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En busca del sitio ideal para rodar cine histórico en Aragón

Luis Fatás, Mirella Abrisqueta y Javier Jiménez reflexionaron sobre su trabajo y las localizaciones, la verdad y lo verosímil en el festival Saraqusta

Rodaje del capítulo dedicado a Agustina de Aragón de 'Heroínas con maña'.
Rodaje del capítulo dedicado a Agustina de Aragón de 'Heroínas con maña'.
Oliver Duch.

Ya en los años 80, Félix Zapatero se dio cuenta de que Aragón, por su vasta y cambiante naturaleza, era un perfecto plató de cine que podía acogerlo todo: películas históricas, del oeste, poéticas, ‘road movies’, de batallas y, por supuesto, comedias y dramas y hasta películas de terror. El ‘Aragón rodado’, por decirlo al modo de Vicky Calavia y Luis Alegre, que le dedicaron una serie documental en Aragón TV, es variado, sorprendente y hasta inverosímil: José Antonio Duce, por poner un ejemplo, fue capaz de convertir a Zaragoza en una ciudad nórdica con metro y puerto de mar en ‘Culpable para un delito’.

Los realizadores y productores Mirella R. Abrisqueta y Javier Jiménez, y Luis Fatás, facultativo superior de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón y arqueólogo, abordaron en el Film Saraqusta Festival, en el Teatro Romano, el tema de las localizaciones de cine histórico, sobre todo.

Mirella Abrisqueta, que estrenaba ayer su miniserie Heroínas con maña’, tres episodios de 27 minutos para la red y las aulas, recordó que ha empleado lugares de Zaragoza vinculados a sus heroínas de la Guerra de la Independencia, y que ha seguido un método muy diferente a cuando rodó ‘Andresa Casamayor. La mujer que soñaba con los números’, en la que invirtió mucho en dinero en hacer verosímil el proyecto, empezando por un exigente vestuario, que alquiló por 3.000 euros. Durante el proceso de investigación descubrió que en la calle Dr. Palomar había estado la casa de la mujer de la que apenas se sabía nada, y que se conservaban rastros de balazos.

Javier Jiménez, autor de ‘Alma mater museum’ y ‘La roca en el mar’, explicó que le encanta el trabajo de mesa, construir la película en el ordenador, dibujarla plano a plano, diálogo a diálogo, y luego ir a rodarla, y a veces enriquecerla con la aportación de los gremios de los oficios del cine o de los actores. En las localizaciones, convinieron Mirella y Javier, a veces interviene el azar de manera maravillosa y suma al proyecto.

“El sitio ideal a veces no es el idóneo. Hacer una película de época no es fácil. Intervienen muchos factores: el presupuesto, el movimiento de actores y de técnicos, y conceptos como la verdad y la verosimilitud, algo que es clave. E interviene un montón de gente, y uno es un director de cine y no lo sabe todo. Tienes que oír al director de fotografía y al director de arte, por poner un ejemplo.  Es muy importante el código de la película o de la serie, que sea amena, que llegue al espectador y que traicione la realidad, y esas cosas se dilucidan. Eso es algo que te piden las televisiones y los productores. Solucionar todo eso no es nada fácil”, decía Javier Jiménez, que recordó que rodó ‘La roca en el mar’, un documental de 45 minutos, en Peñíscola y el monasterio de Rueda.

“Es un documental sobre la Corona de Aragón y sobre la obsesión de Aragón de abrirse al mar. Salen Cataluña, Valencia, Mallorca, Aragón. Y es curioso: ninguno de los historiadores coinciden en sus versiones sobre la historia. En cierto modo, las tomas aéreas parecen ir buscando el mar. Y elegimos Rueda porque se ajustaba muy bien, se podían hacer muchos planos y eso abarata costes”. Recordó que esa pieza, que incluye mucha puesta en escena y la presencia de historiadores conocidos de cada Comunidad Autónoma (el representante de Aragón es Guillermo Fatás), tuvo un presupuesto de 200.000 euros, "alto para lo que suele manejar en Aragón y escaso en relación a otros proyectos".

El mar, en cierto modo, también es el tema del nuevo proyecto de Mirella Abrisqueta, responsable de ‘En ruta con la ciencia’ y antes codirectora, con José Ángel Delgado, de ‘Bobinas’ en Aragón Televisión. Ya está embarcada en la producción de un documental sobre Odón de Buen -“tengo el autor pero aún no he hablado con él”, dijo, entre risas-, el fundador de la Oceanografía en España, que era de Zuera. “Lo empezaré al revés, desde sus últimos días hacia el principio y tenemos mucha ilusión. Tengo su diario como libro de cabecera. Él también encarna y materializa el sueño del mar de Aragón”. Javier Jiménez, por cierto, dijo que le gustaría hacer una película sobre ansotanas y evocó algunos retratos de Ricardo Compairé.

Luis Fatás recordó que la elección de un espacio depende de dos factores: el gancho y la Administración. El gancho de los lugares, de los paisajes, del patrimonio, y luego la relación con la Administración, que cada vez es más respetuosa con las condiciones naturales de cada paisaje y más exigente con los equipos. Habló de Loarre (desmintió esa idea que a la productora de ‘Las cruzadas’ le habían pedido muchísimo dinero) y Belchite, como dos de los lugares más solicitados, y en algunos rodajes hay supervisión de expertos o de arquitectos, un control efectivo. Dijo que uno de los lugares más demandados era Ordesa.

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