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el artista, en heraldo de aragón

El genio inmarcesible, Goya siempre

Fin de un itinerario por la presencia del genio de Fuendetodos en las páginas de este diario.

El calendario de HERALDO de este año reproduce un autorretrato goyesco.
El calendario de HERALDO de este año reproduce un autorretrato goyesco.
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Goya no ha estado presente en las páginas de HERALDO solamente en los aniversarios, en las páginas especiales de los 'extras' del Pilar o del suplemento 'Artes y Letras'. Goya, con su permanente actualidad, con sus frecuentes exposiciones, con su bibliografía creciente, es noticia y comentario siempre.

En julio de 1971, bajo las siglas X. Y. Z. (pertenecientes a quien esto escribe), en la sección ‘Nuestro amigo el arte’, aparecían tres entregas sobre ‘Los goyas de San Fernando de Torrero’, derivadas del reportaje sobre esta iglesia zaragozana, trabajo en el que alertamos sobre el lamentable estado de abandono en que se encontraba dicho templo. Un grito de alarma que tuvo una inminente respuesta de las autoridades militares, responsables del edificio, que culminó con la restauración del mismo.

De agosto del 72 son dos reportajes sobre los goyas del entonces Museo Provincial de Bellas Artes y sobre una insólita propuesta, que no se llegaría a realizar, aunque había sido planeada con toda decisión: el traslado de los goyas de Aula Dei a un museo de Zaragoza. Del primero es curioso destacar que en la entonces Sala Goya del Museo de Zaragoza se encontraban los retratos de Félix de Azara y de don José Cistué, ambos hoy propiedad de lbercaja y ausentes de dicho lugar. Del segundo, que trataba de un proyecto de Antonio Beltrán, entonces director del Museo, y autor de un libro sobre Goya en Zaragoza. De Beltrán es también el artículo ‘Goya, Zaragoza y el Pilar’ (17-10-1975).

Con 1978 entrábamos en el año del 150 aniversario de la muerte de Goya. Pero ya el 12 de enero, nuestro alter ego Braulio se enfrentaba al acontecimiento con un Goya como estímulo (dentro de la sección ‘Esquinas de la ciudad’), donde nada menos que proponía para la celebración: la creación de una casa-museo de Goya donde pudieran mostrarse, junto a las obras del autor, recuerdos de su vida y de su obra, y toda esa serie de documentos museables... (y la creación, bajo su nombre, de un museo de arte moderno). Como se ve, seguimos en las mismas. Pasada la fecha del aniversario (16 de abril), Braulio hacía un pequeño balance de actividades en su ‘Goya entre nosotros’. De ese mismo año son dos interesantes artículos de Dionisio Cueva sobre Goya y Calasanz (20-8) y ‘Goya y su última comunión de San José de Calasanz’ (26-11).

En marzo de 1980 Enrique Lafuente Ferrari vino a Zaragoza a hablarnos de los dibujos de Goya, que, según nos dijo, "son la parte más íntima, más personal de su obra". "Necesitamos sus dibujos –declaraba el profesor– para conocer el verdadero Goya, el Goya íntegro, el Goya íntimo". De marzo del 84 es un artículo de José Luis Gracia Mosteo sobre Goya, la música y la literatura, ‘Goya, en el espejo de la poesía’.

Atribuciones y apariciones

Más espectaculares fueron las declaraciones del profesor Rogelio Buendía, llegado a Zaragoza con motivo de un ciclo de conferencias organizado por el Museo Camón, a propósito de la exposición 'El niño y la pintura en torno a Goya', en diciembre del 84. Afirmó que las pechinas de la iglesia de San Juan de Calatayud eran de Goya. Era una primicia, pues el estudio se publicaría más tarde en la revista 'Archivo del Arte Español', en colaboración con Arnáiz, quien también escribiría sobre el acontecimiento en ‘Artes y Letras’. Las pechinas de Calatayud serían restauradas por Barboza-Grasa.

En noviembre del 85, Alfonso Pérez Sánchez, entonces director del Prado, nos anunciaba que el palacio de Villahermosa de Madrid podría convertirse en museo Goya. Era, al menos, su idea, que se desbarató por la no prevista creación del Thyssen, que tantos enfados le costó. En agosto del 86, César Pérez Gracia escribía sobre los goyas de Valencia.

