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Mala Rodríguez: "Cuando empecé, ser atrevida era una condena"

En ‘Cómo Ser Mala’, su primer libro, la cantante de rap comparte aventuras personales y profesionales.

Mala Rodríguez, en una imagen de archivo.
Mala Rodríguez, en una imagen de archivo.
Sergio R. Moreno / GTRES

Es la reina del rap en español. Ya apuntaba al trono en el año 2000, cuando lanzó su primer disco, 'Lujo Ibérico'. Temas como 'Tengo un trato', 'La cocinera' o 'Yo marco el minuto', entre otros, contenían entonces esos ingredientes sevillanos que definen su música: lo negro, lo gaditano, lo moro, lo judío y lo cristiano. Una mezcla singular que, disco tras disco, hace inconfundible su estilo.

Premio Nacional de Música 2019 y ganadora de dos Grammy Latinos, en 'Cómo Ser Mala' (Temas de Hoy), María Rodríguez comparte anécdotas sobre el mundo del hip hop, sus armas para desenvolverse en un ambiente masculino o las alianzas con otras mujeres para terminar haciendo, como ella misma dice, lo que le da la gana.

¿Cómo ser Mala? Atreviéndote a hacer cosas. Saliendo de los parámetros que nos ponemos o nos ponen. Hay que tener confianza en una misma. Necesitamos tener autoconocimiento, autoestima, amor propio, un montón de cosas que nos hacen falta. No es cuestión de 'venga, puedes conseguirlo todo'. Eso es muy fácil. Es como decir, 'atraviesa esa pared'. En realidad, una verdadera ‘Mala’ busca todas las herramientas que le hacen falta para irse a la aventura. Es como una especie de heroína que está en el videojuego y tiene que ir pillando todas esas cosas que le van a hacer falta luego para ir destruyendo los monstruos de las pantallas.

"La palabra es como una gema del universo", afirma. ¿Qué ha supuesto este libro? Una barbaridad. Ha sido como un logro desbloqueado. Porque desde que estaba en el cole quería escribir una historia, una novela sobre chicas y me hacía fantasías con las niñas del cole. Al final, he conseguido armar el relato del tren. Hay momentos en los que obviamente escribo memorias y en otros rozo el ensayo. También hay un poco de autoayuda, de consejos. Para mí es un libro, el mío, el primero que escribo, y no quiero que sea el último.

Jerez de la Frontera (Cádiz), 1979. Creció en el barrio de la Macarena de Sevilla. En 1997 grabó su primera maqueta. Su primer álbum como Mala Rodríguez, 'Lujo Ibérico', es de 2000. Tiene dos Grammys Latinos y el Premio Nacional de Músicas Actuales 2019.

"Mi relación con las niñas también era de sororidad y me gustaba protegerlas", escribe. Vínculos que ha establecido también con las mujeres que han trabajado para la Mala. Sí, es muy bonito. Han sido como ángeles que aparecen de repente en mi vida y veo en ellas una potencialidad para poder andar conmigo, hacer algo juntas. Siempre trato cuando hay esa energía de transformarla en algo creativo y construir algo. Y la verdad es que no me ha ido nada mal en ese aspecto. Mucha gente dice que no se mezclan los trabajos con lo personal, la amistad o la familia. Tenemos que ayudarnos, hacer que la cosa siga, apoyarnos y enriquecernos las unas a otras. Los círculos de mujeres siempre me han dado mucho, mucho, mucho. Todavía los mantengo y me siento orgullosa de ello.

Cuenta que su madre siempre le dio alas. ¿Ha sido importante para su desarrollo como artista esa libertad? Total. Para mí sigue siendo un ejemplo. Es una tía muy pragmática que lo tiene todo clarísimo. A mí, que siempre soy una fantasiosa, que siempre estoy en las nubes, me ha ayudado mucho a pisar el suelo, a llevar cosas a tierra. Todo muy bien, pero, si lo vas a hacer, hazlo con cuidado. Para mí ha sido una gran compañera. Porque yo ya no la trato de madre, para mí es una mujer más de mi vida.

