Ocio y Cultura
Suscríbete

tradición

Ganas de lucir el traje aragonés

A pesar de las restricciones impuestas por la pandemia, un año más, la ilusión por volver a vestir las indumentaria tradicional aragonesa, el Día del Pilar, sigue intacta.

Belén Navarro, de Indumenta, da los últimos toques al traje que han confeccionado en su taller para Ia zaragozana Isabel Gracia
Belén Navarro, de Indumenta, da los últimos toques al traje que han confeccionado en su taller para Ia zaragozana Isabel Gracia
Oliver Duch

Sí. Hay ganas de volver a vestir la indumentaria tradicional aragonesa, de lucir ese traje tan especial, tan sentido e identitario, sobre todo para los zaragozanos, durante las próximas ‘no Fiestas del Pilar’ –las segundas en pandemia– tan peculiares. Sí. Hay ilusión, devoción, emoción y muchas ganas por recuperar la tradición, a pesar de las restricciones sanitarias, y aunque una valla de dos metros de altura oculte este año la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar, para evitar las aglomeraciones y no atraer ni a los curiosos ni al virus. Una Ofrenda, en la que solo 20.000 privilegiados son los llamados a participar –550 grupos, con un total de 13.500 personas, y otros 6.500 oferentes, de manera individual, en ‘minigrupos’ de hasta seis personas y por sorteo–.

"Este año, se ha producido un cambio muy importante con respecto al pasado. Este año, la gente está muy motivada y va a volver a vestirse con el traje que lucían sus antepasados, aunque no pueda participar en la Ofrenda. Incluso el sorteo se ha vivido con ilusión", afirma Natalia Arbués, experta en indumentaria aragonesa –se doctoró en restauración de textiles– y heredera, junto con su hermana, del establecimiento especializado Indumentaria San Jorge (Zaragoza), un negocio familiar en pie desde 1980. Ilusión, que está dando un respiro a estos comercios especializados en indumentaria tradicional, que, como tantos otros, casi se asfixian por los ‘vapores’ de la pandemia.

"Me voy a vestir, y le pediré a alguien que salga en la Ofrenda que me coja el ramo y se lo lleve a la Virgen"

"Muchos clientes nos han comentado que, salgan o no salgan agraciados en el sorteo, irán al vermú, a comer en familia o a pasear por su barrio –como hacían siempre–, ataviados con sus trajes", asegura Arbués. Incluso los hay que han confesado: "Yo me voy a vestir, y le pediré a alguien que salga en la Ofrenda que me coja el ramo y se lo lleve a la Virgen". Otros han prometido, que si la «suerte» les sonríe, "se comprarán unos pendientes nuevos, un mantón, una mantilla...".

La experta asegura que el acto de "vestirse" desprende un halo "generacional", que ella conoce bien por su propia experiencia. "Aquí, coinciden tres generaciones juntas: la abuela, la madre y la hija. Y es muy bonito ver el cariño y el orgullo con que la abuela mira a su nieta, eso es algo precioso". Y reconoce que, aunque este año no se han confeccionado tantos trajes completos nuevos –"esto no es ni la sombra de tiempos pasados"–, se están renovando muchas piezas y accesorios –una enagua nueva, el chaleco, el pañuelo...–, en ocasiones, con verdadero esfuerzo y sacrificio. "Hay clientas que pasan años ahorrando para hacerse el ‘traje de su vida’; y, en estos casos –confiesa–, yo coso de otra manera, con otro aire".

El interés por lucir una indumentaria tradicional, con rigor histórico, bien documentada; por vestirse "como Dios manda", sigue ganando adeptos, aunque –y a pesar de la cantidad de información que existe sobre el tema– muchos se empeñan en seguir sus propios cánones estéticos: "Últimamente, lo que más me marea es, por ejemplo, ver faldas de algodón, que son de diario, combinadas con mantones de Manila. ¡Es como ponerte un vestido de noche con un cabezal de chándal!", exclama Natalia Arbués, al tiempo que insiste en que "lo verdaderamente importante, este año, es que, con mascarilla, con distancia, como sea, los aragoneses no han perdido la ilusión por vestirse".

