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LITERATURA FANTÁSTICA. OCIO Y CULTURA

Patricia Esteban: "El mal encuentra siempre un traje a medida"

Publica 'Ni aquí ni en otro lugar', con ilustraciones de Alejandra Acosta, y rinde homenaje a los cuentos de hadas, a la imaginación libre

Patricia Esteban Erlés, aficionada al mal y a la oscuridad, con su libro.
Patricia Esteban Erlés, aficionada al mal y a la oscuridad, con su libro.
Guillermo Mestre.

¿Cuál ha sido la presencia de los cuentos de hadas en su formación de escritora? Publica en Páginas de Espuma 'Ni aquí ni en ningún otro lugar'.

Ha sido una presencia en estado latente, pero fundamental, sin duda, porque fueron las primeras narraciones que disfruté de niña y nunca se marcharon del todo. En mis microcuentos siempre he jugado con el mundo al revés" como  disparador creativo, dando la vuelta a cuentos tradicionales, convirtiendo en fea durmiente a la bella o a Caperucita en una niña feroz. Hay mucho de los cuentos de hadas en mi novela 'Las madres negras', por ejemplo, porque se trata de un universo literario infinito, que brinda personajes y motivos, así como  también la certeza de que la fantasía no tiene límites y puedes contar lo que desees, incluso que la muerte no es verdad o que una reina malvada puede confundir un corazón de ciervo con el de Blancanieves y quedarse tan tranquila, pensando que se ha vengado ya de su archienemiga. 

 En los cuentos de hadas, además del clima fantástico, de la presencia de lo maravilloso, había otros elementos: odio, intriga, muerte, perversidad, desmesura, terror. ¿Podríamos decir que eso es lo que más le ha interesado que hubiera en el libro? 

Me ha interesado mucho, y me ha intrigado también, que los cuentos de hadas no ocultaran las verdades más oscuras de la vida a los niños. Algunos cuentos de Andersen son de una crueldad maravillosa, por su sinceridad hiperbólica, porque no esconden bajo la alfombra las miserias de los fuertes y la soledad o la indefensión de los más frágiles, sino que lo muestran a todo color, con todo detalle. Creo que esa forma de abordar la realidad, creando una ficción asombrosa, llena de magia, con una belleza sin límite, pero sin perder de vista lo peor que somos es maravillosa. Y muy honesta. 

"Algunos cuentos de Andersen son de una crueldad maravillosa, por su sinceridad hiperbólica, porque no esconden bajo la alfombra las miserias de los fuertes y la soledad o la indefensión de los más frágiles, sino que lo muestran a todo color, con todo detalle"

¿De cuántas maneras puede travestirse el mal? ¿Cómo lo defines usted? 

El mal encuentra siempre un traje a medida, en cada época le sale un sastre capaz  de hacérselo. Eso es fascinante, cómo cada tiempo, cada lugar, desarrolla a su manera el concepto de aquello que se supone deberíamos mantenernos alejados . Yo lo definiría como una patología congénita e incurable, para la que no se encuentra  remedio porque muta y se adapta con pasmosa facilidad a todas las situaciones. El mal es una pulsión que nos tienta, que a veces controlamos por miedo, por reparos morales o porque la conciencia de que estamos a punto de cruzar una puerta peligrosa nos impide ceder. Pero siempre supone una tentación, una posibilidad que nos atrae. Está en nosotros, solo que a veces preferimos ser solo portadores asintomáticos.  

¿Por qué siente no sé si una llamada o una atracción constante hacia ese lugar tan oscuro? 

Porque la luz está sobrevalorada y es una parte de la realidad, tan solo una mitad de quienes somos, de aquello que nos encontramos en el camino. Percibo lo sombrío como un elemento que nos sale al paso y que en literatura resulta muy atractivo, foco de conflicto, generador de grandes criaturas, los personajes que más me interesan nunca son radiantes o completamente bondadosos o infalibles, ni como lectora ni como autora.  

"La luz está sobrevalorada y es una parte de la realidad, tan solo una mitad de quienes somos, de aquello que nos encontramos en el camino"

 Cuando empezó a escribir este libro, ¿qué tenía idea en la cabeza: una indagación, un ejercicio de estilo, una aventura? 

Patricia se inspira en Angela Carter y ha hallado complicidad en Páginas de Espuma.
Patricia se inspira en Angela Carter y ha hallado complicidad en Páginas de Espuma y la artista chilena Alejandra Acosta, que ya había colaborado en Aragón con Jekyll & Jill..
Alejandra Acosta.

