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Raquel Gallego, historiadora: "El viaje a Italia fue clave para modelar el pensamiento de Goya"

La historiadora de arte ultima los preparativos de la gran exposición que se inaugurará en diciembre sobre el pintor.

La historiadora de arte Raquel Gallego, en Florencia, la ciudad donde vive e investiga
La historiadora de arte Raquel Gallego, en Florencia, la ciudad donde vive e investiga
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Faltan menos de tres meses para la gran exposición del aniversario goyesco: ‘Goya, artista en el Grand Tour’, que se inaugurará en diciembre en el Museo de Zaragoza y podrá visitarse hasta finales de marzo de 2022. La muestra, impulsada desde el Gobierno de Aragón, aspira a ser el acto cultural más importante de la conmemoración. La historiadora del arte Raquel Gallego es su comisaria.

¿Qué va a contar la exposición?

Lo que supuso a Goya el viajar, el verse inmerso en un ambiente cultural y político rico y a la vez complejo, y de qué manera las experiencias del viaje tuvieron impacto en su obra posterior.

Goya partió entre mayo y junio de 1769, con 23 años, y regresó entre febrero y marzo de 1771. Casi dos años son bastante tiempo, y Roma era la capital del mundo en la época. Ese impacto sería grande.

El viaje a Italia fue una experiencia muy fuerte para Goya, sin duda. Era un artista joven, que viajaba para formarse, y llegaba a una ciudad rica y compleja. Hay que tener en cuenta que en Roma vio en directo obras de artistas italianos, franceses y nórdicos que se movían ya en la heterodoxia, que miraban al romanticismo, como Sergel o Füssli. Para mí, Italia fue clave para modelar el pensamiento de Goya.

¿En qué sentido?

El viaje no solo fue a Roma sino a varias ciudades italianas. Y en aquel momento en todas ellas convivían muchas cosas y muchas nacionalidades. Había numerosas academias y, a la vez, el espíritu romántico ya se hacía notar. Goya vivió allí entre lo oficial y lo real, tuvo que reflexionar sobre ambos mundos y eso le obligó a modelar su ‘forma mentis’, su manera de pensar, amplia y abierta. Sobre todo teniendo en cuenta que viajaba por sus propios medios, sin apoyo oficial.

Eso fue una dificultad añadida.

En mi opinión, no. Los artistas pensionados tenían también obligaciones que cumplir derivadas de la ayuda que recibían. Goya, al no serlo, se pudo mover con mucha más libertad. Y eso modeló esa ‘forma mentis’ de la que antes hablaba: una manera de pensar para vivir en un mundo complejo.

Goya no viajó pensionado, pero usted ha descubierto que tampoco lo hizo ‘a la aventura’. Tenía una importante agenda de contactos.

El ‘Cuaderno italiano’ nos ofrece mucha información valiosa sobre el viaje. Hay listados de ciudades por las que pasó: Tolón, Marsella, Génova, Civitavecchia... y ciudades a la que se desplazó, como Bolonia, Parma, Venecia e incluso algunas bastante pequeñas, como Macerata. En sus páginas también Goya anotó direcciones y nombres propios de personas con las que se vio. Y no eran anónimas, sino que tenían cierto estatus social. Goya tenía contactos vinculados a la Corona española, como Luis Martínez de Beltrán, en Génova, que era director de la Banca del Giro Real. También conocía a personas de las postas de Roma. Todo eso hace suponer que el pintor tuvo algún apoyo importante en España antes de emprender ese viaje.

Y ese mecenas o asesor en la sombra fue...

Quizá Francisco Bayeu, que entonces era pintor de cámara y tenía contactos.

Hablaba antes del impacto que supuso Italia para Goya. También ha estudiado al oscense Vicente Carderera. ¿Supuso lo mismo para él?

Ambos viajes tienen poco que ver. Cuando Carderera llegó a Italia, Roma ya había empezado a perder mucha de la fuerza que tenía en el momento en que lo hizo Goya. Además, el de Fuendetodos es un artista que iba allí a formarse, y con interés por las academias, mientras que Carderera tenía una forma de ver el arte mucho más ligada al mundo anticuario.

Sobre la famosa participación del pintor en el concurso convocado por la Academia de Parma aún existe la idea, quizá un tanto difusa, de que merecía el premio pero los académicos quisieron dárselo a un artista local.

Es una afirmación difícil de probar. Al certamen se presentaron cuatro cuadros y no conocemos dos, los de Gesualdo di Giacomo y Pierre du Hallas. El concurso lo ganó Paolo Borroni, que era alumno de la propia Academia de Parma y que el año anterior había ganado ya un premio de dibujo convocado por la misma institución. Lo cierto es que su cuadro y el de Goya eran muy diferentes, el del aragonés estaba bastante más anclado a la tradición barroca, y los académicos prefirieron el otro. En cualquier caso, concedieron una mención honorífica al pintor de Fuendetodos, lo cual era bastante raro en este tipo de concursos, y ello dio visibilidad a Goya. Se llegó a publicar la noticia en el ‘Mercure de France’. Fue muy importante para él.

En el marco de la Exposición internacional de 2008, el Museo de Zaragoza celebró una gran exposición sobre la estancia de Goya en Italia. En este aniversario de 2021 el tema elegido para la exposición principal es el mismo. ¿En qué se van a parecer y diferenciar ambas muestras?

Van a ser distintas. Yo colaboré en la de 2008 y por eso puedo decir que la que se inaugurará en el próximo mes de diciembre será diferente. Han pasado ya trece años y la visión que tenemos ahora del viaje a Italia es bastante más definida; hay aspectos de los que se daba entonces una visión general y que ahora conocemos con bastante más precisión.

Goya.
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Raquel Gállego, una trayectoria vinculada al estudio del pintor de Fuendetodos

Raquel Gallego García (León, 1973), estudió Historia del Arte en la universidad de su ciudad natal, donde se licenció con premio extraordinario. Se doctoró en la Complutense de Madrid con una tesis sobre el arte en marfil: ‘La eboraria durante el reinado de Fernando I. La perspectiva de las artes suntuarias europeas’. Pero la figura y la obra de Goya ha ocupado buena parte de sus esfuerzos como investigadora. En 2008 colaboró con la exposición ‘Goya en Italia’, organizada por el Gobierno de Aragón y la Fundación Goya. Esta última le otorgó una beca para estudiar el viaje del pintor de Fuendetodos a Italia, labor en la que ido profundizando, sin abandonar otros temas e intereses. En diciembre de 2020 publicó el libro ‘La experiencia del Grand Tour. El viaje de Goya a Italia’, un estudio en el que desentraña las claves de la estancia del pintor aragonés en el país transalpino. Su trabajo es la base de la exposición.

Entonces ya se conocía el ‘Cuaderno italiano’.

Sí, pero cuando uno trabaja en él descubre que, al responder a alguna de las preguntas que había suscitado, en esa respuesta surgen ya nuevos interrogantes. Quedan todavía algunas páginas por interpretar, aún se puede trabajar mucho sobre él y descubrir cosas sobre algunos de los nombres propios que se mencionan en sus páginas.

En los últimos años Goya ha sido objeto de numerosas atribuciones y descatalogaciones. La exposición zaragozana, ¿presentará ‘nuevos’ goyas?

No habrá nuevas atribuciones, no es el objetivo que se buscaba.

Pero vendrán goyas.

Unos cuantos. La exposición está formada por cerca de 80 piezas, entre pinturas y esculturas.

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