En su Sevilla natal "la música es una vecina más" y "La Jurado y la Lola son el ADN de donde vengo". ¿Qué otros ingredientes hay en su cocina? Muchas mujeres, muchos niños chicos alrededor, mucho amor, mucho cachondeo, mucha pimienta, muy poca vergüenza, carnaval, letras de flamenco jondo y mucho tropicalismo.

Empezaste a vestir "ancho" por la tendencia hiphopera y porque no querías sentirte deseable. Luego vinieron la lencería y los corsés. ¿Cómo ha sido ese proceso de transformación? Ha sido mi vida. Ha sido una respuesta sintomática de vivir queriendo pertenecer al grupo y luego darme cuenta de que no lo necesito. El darte cuenta de que te tienes a ti, que te tienes que aceptar, que tu cuerpo no tiene nada de malo… eso lleva rato. Ahora se habla de la normalización, del body positive, etc., pero cuando yo empecé, ser una mujer atrevida era como una condena. Para mí ha sido mi evolución como mujer, mi descubrimiento, el conquistar poco a poco mi erotismo, mi sexo, mi deseo.

Cuando conoce a Siempre Fuertes, Frank T, Kase O, Kultama, Jota… "se abre la caja de Pandora". ¿Cómo fue su entrada en el mundo del hip hop? Recuerdo los primeros momentos en los que iba a conciertos y los veía actuar. No había ninguna chica que cantara, pero yo sí me veía en el escenario. Me decía 'un día yo estaré ahí subida'. Y me encanta pensar que hay niñas que lo han pensado cuando me han visto a mí. Lo que aprendí entonces es que si no podían follarte, te miraban diferente.

"El ser observadora es una de las mejores cosas que me ha enseñado mi madre"

Antes de dedicarse a la música, salía por las noches en busca de trenes para Misión pintada. ¿Qué aprendió de aquella aventura? Por entonces el grafiti era masculino. Por suerte hoy hay muchas chicas que pintan trenes, metros, por las calles… a mí me atraía todo lo que era adrenalina. Yo me portaba bien, estaba calladita y observaba. El ser observadora es una de las mejores cosas que me ha enseñado mi madre. Ella me decía 'Si tú no paras de hablar, todo el mundo sabe lo que tú piensas. Pero si callas y escuchas, sabes lo que los demás piensan y además sabes lo que tú piensas. Si te callas sabes dos veces'. Yo observaba y trataba de hacer lo mejor posible. Aprendo rápido.

Dice que con el movimiento MeToo sintió que la generación que venía por detrás le acompañaba. ¿Cómo ve el feminismo de esta nueva década? Me siento muy conectada. Entiendo la actitud depresiva que tiene mucha gente. Sé que mucha gente joven se siente dolida y me pone triste, pero entiendo que es el momento que les ha tocado vivir y yo empatizo con eso. También veo la necesidad tan grande que tenemos de crear. Yo me invento cosas. Hay que ponerle tu poquito de algo a la vida y no sentirte culpable, no dejar que viejos conceptos te hagan sentir pequeña, deconstruirlo todo.

"Entreno, corro, sudo. Creo mi propia realidad", cuenta en el libro. Suena a conjuro. En Sevilla siempre hice mucho atletismo. El deporte chuta serotonina a saco, te pone contenta. También me gusta ir al gimnasio. Pero las rutinas que comparto en Instagram y que he ido desarrollando sola me han servido mucho en la cuarentena. Hay que cuidar tu cuerpo físico, pero también el espiritual, el mental y el emocional.

¿Qué supone enfrentarse a la labor de escribir Cómo ser Mala? Nunca había hablado de mí personalmente. Ha sido lindo poder contar mi historia. Pero desde otra perspectiva, no solo de manera ambigua a través de las canciones. Me ha costado un montón de trabajo. Salió como un vómito. Luego quería buscar un subtexto y ampliarlo, contar desde que era una niña hasta ahora. Y ha sido muy bonito hacer memoria, porque no me acordaba de nada ya. Ha sido como entrar en un sitio que me daba mucho miedo. Ha sido brutal. Un nuevo logro desbloqueado.

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