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LETRAS ARAGONESAS. OCIO Y CULTURA

Muere el escritor, editor y experto en repostería Miguel Ángel Marín Uriol

Publicó más de 40 libros: dos novelas, una historia de la repostería y más de 40 poemarios sobre la vida, el amor, la muerte, el tiempo y la belleza

Miguel Ángel Marín Uriol en 2012, cuando presentó su libro 'Laminerías'.
Miguel Ángel Marín Uriol en 2012, cuando presentó su libro 'Laminerías'.
Andrea Merino.

Ha muerto el escritor, animador cultural y pastelero durante años Miguel Ángel Marín Uriol (Zaragoza, 1945). Durante años se dedicó a la pastelería y repostería, y llegó a tener tres establecimientos, La Esperanza, con su familia en Zaragoza. En los años 80 firmaba una sección dominical sobre gastronomía, llena de erudición y curiosidades históricas, en ‘El día de Aragón’. Todo esos conocimientos y sus experiencias en el obrador, donde era un maestro con el chocolate, cristalizaron en dos libros: ‘Dulce. Historia de la pastelería inventada’ (Mira, 1996) y ‘Laminerías. Tres siglos de pastelería en Aragón' (Certeza, 2012); el primero es una novela alegórica y poética alrededor de la repostería; el segundo es un inventario de conocimientos y recetas sobre sobre las masas, la miel, el cacao, el pan, el azúcar y otros ingredientes.

‘Dulce. Historia de la pastelería inventada’ (Mira, 1996) es una novela alegórica y poética alrededor de la repostería; ‘Laminerías. Tres siglos de pastelería en Aragón' (Certeza, 2012) es un inventario de conocimientos y recetas sobre sobre las masas, la miel, el cacao, el pan, el azúcar y otros ingredientes y su propia experiencia en La Esperanza

Más tarde, también colaboró en HERALDO, sobre todo en el suplemento ‘Artes & Letras’, donde recordó una larga conversación con Gabriel García Márquez y cómo le dedicó ‘El Otoño del patriarca’. Escribió el 1 de mayo de 2015: “Me senté y al momento lo hizo Gabo a mi lado para tomar una copa de ron. Sobre el mostrador yo tenía una cerveza sin empezar que en un momento determinado cambió por su copa y me dio la espalda para hablar con las mujeres que le acompañaban en el concierto. Ellas marcharon y el milagro ocurrió. Perdona dijo, ya sabes… Con las mujeres… Fue el momento de entablar conversación, celebrar nuestra recién inaugurada amistad y quedar para desayunar juntos cuantos días nos fuera posible antes de un largo paseo mañanero. Hubo tiempo de hablar de todo”.

Ante todo, Miguel Ángel Marín Uriol fue poeta. Aunque escribió la novela ‘Albeta’ (Mira, 2010), la historia de un pastor de Torrelapaja, desde su nacimiento en 1907 hasta la Guerra Civil, se dedicó a la lírica: a escribirla, a editarla (solo o en compañía de su segunda mujer, Inmaculada Marqueta), a difundirla y a organizar recitales y conferencias, sobre todo a través de la tertulia La fuente de las mentiras, la Asociación Hermanos Argensola, la tertulia Van Gogh, la Asociación Aragonesa de Escritores y Amigos del Libro.

Miguel Ángel Marín, el poeta pastelero, como le gustaba que le dijeran con humor y afecto, encarnó la bondad, la amistad, el amor a las palabras con corazón, sentido y sensibilidad

Allí donde estaba era un agitador permanente, un soñador generoso, que promovió homenajes a distintos autores, entre ellos Miguel Labordeta, Ildefonso-Manuel Gil y Ana María Navales. Creó su propio sello editorial, Uriol Cuadernos de Poesía, y publicó de manera muy artesanal alrededor de 40 libros en los que ensayaba homenajes, formas poéticas, y expresaba su mundo, suspenso en la emoción, el sentimiento, el amor, el erotismo, el paso del tiempo y la belleza.

Presentación de la novela 'Albeta' (Mira), en 2010: de izquierda a derecha, Joaquín Casanova, Mariano Ibeas, Miguel Ángel Marín Uriol y Inmaculada Marqueta.
Presentación de la novela 'Albeta' (Mira), en 2010: de izquierda a derecha, Joaquín Casanova, Mariano Ibeas, Miguel Ángel Marín Uriol y Inmaculada Marqueta.
Carlos Moncín / Heraldo.

Además, entre otros títulos, publicó ‘Los dédalos del humo’ (IFC, 1983), que le prologó el poeta e impresor Luciano Gracia, uno de los grandes amigos de su vida. “Luciano Gracia vivió y murió por la poesía. El resto le importaba menos. A mí me prologó uno de mis primeros libros y desde entonces fuimos amigos entrañables. Recuerdo que durante una de nuestras estancias veraniegas en Vera de Moncayo, herido de muerte, me hizo prometerle que escribiría sus memorias», diría. No llegó a redactar esas memorias, pero sí otros títulos como ‘A la luz del laberinto’ (1992. Recibió el Premio San Jorge de poesía) o ‘Athos’, con dibujos de Mari Carmen Gascón Baquero.

“Me senté y al momento lo hizo Gabo a mi lado para tomar una copa de ron. (...) Fue el momento de entablar conversación, celebrar nuestra recién inaugurada amistad y quedar para desayunar juntos cuantos días nos fuera posible antes de un largo paseo mañanero. Hubo tiempo de hablar de todo”, escribió Marín Uriol

En los últimos años, se retiró con su mujer Inmaculada a hacer sus ediciones artesanales, en especial el ‘Libro de las dedicatorias’, y a sus versos. Recorría la ciudad en su silla de ruedas. Escribía en los bares o en casa poemas para amigos, escribió cantos de esponsales para sus hijas, y luego los editaba y se los regalaba a los autores, como ha recordado con inmenso cariño Juan Domínguez Lasierra (" Qué majo este Miguel Ángel, capaz de tener tan buena opinión de tanta gente", anotó) en las páginas de HERALDO. Y no solo él, porque Miguel Ángel Marín, el poeta pastelero, como le gustaba que le dijeran con humor y afecto, encarnó la bondad, la amistad, el amor a las palabras con corazón, sentido y sensibilidad.

Un poema

EN UN MISMO SUSPIRO

© Miguel Angel Marín Uriol

Hoy pienso en tus miradas e imagino

un mar invertebrado en su elocuencia;

sabes que las espero y tú no las confundes.

Un día es mucho tiempo, el corazón

se enrama en un sofoco abstracto

que se opone a la fuga del último crepúsculo.

Gacelas estelares me parecen tus senos

que acaricio en los velos que me impone la luz.

Todo en ti es armonía que confirma el amor.

Te marchas en silencio, presurosa

y el eco de tus pasos me parece

el lamento profundo de una ola gigante.

¿De dónde este conflicto, este misterio ciego

asentado en la orilla de un roquedal inmenso

y me atrae a sus fondos en ascuas de un delirio?

Hoy pienso, tus miradas, nunca son clandestinas.

Llegarás en silencio, desnuda

como ese mar que baña la arena de tus playas,

mientras, un viento nos destroza en un mismo suspiro.

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