Noviembre del 86 supuso un momento de alto voltaje goyesco con la inauguración en el Museo Camón Aznar de una exposición sobre el Goya joven, por sus atrevidas propuestas en un buen número de nuevas atribuciones. La dirección de Rogelio Buendía, catedrático de Historia del Arte de la Autónoma de Madrid, se notaba en esta muestra, en la que aparecían cuadros con ‘mano de Goya’ hasta ahora desconocidos. Su simple estancia en nuestra ciudad propició incluso la ‘aparición’ de diversos goyas, en el templo del Pilar y en la iglesia de San Felipe. La fiebre de nuevos goyas llegaba a unos momentos culminantes, de tan espectaculares efectos como las propias declaraciones del profesor Buendía (‘Opiniones contundentes’, 22-11): allí, por ejemplo, negaba que las pechinas de Remolinos fueran de Goya o se refería a las relaciones íntimas de Goya con Zapater, a las que niega carácter sexual, salvo en una ocasión en su época de colegiales, tal como «se demuestra en una carta».

El profesor José Milicua, participante en un ciclo de conferencias sobre el Goya joven, se mostraría más remiso ante los nuevos goyas, pero establecería una regla de oro ante la cuestión: "Un buen crítico se puede equivocar en la atribución, pero no en la calidad" (29-11). Julián Gállego, por su parte, señalaba respecto de la exposición que era "sugestiva, llena de hipótesis", y solo añadía que "estamos en un campo de gran interés, el del Goya joven, que conocemos mal, pero sobre el que hay que esperar, con calma y tiento, poco a poco, a llegar a saber más" (5-12). Discreto y sabio don Julián.

En mayo del 87, José Luis Castillo Puche, que vino a hablar de Hemingway, destacó la influencia goyesca en la obra del norteamericano, que lo tuvo como maestro supremo. "Era su modelo, su aspiración y ese ideal impulsó decididamente la escritura de Hemingway hacia una visión de lo profundo y lo esencial".

El 26 de noviembre del 88, Juan Domínguez Lasierra y Ricardo Centellas escriben sobre los goyas perdidos por Aragón ('El otro exilio de Goya'), e insisten en el tema con 'Goya, otros exilios' (4-12). Sobre la posibilidad de la venta del autorretrato de la colección de la marquesa de Zurgena se escribirá en diciembre del 88 y en febrero del 89. Abril y mayo del 89 mantendrán el interés sobre la exposición de Goya en Venecia, propiciada por el Ayuntamiento cesaraugustano. Informaciones de Luis Muñoz Lacasta, y un comentario crítico de Domínguez Lasierra ('Goya nos salva'), sobre algunas improvisaciones detectadas en la organización, culminarán con esta muestra que inauguraría en la ciudad de los canales el entonces ministro de Cultura Jorge Semprún. Desde allí escribí que "La ciudad de Venecia se rindió a Goya".

Valor universal

El 23 de abril del 91 el Gobierno aragonés celebraba el Día de Aragón con la compra de un Goya, 'Retrato de señora con mantilla', que ocupa desde entonces la sala del pintor en el Museo de Zaragoza. A propósito de esta adquisición, Luis J. García Bandrés hacía algunas apreciaciones críticas e insistía en la idea de crear un centro dedicado a Goya, ofreciendo una relación de los goyas de Aragón (28-4). En 2007 (28-4), el crítico de arte Jaime Esaín documenta que esta mujer con mantilla es Leocadia Zorrilla, ama de llaves del pintor, madre de Rosario Weiss. De ahí saldría su libro 'Rosario Weiss, la ahijada de Goya'.

En junio del 92 se inauguraba en la Lonja una gran exposición de obras de Goya, dirigida por Julián Gállego, donde podíamos contemplar a la exquisita condesa de Chinchón. Cincuenta y dos obras componían la exposición que se completaba con otras muestras, de dibujos y grabados, en el palacio de Argillo y el Torreón Portea. 'Goya, nuestro valor universal' titulaba el editorial del periódico.

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