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Adiós a José Verón, el poeta que quiso mirar el paisaje

El Premio de las Letras Aragonesas de 2013 y medalla de las Cortes de 2006, tenía 75 años. Poeta popular y culto, discípulo de Gracián y de Marcial, firmó 30 libros de poesía, prosa e imagen.

José Verón en 2019, en su querida biblioteca de Calatayud, con su libro 'Satirologio'.
José Verón en 2019, en su querida biblioteca de Calatayud, con su libro 'Satirologio'.
Jesús Macipe

"La poesía es misterio, adivinación, conciencia, ejercicio de palabras... y muchas cosas más. Una forma de expresión de la realidad, una transformación de las percepciones y los sentimientos propios, incluso del dolor más íntimo, en belleza escrita y en misterio", decía el poeta, narrador y fotógrafo José Verón Gormaz (1946-2021), que fallecía este viernes a los 75 años en su ciudad, Calatayud, a la que cantó, contó y fotografió como nadie y de la que era su cronista oficial.

El autor de 'Ritual del visitante' llevaba años burlando la ominosa sombra del cáncer, venciéndole con versos y palabras, con imágenes y optimismo, pero un virus letal le afectó al cerebro y acabó con una vida intensa donde hubo de todo: a la pasión por la escritura y la lectura, a la dedicación a una fotografía llena de sutileza y lirismo, se sumaba su condición de atleta –que siempre le sirvió "para atrapar un instante único de luz en los collados o en los cerros de Bámbola", solía decir–, su condición de ingeniero y su pulsión de periodista en las páginas de HERALDO, que fue el diario de su vida.

Querido, elogiado y premiado

Padre de dos hijos, el periodista José y la diseñadora Aurora, José Verón fue un creador reconocido, leído y querido, que desplegó un mapa cultural a su alrededor. Se volcó en diversas direcciones: presentaciones de libros, ciclos literarios y de cine en la UNED, colaboración con el Centro de Estudios Bilbilitanos, que creó un premio de poesía con su nombre; fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y también de los premios de la Crítica; obtuvo más de un centenar de premios fotográficos en diversos lugares del mundo. Aquí, entre otros galardones, fue medalla de las Cortes de Aragón en 2006, recibió el Premio de las Letras Aragonesas de 2013 y fue objeto del Premio Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores.

Aunque estudió Ingeniería Agrícola y Administración y Planificación de Empresas, su gran vocación fueron las letras y la imagen. Le gustaba escribir a mano en los bares, en cuadernos, y la mayor parte de sus poemarios nacieron en algunos cafés de su ciudad. Allí también leía y era un paseante incansable que se reconocía en la poesía popular, en la obra de Marcial, al que le ha rendido homenaje en varios libros, entre ellos la novela 'Las puertas de Roma. Crónicas de Marco Valerio Marcial', y de poesía, como 'Satirologio' y sus colecciones de epigramas; se identificaba con la prosa de Baltasar Gracián, a quien leía con el mismo fervor que lo hacía con sus poetas favoritos: Quevedo, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Omar Jayam, pero también Antonio Gamoneda, Rosendo Tello, Ángel Guinda o José Ángel Valente. "La creación poética es en parte un enigma. Lo que me parece incuestionable es el trabajo, la elaboración del poema. La poesía es un oasis o una reserva de la naturaleza que pone a disposición de los lectores la otra realidad", decía. "¿Cuáles son mis temas? Mi primer libro publicado, 'Legajo incorde', comenzó con un soneto que se aproxima a la respuesta: "El tiempo me ha cercado, circunstancias / controlan un afán vertiginoso". La duda, la incertidumbre, las distancias, el tiempo... El libro ya anuncia lo que serán esencialmente mis poemas", explicaba. A ello, hay que sumarle la enfermedad ("El dolor dicta poemas: nuestro mundo es tan doloroso como una enfermedad", dijo), que siempre le rondó, el tiempo, el amor, el paisaje y, por supuesto, el mar.

Obra literaria y fotográfica

José Verón Gormaz publicó más una treintena de títulos: ‘Tríptico de silencio’, ‘Auroras de Adviento’, ‘Libro de horas perseguidas’, ‘El tránsito y la duda’, ‘Ritual del visitante’ o ‘Cantares y presagios’, que fue el último, en poesía; entre sus novelas destacó ‘La guerra sobre Armantes’ (1981), una novela de ciencia ficción, y de sus relatos, ‘Cuentos de todas las horas’. Además, publicó varios libros de fotografía, como ‘Calatayud, Imágenes y Sueños’, ‘Ciudad en el tiempo’ y ‘Aragón Imágenes’, que expuso en el Pabellón de Aragón en la Expo de 2008.

Dentro de su aire reflexivo, también tenía un gran sentido del humor, cultivaba el epigrama y se sentía un vitalista: "Me gustan el arte y las letras, la música, el buen vino, los paseos por el monte y por la ciudad, las damas, la tertulias, mi familia... Todo esto y cierto estoicismo natural me han ayudado a caminar tanto con sol como con niebla·, confesaba.

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