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Goya, el pintor visionario y superviviente que predijo nuestro presente

Berna González Harbour publica 'Goya en el país de los garrotazos', en Arpa, tras recorrer Fuendetodos y Zaragoza y los espacios del artista

Uno de los cuadros más audaces de Goya: 'Duelo a garrotazos', de las Pinturas Negras.
Uno de los cuadros más audaces de Goya: 'Duelo a garrotazos', de las Pinturas Negras.
Goya / Museo del Prado.

Francisco de Goya es el pintor aragonés por excelencia. Por su personalidad, por sus vínculos con Fuendetodos y Zaragoza y por su categoría universal. Encarna al artista visionario que se anticipa a su tiempo y predice, con lucidez, sensibilidad extrema y acaso con espanto, el mundo que vendrá. La escritora y periodista Berna González Harbour, especializada en novela negra y premio Dashiell Hammett, le dedicó en 2019 su novela ‘El sueño de la razón’ (Destino), centrada, entre otras cosas, en las Pinturas Negras del genio de Fuendetodos. De esta experiencia ha nacido un nuevo libro, de no ficción, un ensayo: ‘Goya en el país de los garrotazos’ (Arpa), en el que hace alusiones a la actualidad e incluso a Vox: desmiente la imagen romántica y montaraz, primitiva y tópica, de un artista al que algunos dan a entender que hoy pertenecería a la formación política de Santiago Abascal. Todo lo contrario, sostiene la biógrafa y ensayista en esta ocasión.

Berna González Harbour, en su prólogo al libro, dice: “Goya retrató el presente. El artista aragonés no solo escaló hasta la cima más alta que puede alcanzar un un creador cuando consigue captar y reflejar su tiempo (…) Visionario, precursor, Goya pareció predecir el futuro, que no sino nuestro presente, y materializarlo en un reguero de óleos, grabados y dibujos íntimos que nos muestran los bucles de la historia, ese espejo al que mirarnos y que, cumplidos dos siglos, nos sigue reflejando”.

En esta introducción, la autora deja algunas píldoras: “Goya nació en una España que miraba a Francia. Y murió en una Francia que dejaba atrás España”; “Sus ‘Caprichos’ fueron un aviso a la fotografía”. Tras oír lo que dicen algunos expertos, Baudelaire y Manuela Mena, entre ellos, anuncia su teoría general que repetirá en la última página: “Su ‘Duelo a garrotazos’ es la viva imagen de nuestra capacidad de polarizarnos estos días en frentes inamovibles entre derecha e izquierda hasta unos límites retóricos que retrotraen a la Guerra Civil, entre independentistas y no independentistas, entre Cataluña y Madrid, entre el Madrid de Díaz Ayuso y la España de Pedro Sánchez, entre bandos que saltan al garrote sin capacidad de hablar y reconciliarse”.

Resalta algunos cuadros que explican muy bien ese país de la alegría y el drama que es España: alude a ‘La pradera de San Isidro’ (1788), el espejo de nuestra tendencia a la diversión, los ‘Desastres de la guerra’, que “anticipan nuestra capacidad de destruirnos en la Guerra Civil” y añade que sus Pinturas Negras “reflejan nuestra tendencia a devorarnos de tanto en tanto, a sucumbir a las corrientes más oscuras, menos racionales y menos luminosas que nos arrastran a lo peor de nosotros mismos, aunque lo veamos venir”. De ahí que Goya hablase “de nosotros mientras hablaba de su tiempo”.

La autora comienza el viaje y sale en pos del hombre. E insiste en su conclusión principal: “Francisco de Goya y Lucientes pintó la España de hoy, no solo la suya”. Sale en busca de la Quinta del Sordo, confiesa que creció “sin amor al arte” y no tardaría en aficionarse a las Pinturas Negras. Entonces la asaltaba una pregunta: “...por qué Goya pintó algo tan siniestro (…), qué tipo de ser es capaz de desayunar, comer, cenar y amar rodeado de las impresiones de muerte, canibalismo, brujería, lascivia, ahogo y las sensaciones más agobiantes que pueden oprimir a las personas sin escapatoria”. 

“...por qué Goya pintó algo tan siniestro (…), qué tipo de ser es capaz de desayunar, comer, cenar y amar rodeado de las impresiones de muerte, canibalismo, brujería, lascivia, ahogo y las sensaciones más agobiantes que pueden oprimir a las personas sin escapatoria”

En su indagación, casi novelesca, la autora busca La Quinta del Sordo, analiza la infausta historia de Pío Mariano de Goya y sus negocios, y también acude a Fuendetodos, “donde aparte de nacer, el genio hizo poco más”. Dice que la localidad, gran fabricante de hielo en el pasado, se mantiene “gracias a la energía eólica y al turismo que atrae la figura de Goya, motor de una peregrinación con bases más ilusionantes que reales”. Rastrea la presencia del artista en Zaragoza, avanza su amistad con Martín Zapater, y anota: “Goya es muy diferente a sus clichés: el mito de testosterona, mujeriego, patriota y españolazo choca con una realidad de sensibilidad suprema en todas las áreas, también ante el sufrimiento de los animales”.

Uno de los cuadros que encarnan la felicidad y la diversión: 'La pradera de San Isidro' (1788).
Uno de los cuadros que encarnan la felicidad y la diversión: 'La pradera de San Isidro' (1788).
Goya / Museo del Prado.

Lo sigue en la Corte en Madrid, en sus amoríos, los suyos (con la duquesa de Alba, con Josefina Bayeu, elogiada aquí) y los otros -los de Manuel Godoy con Pepita Tudó y la reina María Luisa-, entiende que habría podido ser un buen escritor, analiza sus cartas con su amigo de la niñez Martín Zapater: “Ven, ven luego que he compuesto el cuarto que hemos de vivir juntos y dormir -remedio que echo mano cuando me asaltan mis tristezas…- Toma lo que no puedo darte”, y recoge otras cosas como “el que te idolatra”, “con tu retrato delante tengo la dulzura de estar contigo”, que decía el pintor a su amigo, fallecido en 1803.

“Goya es muy diferente a sus clichés: el mito de testosterona, mujeriego, patriota y españolazo choca con una realidad de sensibilidad suprema en todas las áreas, también ante el sufrimiento de los animales”, dice Berna González Harbour

Tras repasar otros muchos aspectos, concluye: “Conviene dejar claro que Goya no era un héroe, ni un santo, ni un mártir. Ilustrado, sin duda. Crítico con los excesos del poder, con el abuso que implicaban los matrimonios desiguales, la prostitución, la ignorancia y la hipocresía del clero, hasta la médula. Pero él era un superviviente”. Y quizá viene ya la mejor sentencia: “Goya era sobre todo fiel a la verdad. Física, ideológica y sentimental. A la Verdad con mayúsculas”.

Al libro, ‘Goya en el país de los garrotazos’, no le dio tiempo a constatar la reatribución de ‘El coloso’ que se le retiró en 2008 desde el Museo del Prado al pintor zaragozano. La exconservadora Manuela Mena dice que hay por ahí rondando 8.000 piezas falsas que llamaron a las puertas del Museo del Prado. De todos ellos, solo “menos de diez lo eran”. El pintor no es ajeno a diversas formas de ‘fake news’. “Su vida nos hace mejores, nos hace más grandes. Su arte nos sitúa en el mapa”, asegura Berna González Harbour.

LA FICHA

‘Goya en el país de los garrotazos. Una biografía’. Berna González Harbour. Arpa. Madrid, 2021. 214 páginas.

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