Fueron surgiendo historias de forma aislada al principio. Leí uno de los cuentos de hadas antologados por Angela Carter en un estupendo volumen de Impedimenta y encontré el título, que era el comienzo de ese relato. Empezaba así, 'Ni aquí ni en ningún otro lugar...'. Me pareció formidable, porque era la negación misma de la ficción, el relato que no podía pasar en ningún lugar y sin embargo pasaba. Pensé que sería un gran título para un libro.  Me planteé entonces jugar  con historias tradicionales, como hizo la propia  Carter en “La cámara sangrienta”. En sus hipnóticas  versiones de 'Barbazul' o 'Caperucita', ella  se vengó de la violencia simbólica que se ejerce sobre la mujer en cuentos populares que aprendemos desde niñas.  Las protagonistas suelen ser figuras inertes, pasivas, sometidas a un destino amoroso, rescatadas siempre por el príncipe de turno. Carter decidió  borrar y reescribir, cambiar las rígidas reglas que imperan en el mundo de las hadas. La subversión de papeles, el humor, el preciosismo formal,  ese viraje endiablado en el desenlace, son las armas con las que la autora inglesa reconquistó el cuento tradicional.  Me encantó jugar a ese mismo juego pero se me fue yendo de las manos cuando además de la reescritura me apeteció llevar a cabo actualizaciones, preguntarme  por ejemplo quién encarnaría en nuestra época la figura del ogro o la madrastra perversa. Y también decidí escribir, en una tercera línea, cuentos en los que se indaga sobre conceptos como el narrador, que es de quien debemos fiarnos porque nos cuenta la historia, es nuestro informante, pero también alguien de quien deberíamos recelar porque en realidad solo nos ofrece lo que ve o quiere ver desde donde él está situado. Ese es un tema que me interesa mucho, porque con frecuencia nos entregamos ciegamente a cualquier narración sin ponerla en duda. Si es lo suficientemente cautivadora se impone como verdad, incluso en el relato de la Historia, con mayúsculas. Deberíamos sospechar que cualquier cronista es, al fin y al cabo, un narrador interesado.  

Uno de los cuentos más turbadores es la muerte de ese niño aún no nacido… ¿Cómo se le ocurren cosas así? Al diablo le interesaban mucho: parecía un visionario del bien que le podía perturbar. 

Ese cuento es una versión de mi cuento favorito de Andersen, que junto con Carter es uno de los puntos de referencia de todo el libro. 'Historia de una madre' es un relato de una belleza trágica que siempre me conmueve, porque habla del amor que lleva a una madre a  perderlo todo porque igualmente sin ese niño se sentiría muerta en vida. Me imaginé una madre un poco Amy Winehouse, una ex drogadicta que ya ha estado en el infierno y no teme volver a por su bebé, porque con toda la lógica que rige a veces el dolor se niega a creer que alguien que no ha nacido pueda haber muerto. Seguí el esquema de Andersen y la hice vagar de averno en averno, intentando encontrar a ese niño amado por los mismos lugares donde antes  buscaba su dosis de droga. 

¿Tuviste alguna vez la sensación de que te regalaban un monstruo? ¿Qué puede suceder cuando te obsequian con un monstruo? 

 Los monstruos de mi libro son criaturas amables, pero incomprendidas. Me hubiera gustado mucho que me regalaran uno como el que le toca en suerte a Alda para hacerle olvidar su sufrimiento. Ese cuento está basado en una anécdota que leí sobre Greta Garbo. Dicen que fue invitada a ver en una sesión privada 'La bella y la bestia' de Cocteau, antes del estreno. Cuando la bestia se convierte en ese príncipe descafeinado que ya no guarda ni rastro de  la ternura y la fragilidad del engendro que era hasta hacía solo cinco minutos, la Garbo se puso a vociferar, en medio de la oscuridad de la sala: "¿Dónde está mi monstruo? ¡Devolvedme a mi monstruo!". Greta Garbo me representa, yo, de todas todas,  también prefería al monstruo.   

Patricia Esteban Erlés revisa con libertad e imaginación los cuentos de hadas.
Patricia Esteban Erlés revisa con libertad e imaginación los cuentos de hadas.
Beatriz Pitarch.

Con todo, me ha parecido que es su libro más poético, más bellamente escrito. ¿Cuál es el lugar de la belleza literaria en medio de cierto inclinación al horror? 

Para mí la forma lo es todo. Creo que el lenguaje es una fuente de belleza y verdad inagotable, nuestro mejor aliado para escribir hasta lo más terrible. Intenté que el horror de lo narrado llegara  envuelto en un precioso vestido blanco, como los que lleva Alda para ocultar su enfermedad, que, sin embargo, sigue estando ahí, agazapada debajo de la seda.  

