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Opinión

Ute Lemper: una voz cálida y efusiva

Por
  • Luis Alfonso Bes
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 20/10/2021 A LAS 17:02
Ute Lemper, durante el concierto que ofreció en la sala Mozarte del Auditorio de Zaragoza.
Ute Lemper, durante el concierto que ofreció en la sala Mozarte del Auditorio de Zaragoza.
Francisco Jiménez

Con ella alcanzó la cúspide. Con la canción yiddish ‘Shtiler, shtiler’, Ute Lemper logró uno de esos momentos musicales únicos que hay que saber identificar y disfrutar al máximo. La cantante alemana, eficazmente arropada por el trío instrumental de piano, contrabajo y ante todo el violín, coronó un clímax expresivo de incontestable sabor klezmer. Impresionante ese ‘accelerando’ característico de la música hebrea.

Con este recital, no propiamente clásico, el ciclo Auditorio Filarmónico se abría a un claro eclecticismo programático. Ahí estaba esa voz versátil, capaz de transmitir la calidez sensual de la voz de Marlene Dietrich, la melodía embriagadora de la canción francesa, meterse en la piel expresiva de cantautores como Bob Dylan o hacer incursiones con repertorio en español de Astor Piazzolla.

Ute lemper ****
Programa'Midnight Songs', con piezas de P. Sarde/J. L. Dabadie, Ch. Trenet, J. Brel, B. Dylan, Volkovitsky/Kaserginsky, L. Ferré, A. Piazzolla, I. Caesar/L. Casucci, N. Schulza/Hans Leip.
IntérpretesUte Lemper, voz; Vana Gierig, piano; Romain Lecuyer, bajo; Cyril Garac, violín. 
CicloTemporada de Grandes Conciertos Auditorio Filarmónico.

Así pues este concierto amplificado había comenzado con ‘Chanson d’Hélène’, donde percibimos los primeros destellos de la voz cálida y efusiva de Ute Lemper, que a lo largo del recital pasó con total soltura del francés, al inglés y a su alemán nativo. No tan suelta se la vio en español, cuya pronunciación oscureció la comprensión de esas dos canciones de Piazzolla (‘Chiquilín’ y la tormentosa ‘Yo soy María’ ) .

La alemana se explayó especialmente con los temas de J. Brel, que recreó en una versión muy personal y con una concepción del tempo completamente ‘ad libitum’, con todas sus consecuencias. Rasgos interpretativos que también mantuvo en su homenaje a Marlene Dietrich como ese ‘Lili Marleen’ o ‘Just a gigolo’, al que dotó de fuerte carácter jazzístico con buena aportación de piano y contrabajo.

Algo remansada de más la expresión en ‘Avec le temps’ y en ‘Que reste-t-il de nos amours?’, este de hermosa letra, que tuvieron mucho de recitado y que compensó con su baile y dominio escénico.

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