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Santiago Morata: "Zaragoza le debe al Ebro y al Pilar su identidad"

Escritor zaragozano del Arrabal, experto en turismo y ‘marketing’. Publica la novela ‘Zaragoza’ (Doce Robles), que abarca 2.000 años en 25 capítulos.

Santiago Morata (Zaragoza, 1969), ante el Pilar.
Santiago Morata (Zaragoza, 1969), ante el Pilar.
Guillermo Mestre

De entrada, antes de ponerse a escribir la novela, ¿qué le decía a usted Zaragoza?

Tenía una deuda con ella porque he escrito sobre lugares increíbles y nuestra ciudad no desmerecía nada en cuanto a historia, avatares, anécdotas… La realidad supera a la ficción y lo tenemos en casa. Esa era la espina que tenía clavada.

¿Qué pasó por su cabeza, por qué ‘Zaragoza. La novela de la ciudad que nunca se rinde’?

Porque no conozco otra ciudad en España que haya pasado por más episodios increíbles, amén de por cariño, por supuesto. El mérito fue de mi sobrino, al que pretendía iniciar en lecturas históricas sobre nuestra ciudad y me respondió: "Cuando salga la peli". Pues bien, este libro es la peli. Dicho sea de paso, me encantaría que se hiciera una película. Sería un bonito reto adaptarla a formato cinematográfico.

¿Fue siempre una novela total, que seguía el curso bimilenario de la ciudad?

El mérito del formato no es mío. Es de Edward Rutherfurd, a quien descubrí a través de mi locura por los viajes. Es el autor de ‘Londres’ o ‘Nueva York’. Pensé: "¿Por qué no una novela río de nuestra ciudad?". Seguí su ejemplo y resultó un trabajo de muchos años, 25 capítulos que son 25 pequeñas novelas, muy rigurosas con la historia. Hay más momentos épicos, muchos más, pero no caben en 500 páginas.

Va desde los romanos a la victoria de la Recopa y la Expo 2008. ¿Qué le ha interesado destacar?

El sufrimiento y cómo siempre nos hemos rehecho, pero, sobre todo, esa capacidad de reaccionar espontáneamente ante la injusticia y levantarse contra ella sin importar el final. Ese pulso vital que muchas ciudades tienen y, en nuestro caso, es tan evidente.

Los personajes son reales y ficticios. ¿Quiénes son los zaragozanos qué más le impresionan?

No espere grandes guerreros. Los héroes anónimos de los Sitios, los de los levantamientos y amotinamientos, y en general todos aquellos que, fuera de colores políticos, vivieran por y para sumar, como Pignatelli o el Tío Jorge.

¿Cuáles son sus rincones de la ciudad y por qué?

Nací en el Arrabal del Tío Jorge, Jorge Ibort y Casamayor, estudié en ese colegio y jugué a la sombra de su estatua. Sabía que fue un héroe, pero no hasta ese punto.

¿Qué le debe Zaragoza al Ebro y al Pilar?

Su identidad. Somos como somos y no podríamos ser de otra manera. Y no solo por estos dos factores clave, sino también por el clima, los invasores, las guerras, las riadas, la cultura, las batallas, el hambre, la peste…

¿Se han contado bien la guerras de los Sitios o queda mucho por decir y por saber?

Se ha contado mucho y bien. Hay testimonios positivos incluso de nuestros invasores, aunque hay temas polémicos sobre los que el lector debe decidir por sí mismo, como la ambigüedad de Palafox.

Este es uno de los años de Goya: el 275. ¿Le impresiona, le interesa, nos condiciona demasiado, sabemos mimar su posteridad?

Este año he visitado todos los museos y Fuendetodos. Ha sido lo único positivo de la pandemia; nos hemos volcado en lo nuestro. Pero es poco. Esta tierra no premia lo suyo y Goya debería ser abanderado de mucho más.

El fútbol también es clave. ¿Qué nos da el Real Zaragoza y qué perdemos con él en Segunda?

Piense en esto: estamos en un extremo. Si nos vamos al otro, cuando Nayim puso nuestra ciudad en el mundo, se lo digo todo. Y sin embargo, mantenemos el sentimiento más fuerte que nunca. Así es como somos.

¿Cree que Zaragoza se ha convertido en una importante ciudad literaria o ya lo era?

Siempre lo ha sido, aunque ahora surgen más escritores que triunfan a nivel nacional. La salud de la Asociación de Escritores Aragoneses lo demuestra.

¿Qué tipo de novelista histórico es? ¿Admira o sigue a alguien?

Siempre he dicho que comencé a escribir por José Luis Corral y Ángeles de Irisarri. Sabía cómo no quería escribir (si quiere un ejemplo, como Christian Jacq) y sí como ellos. Tal vez algún día lo logre. Como novelista pretendo tejer los sentimientos que forjaron las acciones relevantes que nuestros historiadores han contrastado sobre nuestra ciudad. Porque la historia no es sino un tapiz de sentimientos.

¿Qué busca en la literatura?

Los novelistas debemos entretener. Si es a través de la historia, mejor, como un valor añadido, pero por mucho rigor que contenga, no hay que olvidar lo que somos y diferenciarnos de los historiadores. Me conformo con hacer pasar un buen rato e interesar al lector por la historia.

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