También me ha parecido que has desarrollado más que nunca la invención en diálogo con Andersen, los Grimm, la tradición popular y tantos y tantos otros. ¿Ha querido demostrar que la imaginación literaria es infinita y libre? 

Siempre he creído que la literatura es diálogo, una charla eterna con los que vinieron antes y los que nos seguirán. Una especie de fiesta eterna en la que conversamos con esos autores y autoras a los que no olvidamos y en ocasiones, esta es una de ellas, les rendimos homenaje por todo lo que nos dieron, por lo que nos enseñaron y nos hicieron disfrutar y sufrir simplemente con un collar de palabras bien elegidas. La literatura está ahí, para que cada uno se sirva la ración que desee, también para conservar elementos y cambiarlos a voluntad. Un juego, como dices, infinito y libre. Andersen y los Grimm, están, pero también la vuelta de tuerca que llevó a cabo Angela Carter e incluso muchos elementos de Juego de tronos, por ejemplo.   

"Siempre he creído que la literatura es diálogo, una charla eterna con los que vinieron antes y los que nos seguirán. Una especie de fiesta eterna en la que conversamos con esos autores y autoras a los que no olvidamos"

¿Cómo definiría tan bella y cuidada edición, que ya es en sí misma un libro clásico, ilustrado, intemporal, con ese trabajo de Alejandra Acosta? 

Como un sueño. Desde  el principio imaginé el libro como una experiencia lúdica, una especie de viaje al pasado del lector.  Soñaba con una cubierta decimonónica, lujosa, que nos dejara pensar que se trataba de un objeto mágico, antiguo y misterioso. Alejandra Acosta, magnífica ilustradora chilena, captó enseguida el concepto y diseñó la cubierta, con esa orla en la que se enredan motivos vegetales y algunos personajes clave del libro. Es autora también de las preciosas ilustraciones, que juegan con el grabado dieciochesco, el collage y dos gamas de verde. Nos planteamos enseguida que ese juego debía prolongarse en elementos como las guardas, la tipografía o las letras capitulares. Ha sido maravilloso ir eligiendo cada pieza, enamorarse de la versión de los cuentos que daba cada dibujo que nos enviaba Alejandra. Por eso escribimos también, para disfrutar de experiencias como este proceso creativo conjunto.  

De nuevo los microcuentos. ¿Qué hay en ellos para ti?  

Hay un desafío permanente, ellos pelean por el silencio y tú pretendes contarlos. Cuando escribo microcuentos siento que estoy caminando por una cuerda floja y que la armonía, la exactitud, son los únicos apoyos que me permiten llegar al otro lado, al final de la historia. Un microcuento debe decirlo todo en menos espacio que un relato breve o una novela. Es condensación, fulgor repentino. Ese duelo de equilibristas siempre me atrapa.   

¿Para qué público sería este libro? 

Me parece que para cualquier lector, porque creo que los relatos mantienen elementos atemporales, fácilmente reconocibles para cualquiera que haya disfrutado del cuento tradicional en la infancia, aunque aparezcan adaptados a una forma de narrar contemporánea que juega a indagar en los aspectos desconocidos de los personajes o a actualizar tramas. Siempre me pregunté qué pensaría la bruja de Hansel y Gretel cuando los vio por primera vez parados ante la puerta de turrón de su casa. O cómo se sintió la bella durmiente cuando despertó y no quedaba nadie del mundo en el que había nacido. Quizás haya más lectores a los que les pasó esto mismo, que se quedaron con ganas de más. Quizás a ellos les apetezca saber lo que me conté a mí misma para descifrar esos enigmas.   

¿Cómo se consigue seducir a un editor tan exigente como el zaragozano Juan Casamayor? ¿Qué cree que le da usted a él y qué le da él a usted? 

Creo que es el mutuo entusiasmo por la literatura, por ese reto que implica que  un buen día aparecerá un libro, un conjunto de historias, donde solo había  un humilde esbozo inicial. Juan Casamayor siempre cree en los proyectos de sus autores y los hace crecer poniendo todo de su parte, confiando y brindando alegría a raudales y  todas las facilidades del mundo para que sean justo eso que lo que los escritores y escritoras soñamos que serán. Ha sido un aliado imprescindible desde la misma tarde en que empecé a hablarle de lo que por entonces era solo una idea vaga y de  la intuición de que detrás de ese título, ‘Ni aquí ni en ningún otro lugar’, había un libro. Solo hacía falta escribirlo y convertirlo en cisne. Y con el tiempo y una caña  lo hemos conseguido: nos ha salido un cisne verde, pero cisne al fin y al cabo.

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