Ese temido ‘momento disfraz’

Con la misma pasión y empeño que su colega, Belén Navarro –estudió diseño de moda y domina la indumentaria histórica occidental– sostiene que el sector se va reactivando, poco a poco, gracias también al mundo de la jota, que está cobrando nuevos bríos y aspira a convertirse en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Pero, "aunque la indumentaria también forma parte de esta cultura carece de apoyo institucional", afirma la propietaria de Indumenta, establecimiento especializado zaragozano, que abrió sus puertas hace ya una década y que reivindica el reconocimiento de estos pequeños comercios, a la hora de contribuir en la difusión de la indumentaria tradicional aragonesa.

En su taller se inspiran en prendas antiguas, en la documentación e investigaciones que aportan los indumentaristas aragoneses y pretenden difundir, transmitir un legado, confeccionando trajes "como se hacían antiguamente", con rigor, porque, "cuando te pones estas prendas, que llevaban tus antepasados, te cambia el ánimo". «Hacemos réplicas lo más fieles posibles al vestir antiguo y asesoramos en la forma de colocar las diferentes piezas correctamente, para evitar ese ‘momento disfraz’ tan temido».

Además, tampoco es necesario gastar un fortuna para ir bien vestido, con fidelidad y con rigor, a la Ofrenda de Flores, a la de Frutos o al Rosario de Cristal. "Un traje de señora, con unas prendas y complementos básicos, independientemente de que sea ‘mudado’ o de ‘diario’, puede oscilar entre los 300 y 400 euros; y te dura años y años".

"La mayoría de nuestros clientes se emocionan cuando vienen a recoger el traje"

En sus clientes, Navarro dice que nota esa especial combinación entre devoción y emoción, sobre todo, "la que sienten durante las pruebas y cuando vienen a recoger el traje. Si aquí se emocionan, ¡imagínate lo que sienten cuando pasan ante la Virgen!", exclama. Evidentemente, también los hay que, sin ser muy devotos, "se visten por la ilusión de participar en la Ofrenda, de compartir un día tan especial, como el Día del Pilar, en familia; por la experiencia". Lamentablemente, este año, no han tenido la oportunidad de vestir a familias enteras, como ha ocurrido en temporadas anteriores, que han confeccionado la indumentaria a padres, hijos y abuelos.

Y, en cuestión de niños, "lo más habitual es vestirlos con la versión en chiquitín de un traje de adulto, aunque, antiguamente –continúa–, los vestían de otra manera, con indumentaria infantil propia, que es la gran desconocida entre el público". "Son trajes muy elaborados, sobre todo los de Cristianar –gorrito, sus faldones con sus puntillas, muy adornados...; resulta más fácil ponerles una camisa, un pantaloncito, un chaleco, la faja, el pañuelo y unas alpargatas, y ya está. Aunque se ve alguno, resulta meramente anecdótico verlos con un traje infantil antiguo". Los jóvenes, por lo general, son los que menos comparten esa pasión por la indumentaria tradicional; "a determinadas edades –comenta Navarro– se olvidan por completo del tema, pero, curiosamente, muchos retornan a la tradición cuando son padres y quieren vestir al niño; y son muchos, también, los que movidos por esa ilusión terminan volviéndose a vestir con el traje de su tierra".

"Cuando visto un traje como el que lucían mis antepasados, me pongo más tieso, crezco un par de centímetros y me reafirmo en mi sentimiento aragonés"

Ese sentimiento tan aragonés

Tras dedicar 45 años –toda una vida– a la investigación y recuperación de la indumentaria tradicional aragonesa –su gran pasión–, Miguel Ángel Lahoz, desde su ‘atalaya’ de El Bancal, establecimiento aragonés de referencia, dice que, de alguna manera, todavía cuando se viste con un traje como el que lucían sus antepasados, en los siglos XVIII y XIX, "me pongo más tieso, crezco un par de centímetros y me reafirmo en mi sentimiento aragonés". Y reconoce que el mero anuncio de que este año se iba a celebrar una Ofrenda de Flores a la Virgen "disparó totalmente las ganas de arreglarse, de vestirse, de ese ‘ver qué me falta’, que ha sido como un aldabonazo para los establecimientos del sector, que estaban casi ya en las últimas".

