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Libros ideales para el Día de Difuntos

La muerte hace correr numerosos ríos de tinta, y hay ficciones para todos los lectores que se atreven a ir más allá del miedo: Poe, Joyce, Rulfo, Potocki, Bécquer, Mena...

Ilustración de Alejandra Acosta para 'Ni aquí ni en ningún otro lugar', de Patricia Esteban.
Ilustración de Alejandra Acosta para 'Ni aquí ni en ningún otro lugar', de Patricia Esteban.
Páginas de Espuma

La escritora y profesora p.áginas de espumajamás ha ocultado su pasión por la literatura de terror, las atmósferas opresivas y las apariciones de fantasmas. Como el famoso microrrelato de Juan José Arreola, que figura entre sus favoritos: «La mujer que amé se ha convertido en un fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones»

Estos días, de difuntos y espectros, de muertos que van y vienen por nuestra memoria, hay lecturas que se antojan más que idóneas. La propia Patricia elige, a petición de HERALDO, su quinteto: «'Frankenstein', que alude a la vida que vuelve defectuosa de la muerte. Los cuentos de Poe, que nos hicieron saber que nuestro cerebro era un ogro encerrado al que debíamos temer. 'Cementerio de animales', de Stephen King, por el horror de la pérdida y lo peligroso que es no aceptarla. 'Drácula', de Bram Stoker, el gran conde de la noche. Y el cuento 'La lotería', de Shirley Jackson, donde la masa ataca al individuo y el vecindario es una manada hambrienta de rituales».

A estos títulos incuestionables de una especialista, les sumamos algunos más. Y empezamos con la propia Patricia Esteban Erlés: acaba de publicar en Páginas de Espuma 'Ni aquí ni en ningún otro lugar', un diálogo con los cuentos de hadas que leyó en su infancia a los que les da un giro perturbador, turbulento, en el que figuran ogros, brujas, hasta «extrañas criaturas» y animales que producen pavor. En la niñez se multiplican las pesadillas y algunos escritores sostienen que son necesarias para crecer.

Casi una enciclopedia

Ramón Gómez de la Serna es el autor de 'Los muertos y las muertas', uno de los grandes libros sobre la muerte, casi una enciclopedia literaria, humana, fantástica, y un conjuro del autor contra el adiós y sus infortunios. Otro de los libros más fascinantes sobre hechicerías, princesas moras, gitanos, endemoniados, bandoleros, muertos y moribundos y otras aventuras es 'Manuscrito hallado en Zaragoza', que tiene mucho de alucinación y de viaje por la España negra. Su autor, Jan Potocki, del que no se sabe con certeza si estuvo en Zaragoza, vivió una vida agitada, fue un gran aventurero, un enamorado constante, y acabó suicidándose con una bala de plata que hizo con la tapa de una tetera. Luis Buñuel estaba fascinado por el libro y por la película de Wojciech Has.

Una de las más increíbles peregrinaciones por el mundo de los muertos la contó Álvaro Cunqueiro en su novela 'Las crónicas del sochantre', que narra un secuestro y un viaje en diligencia de un grupo de muertos que van a cantar misa a un entierro. El libro es un ejercicio de invención, erudición, ironía y lirismo. Y otro paisano suyo, Alfonso Daniel Castelao, del que Libros del Asteroide publica 'Cosas', firmó un libro delicioso, emparentado con Cervantes, 'Un ojo de vidrio', que narra un peregrinación por el trasmundo de un esqueleto y dos colegas del cementerio. 

Es posible que Castelao tuviera en la cabeza una obra maestra absoluta, 'Memorias de ultratumba' de Chateaubriand, un libro de memorias que es una mirada a la sociedad, a la política y a la cultura de su tiempo, y a la par «un templo de la muerte erigido a la luz de mis recuerdos», según sus propias palabras. Victor Hugo le dedicó el mejor elogio: «Quiero ser Chateaubriand o nada». Entre las historias de vampiros, junto a 'Drácula', cabe citar 'El vampiro' de Polidori y varios textos de Sheridan Le Fanu: uno de ellos es 'Carmilla'; otro, 'El fantasma de la señora Crowl'; ejemplos del terror gótico más sofisticado.

Quizá el cuento de horror más perfecto que se haya escrito, tal como dijo Borges, sea 'La pata de mono' de W. W. Jacobs, que inspiró 'Cementerio de animales' de Stephen King: el ejemplo de cómo un talismán de los deseos se vuelve algo pernicioso, de una maldad que no cesa. En otra dirección, recomendamos 'Los muertos', uno de los cuentos de 'Dublineses' de James Joyce: de sutil melancolía, se teje con los recuerdos y la nieve, y descubre una bella y mortal pasión del pasado. 'Aura', la novela breve de Carlos Fuentes, es una historia de amor con un trasfondo raro y enfermizo, siniestro, alrededor de las memorias de un militar. La gran novela de los difuntos es 'Pedro Páramo' de Juan Rulfo: sus gentes vienen desde el fondo de la muerte y dialogan con los espacios, las ruinas, el vacío y esas criaturas que dejaron un rastro inquietante en Comala.

Más aragoneses...

Además de la citada Patricia Estban, también en Aragón se han producido algunos libros vinculados a la muerte. Miguel Mena escribió 'Alerta Bécquer', que cuenta el robo de los huesos de Bécquer, por amor, en Sevilla para enterrarlos en Trasmoz, ese lugar donde la muerte y sus ritos, la sombra y sus espantos, la brujería y sus seguidores están absolutamente presentes. Un nigromante construyó el castillo de Tramoz en una sola noche. Bécquer, en las noches de Veruela, vivió diversas apariciones que narró en 'Cartas desde mi celda'.

Otro poeta romántico o rezagado como Luis Ram de Viu compuso sus 'Flores de muerto' (la última edición de La Val de Onsera es de 1996). Y Jean-Claude Carrière, el hombre al que Luis Buñuel le dictó 'Mi último suspiro', hizo realidad el sueño del cineasta calandino: en 'Recuerda Buñuel' (Lumen), lo visitó una decena de veces al cineasta, en el cementerio de Montparnasse, para contarle cómo iba el mundo. Como se sabe, Buñuel no está allí.

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