar para novias en el gran día es un placer y todo se puede hablar con respeto, pero propuestas que empiezan así, pues no. Fíjate que tuve en mis manos un guión maravilloso hace poco para producir un cortometraje, pero no tenía financiación y no se me ocurrió llamar a colegas maquilladoras, o cámaras y decirles ‘no hay dinero’. Es una falta de educación.

¿Alguna medicina universal para que los irrespetuosos no triunfen?

La belleza, en toda su amplitud, y el buen humor. Concretamente, la risa. Sin risa nos vamos al cuerno. Y en lo profesional, proyectos bonitos y bien armados, donde se pueda desarrollar la parte más artística de mi trabajo; un largo, un corto, una obra como ‘La tuerta’ de Jorge Usón… o lo próximo, un montaje teatral de Yolanda Blanco escrito y dirigido por José Luis Esteban, que tiene una pinta tremenda.

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