A la Ofrenda de Flores, de Frutos y al Rosario de Cristal

El experto, que ha vestido a políticos, actores, escritores, cantantes, celebridades del mundo de la jota... y a lo más granado de la sociedad zaragozana –por qué no decirlo–, supedita la elección del traje a ese momento en el que se a lucir, porque "cada acto te va a exigir, te va a llevar a un tipo de indumentaria diferente"

"La Ofrenda de Flores –explica– es un acto que se celebra en la calle, por lo que no necesitas llevar el bancal o la mantilla, que sí que requieren en el Rosario de Cristal, que es una procesión religiosa. La Ofrenda, por el contrario, es un acto lúdico, así que pide un traje de fiesta. Tú, el Día del Pilar, no saldrías en chándal a la calle. Saldrías con un traje arregladico, con lo mejor, pues en la Ofrenda, lo mismo. Vamos, como para una boda, pero trasladada a su época".

La Ofrenda de Frutos nos demanda un "traje de diario, de labradores, ganaderos... todo muy sencillo, de algodones y muy de diario, con tus alpargaticas, tu delantal...". "Pero, para entrar en la iglesia o asistir a una procesión o un acto religioso, como el Rosario de Cristal –continúa–, hay que vestir de riguroso negro para el cuerpo y para la falda, en el caso de las mujeres, y lo único que nos admite colores, si luces un traje del siglo XVIII, es llevar la manteleta o pañuelo de talle, que siempre es en crudo. Y, por supuesto, es obligatorio llevar la mantilla aragonesa nuestra de media luna. Hay que tener en cuenta que, antiguamente, si no ibas de negro y con manga larga, no podías entrar en una iglesia. Así que, maga larga y mantilla".

Los trajes burgueses

Miguel Ángel Lahoz explica que "cuando hablamos de indumentaria tradicional, nos referimos a la copia de los trajes burgueses de dos épocas: el siglo XVIII, que, en el caso de la indumentaria popular nos lleva, casi, casi, hasta mitad del siglo XIX; y del siglo XIX hasta principios del XX".

"Con los Borbones, en el XVIII, nos llega la moda afrancesada, colorida y barroca de justillos y jubones, con varas de madera –que en la zona de Zaragoza hacíamos con olivo– para armar los cuerpos, puesto que las gentes del pueblo no tenían dinero para gastar en corsetería; solo los ricos llevaban sus corsés interiores, que, por supuesto, nunca se veían. Pero el pueblo los imita, envarando las piezas exteriores", aclara el investigador. "A mitad del siglo XIX –continúa–, aparecen los mantones de Manila, con su rico colorido, por lo que las piezas del traje ya no tienen que ser tan llamativas –estampados con dibujos muy pequeños y tonos oscuros–; se le da más importancia al mantón y se cierran los escotes; para los hombres, aparecen las blusas y los calzoncillos –los zaragüelles blancos–, que en el XVIII no se usaban todavía".

Aunque, en su opinión, el interés por el rigor histórico en los trajes no se ha perdido, en estos momentos, existe "bastante confusión" y se mezclan prendas de las dos épocas, "como por ejemplo, un traje con un estampado del XVIII con un mantón de Manila, cuando aún no se conocían". Lamentablemente, "vamos un poquito al ‘me apetece’, y a la indumentaria tradicional hay que tenerle respeto". No todo vale, porque, si no, acabaremos luciendo un auténtico disfraz».

Todo un referente
Miguel Ángel Lahoz, que se jubila en octubre, después del Pilar, en su taller de El Bancal (Zaragoza), confeccionando un traje
1

Miguel Ángel Lahoz, que se jubila en octubre, después del Pilar, en su taller de El Bancal (Zaragoza), confeccionando un traje.

De riguroso negro
A los actos religiosos hay que acudir de riguroso negro, con mantilla o bancal. Solo se admite la manteleta en color crudo.
2

A los actos religiosos, como el Rosario de Cristal, hay que acudir vestidos de riguroso negro, con mantilla o bancal. Solo se admite la manteleta en color crudo.

Ricos y vistosos estampados
En los trajes del s. XVIII, las manteletas hay que llevarlas bien colocadas, son pañuelos de talle que rodean el escote del traje.
3

En los trajes del s. XVIII, de las mujeres, muy coloridos y barrocos, las manteletas hay que llevarlas siempre bien colocadas, ya que son pañuelos de talle que rodean el escote del traje.

El mantón de Manila
El mantón de Manila, ha de ir muy cerrado, al cuello. En el s. XIX, se acabaron los escotes. No hay que llevarlo sobre los hombros.
4

El mantón de Manila, ha de ir muy cerrado, al cuello. En el siglo XIX, se acabaron los escotes. No hay que llevarlo nunca sobre los hombros.

