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Luis Tosar entra en la cabeza de un etarra en la nueva película de Icíar Bollaín

Su papel eclipsa al de 'Maixabel' en la emocionante cinta presentada en el festival de San Sebastián, que se atreve a humanizar a un asesino y a hurgar en heridas abiertas.

Icíar Bollaín y Luis Tosar en la presentación de 'Maixabel'.
Icíar Bollaín y Luis Tosar en la presentación de 'Maixabel'.
Juan Herrero/EFE

'Maixabel' advierte en un rótulo inicial que la historia que vamos a ver "está inspirada en hechos reales, aunque algunos elementos han sido ficcionados". Icíar Bollaín introduce en un par de momentos imágenes extraídas de los noticiarios, como la capilla de Juan Mari Jáuregui, presidida por el cartel del Partido Socialista de Euskadi y Euskadiko Ezkerra, y la lectura del comunicado el 20 de octubre de 2011, en el que tres encapuchados anunciaban que ETA dejaba las armas. La propia Maixabel Lasa aparece en las escenas finales, rompiendo en cierta manera la representación de una ficción que, especialmente en el País Vasco, ningún espectador puede ver sin olvidarse que esta película no es documental, pero todo lo que cuenta es verdad.

'Maixabel', que llegará a los cines este 24 de septiembre sin esperar al palmarés de San Sebastián, hurga en heridas que todavía siguen abiertas. El décimo largometraje de Icíar Bollaín remueve, duele, incomoda. Obliga a recordar y a indignarse. Consigue que nos replanteemos sentimientos y prejuicios. Pese a no hacer concesiones al sentimentalismo (apenas suena la partitura de Alberto Iglesias), atesora un emocionante final que no dejará un ojo seco en su pase con público en el festival. Cuenta con dos actores eminentes, Blanca Portillo y Luis Tosar, y un secundario, Urko Olazabal como el arrepentido Luis Carrasco, que roba todas sus escenas. Contiene brillantísimos momentos de buen cine, como ese recorrido en coche del etarra Ibon Etxezarreta (Tosar) muchos años después por los escenarios de los crímenes del comando al que perteneció: la empresa de José María Korta, las instalaciones de 'El Diario Vasco', del que era director financiero Santi Oleaga. Toda la película camina hacia una mirada: la de María Jáuregui al asesino de su aita.

Aquel instante el 29 de julio de 2000 en Tolosa se resuelve rápido en la pantalla. Un disparo en la nuca y una llamada de teléfono que cambia la vida para siempre. Maixabel Lasa sale a la calle tan sola como la Bittori de 'Patria'. Los años pasan rápido. El Ibon Etxezarreta que golpea la mampara en el juicio en la Audiencia Nacional en 2004 y grita que no reconoce al tribunal no es el mismo que en 2010 es trasladado a la cárcel de Nanclares de Oca para asistir al funeral de su abuelo.

Gestores del dolor

Vuelve a ver el verde de Euskadi y entra en contacto con presos de ETA que han sido expulsados de la banda por su renuncia a la violencia. Dos son los retos de Bollaín: humanizar a un asesino y entender qué llevó a Maixabel Lasa a querer hablar con los que le arrebataron a su compañero desde los 16 años: "Quiero decirles a la cara todo lo que me han hecho", expresa en el filme. "Ellos me convirtieron en algo que yo no elegí. Y estoy ligada a esas personas hasta la muerte".

En ese sentido, 'Maixabel' podía titularse 'Ibon', pues tal es la fuerza del personaje y el poderío de la interpretación de Tosar, que por momentos eclipsa a la supuesta protagonista. Nunca antes el cine se había metido de esta manera en la cabeza de un etarra. Un terrorista que cuando vuelve a su cuarto de adolescente entiende que ha tirado su vida por la borda. Un idealista que despierta cuando asume que obedecía a unos mediocres y que es recibido con pintadas de "traidor" en su pueblo. Un hombre derrotado que, al igual que le sucede a la mujer que dejó viuda, solo siente la incomprensión de los suyos.

"Prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre", le espeta Maixabel Lasa en su primer encuentro. "Y yo prefiero ser Juan Mari que su asesino", le contesta el criminal que contribuyó a engrosar la lista de 857 asesinados por la banda terrorista. Es mérito del gigantesco Tosar y del guion de Icíar Bollaín e Isa Campo lograr que, cuando acaba la película, siga pareciéndonos abominable lo que hizo Etxezarreta, aunque ahora comprendamos mejor que victimario y víctima se reúnan. Para entender. Para sanar.

El tercer personaje de 'Maixabel' aunque no salga en la pantalla, es, claro está, Juan Mari Jáuregui, luchador antifranquista y defensor del diálogo y la democracia, como recordaba el año pasado su hija María a Santiago Abascal. Un político de raza que, como apunta su mujer en el filme, testificó contra el general Galindo en el juicio por la muerte de Lasa y Zabala. Un buen hombre que hubiera aprobado la labor de los mediadores que la autora de 'Te doy mis ojos' muestra de manera didáctica, gestores del dolor en una tierra sacudida por la violencia durante décadas y donde todos estamos obligados a convivir.

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