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Zaragoza acogerá la exposición de la Biblioteca Nacional sobre Manuel Azaña

La muestra, que analiza su figura como intelectual y como estadista, podrá verse en el museo de la plaza de los Sitios

En el centro, sentados, Manuel Azaña, Clara Campoamor y Ramón María de Valle-Inclán, en la tertulia de la Cacharrería del Ateneo de Madrid. Fotografía que forma parte de la exposición organizada por la Biblioteca Nacional
En el centro, sentados, Manuel Azaña, Clara Campoamor y Ramón María de Valle-Inclán, en la tertulia de la Cacharrería del Ateneo de Madrid. Fotografía que forma parte de la exposición organizada por la Biblioteca Nacional
Biblioteca Nacional

El Museo de Zaragoza acogerá una de las grandes citas culturales del año: la exposición organizada por la Biblioteca Nacional en torno a la figura de Manuel Azaña. La muestra, inaugurada el pasado 18 de diciembre por el Rey de España (al acto no acudió el presidente del Gobierno, que estaba de cuarentena) ha sido uno de los grandes acontecimientos culturales del año. El presidente aragonés, Javier Lambán, la visitó en Madrid y la reclamó de inmediato para Aragón. "Es una exposición sencillamente magnífica –dijo–. Nunca se había hecho un esfuerzo similar para recuperar la figura de Azaña que, no lo olvidemos, fue un hombre que pretendió, ni más ni menos, traer a España en 1931 una democracia liberal como la que entonces existía en otros países europeos".

El empeño de Lambán ha hecho que Zaragoza sea una de las primeras ciudades confirmadas para la itinerancia de la muestra, aunque la fecha todavía no está clara. Tras clausurarse en Madrid en abril, la exposición está actualmente en Alcalá de Henares, la ciudad natal de Azaña. La web de Acción Cultural de España señala que luego, del 23 de septiembre al 14 de noviembre, viajará a Zaragoza, pero ayer la comisaria de la exposición, la historiadora Ángeles Egido, aseguraba a HERALDO que será en primavera del año que viene, después de la exposición de Goya.

Ángeles Egido es autora del libro ‘Manuel Azaña: entre el mito y la leyenda’, y con la exposición ha querido despojar a esta importante figura histórica de todos los mitos y leyendas que se han urdido a su alrededor en las últimas décadas. "La abundancia de tópicos es lo que nos hizo ver la necesidad de explicar muy bien dos de sus facetas, la de intelectual y la de estadista", aseguraba ayer Ángeles Egido–. Fue un intelectual a la altura de cualquier otro de su generación, la de 1914. Fue corresponsal de guerra, premio Nacional de Literatura por su ‘Vida de Juan Valera’, un gran ateneísta y tradujo una veintena de obras del francés y del inglés. Y un gran europeísta: creía, como Ortega, que 'España es el problema y Europa la solución”.

La muestra le reivindica también como estadista. "Tenía un proyecto de Estado en la cabeza –subraya Egido–. El proyecto existía y era plenamente democrático: en su primer gran mitin político, en septiembre de 1930, dijo que 'la República será democrática o no será'. El problema es que ese proyecto fue desbordado por la extrema derecha y por la extrema izquierda".

La exposición, sobre todo, presenta aspectos que no suelen ser tenidos en cuenta, como que "respetaba las autonomías pero también la unidad de España. La Constitución de la II República era expresamente no federal, en su artículo primero definía a España como ‘un Estado integral"», y sobre todo pone el acento en su trabajo en favor de mejorar la educación pública de los españoles. "Él era consciente de que para que una democracia funcione es necesario tener ciudadanos bien educados y responsables", añade la comisaria de la exposición. Y subraya: "hemos querido dar una visión historiográficamente consolidada, porque en este país vivimos más de la memoria que de la historia". A su labor en la oposición, sus mítines mutitudinarios y su exilio y muerte también se dedica atención especial en el recorrido.

Se presentan al público dos centenares de piezas, entre manuscritos, impresos, objetos, fotografías y vídeos, muchos inéditos, procedentes de diferentes instituciones españolas y extranjeras. "A Zaragoza irá todo, salvo lo que por razones de archivo y conservación no se pueda mover. Hay algunas piezas muy significativas, como los famosos tres cuadernos robados de sus memorias o el collar presidencial, una condecoración que solo se concedió tres veces, a él, a Alcalá Zamora y a Alejandro Lerroux. Se desconocía dónde estaba hasta que se reencontró, pocas horas antes de la inauguración de la exposición, en una caja fuerte del Ministerio de Asuntos Exteriores".

Alguna conexión hay entre la familia Azaña y Aragón. Manuel inició la carrera de Derecho como interno en el Real Colegio Universitario María Cristina de El Escorial. Tras los tres primeros cursos entró en crisis personal y religiosa, abandonó el colegio y siguió estudiando en casa. Para obtener el título de licenciado, los alumnos del Colegio Universitario María Cristina (un centro docente privado ubicado en San Lorenzo de El Escorial, fundado en 1892 y confiado a los agustinos) tenían que examinarse por libre en la Universidad de Zaragoza. Esa es la razón de que su título de licenciado en Derecho figure expedido en julio de 1898 por la Universidad de Zaragoza. El expediente, conservado en el archivo de la universidad, nos presenta a un estudiante que en la carrera obtuvo seis sobresalientes, seis notables y dos ‘bueno’. En la capital aragonesa tuvo grandes amigos, como el que fuera alcalde de Zaragoza Manuel Pérez-Lizano.

Su hermano mayor, Gregorio Azaña, también estudió Derecho (en Madrid, y siguiendo así la tradición familiar, ya que el abuelo y bisabuelo de ambos fueron notarios). Gregorio Azaña llegó a ser presidente de la Audiencia Territorial de Zaragoza entre 1932 y 1934.

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