Ojo con la faja
La faja hay que enrollarla encima del chaleco, que debe ir abrochado. Y no al contrario:la faja por dentro del chaleco y abierto.
5

La faja, en el traje de los hombres, hay que enrollarla encima del chaleco, que debe ir abrochado. Y no al contrario: la faja por dentro del chaleco y abierto.

El chaleco, cruzado
En el XIX aparecen los chalecos con cuello de esmoquin. La abotonadura siempre debe ir cruzada. Y la chupa, siempre corta.
6

En el siglo XIX aparecen los chalecos con cuello de esmoquin. La abotonadura de estas prendas siempre debe ir cruzada. Y la chupa, siempre corta.       

Isabel Gracia

La zaragozana Isabel Gracia, en la última prueba, en el taller de Indumenta.
La zaragozana Isabel Gracia, en la última prueba, en el taller de Indumenta.
Oliver Duch

Isabel Gracia encargó su nuevo traje a medida en febrero de 2020, justo un mes antes del confinamiento. "Todo quedó paralizado, claro. Pero, este año, aún con todo, decidí hacérmelo", comenta esta zaragozana de 67 años, que no ha faltado ningún año a la Ofrenda de Flores, desde que, de joven, le hiciera una promesa a la Virgen del Pilar.

"Es una pena, pero no sé si este año me atreveré a estrenarlo"

Aunque, por prudencia –"no sea cosa que nos contagiemos"–, ella y su familia han acordado no participar este año en la Ofrenda, tiene en mente comprar los pendientes, el colgante y la aguja para completar un traje que sueña con dejarle, como legado, a su nieta. "Es una pena –dice– porque lo vivo con verdadera ilusión y devoción, pero no sé si me atreveré a ponérmelo, aunque solo sea para estrenarlo". "A ver si Dios quiere y, el año que viene, podemos salir todos juntos y sin mascarilla".

Francisco Javier Peralta

Asier, con sus padres, en Indumentaria San Jorge, donde le han hecho el traje
Asier, con sus padres, en Indumentaria San Jorge, donde le han hecho el traje
Oliver Duch | oliver

Como buen zaragozano, a sus 18 meses, Asier Peralta Gracia está a punto de estrenar su primer traje, como dice su padre, Francisco Javier, "de baturro". "A mis padres, les hacía muchísima ilusión regalárselo. Mi madre siempre me vestía de pequeño, ¡yo he bailado jotas y todo!", exclama el padre de Asier. 

"A sus abuelos les hacía muchísima ilusión regalarle su primer traje"

"Le hemos comprado una camisa blanca, una chaquetica roja y un pantalón negro, con sus alpargatas, su cachirulo y su faja", detalla Estefanía Gracia, la orgullosa madre. "Este año, solo lo vamos a vestir a él, además de por la enorme ilusión que les hace a sus abuelos, porque nos apetece mucho que el Día del Pilar lleve el traje tradicional de su tierra", añade el joven padre, que comenta que pasarán ese día en familia, todos juntos, «como manda la tradición".

Raquel Martínez

Raquel Martínez, se prueba una medalla, en Indumentaria San Jorge
Raquel Martínez, se prueba una medalla, en Indumentaria San Jorge
Oliver Duch

"Este año, tampoco ha podido ser, no hemos tenido suerte en el sorteo", se lamenta Raquel Martínez, una zaragozana de 53 años, que lleva más de 50 dejando su ofrenda ante La Virgen del Pilar. "Excepto el año pasado, que hicimos nuestra propia ‘ofrenda’ en casa, por la pandemia, no he faltado ni embarazada de mis hijos", afirma. 

"Este año, nos vestiremos todos los amigos, bajaremos hasta donde nos dejen y nos iremos juntos a desayunar"

La ilusión es tal que, tras apuntarse a un curso, lleva meses enteros confeccionando un traje ‘de diario’, para ella, y otro para uno de sus hijos que, a sus 24 años, ha decidido volver a retomar la tradición. "El Día del Pilar, nos juntaremos los 20 amigos que siempre salimos en la Ofrenda, y vestidos con nuestros trajes bajaremos prontico, como hacíamos siempre, hasta donde nos dejen pasar. Luego, nos iremos a tomar un buen desayuno, el vermú y lo que sea... Nos hace mucha ilusión", concluye.

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión