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Guerra civil

El día que la invasión marciana de Orson Welles detuvo la batalla del Ebro

El próximo 25 de julio se cumple el 83 aniversario del desencadenamiento de la batalla más decisiva, larga y cruenta de la Guerra Civil, que detuvo toda su actividad durante todo un día, el 30 de octubre de 1938, día en el que Orson Welles desde Nueva York narraba una invasión marciana.

XI Recreación del inicio de la Batalla del Ebro en Fayón
XI Recreación del inicio de la Batalla del Ebro en Fayón
Mª Carmen Ribó

El 30 de octubre de 1938 la actividad se detuvo en la batalla del Ebro de manera inexplicable porque el ejército nacional ya acariciaba la victoria con la punta de los dedos, y Francisco José Jurado, en la novela 'Dos mundos en guerra', relaciona aquel parón con la emisión que ese mismo día hizo Orson Welles desde Nueva York narrando una invasión marciana.

Francisco José Jurado (Córdoba, 1967) ha dicho que aquel día de octubre Orson Welles emitió 'La guerra de los Mundos' y "creó el pánico global y demostró el dominio de los 'mass media'". En su novela, publicada por Algaida, juega con la posibilidad de "¿qué habría ocurrido si las estaciones de radio-escucha republicanas en los Pirineos y las estaciones nacionales en el Cantábrico o Londres hubiesen captado una parte de esa emisión; o toda ella?".

El próximo 25 de julio se cumple el 83 aniversario del desencadenamiento de la batalla más decisiva, larga y cruenta de la Guerra civil. Aquel parón con la emisión que ese mismo día hizo Orson Welles desde Nueva York narrando una invasión marciana en la que según la novela cada bando recurre a uno de sus soldados que supiera inglés.

Ahí se basa la novela, "en el cabo Henderson, brigadista internacional de Boston, y el teniente Mendoza, nacido en Cádiz y que había estudiado Comercio y Diplomacia en Baltimore, para que traduzcan qué diablos era eso que habían captado los servicios de espionaje", según el autor de esta narración que también se ocupa de "la perversa actividad de los servicios de espionaje extranjeros" durante la Guerra Civil.

"Quizás aquel día los combates pararon hasta verificar si esa información era cierta, o era una patraña urdida por el enemigo para intoxicar... Desde el agujero donde estaban, habrían contactado con sus servicios de espionaje para conocer la situación en los Estados Unidos y, resulta que desde allí les dirían que, en efecto, la gente huía en masa, había pánico, suicidios...", plantea el autor.

Pese a esa suposición que le sirve para sostener una narración de intriga de espías, Jurado asegura que "todo lo demás es absolutamente real o histórico, las localizaciones, las armas, los transcursos de los combates, la posición de las unidades... Es una novela histórica, pero también de aventuras, de espías" y por momentos tiene aires de novela negra, ya que "sobre toda la narración gravita un asesinato ocurrido unos años antes que es fundamental en la trama".

A la pregunta de si cree que Orson Welles hubiera celebrado esta trama, Jurado ha asegurado que cree que sí "porque homenajea su genio creativo y, al fin y al cabo, él también es un protagonista".

Según Jurado, la batalla del Ebro no estuvo decidida desde antes de empezar porque el planteamiento republicano fue "inteligente" con "una brutal ofensiva que, en sus cálculos más optimistas, pretendía desalojar a los nacionales de Cataluña, tomar Gandesa y llegar hasta la carretera de Zaragoza; con la vista puesta en la capital aragonesa y, a medio plazo, amenazar Logroño y Navarra, lo cual hubiera dado un giro a la guerra".

No lo lograron, continúa el autor porque "la ofensiva se agotó al tercer día y, sobre todo, por la brava defensa que los nacionales hicieron de Gandesa; en sus alrededores se libró una batalla que duró casi cuatro meses y costó 90.000 bajas; "fue una batalla decisiva, y la que ha tenido más muertos y ha movilizado los mayores recursos bélicos, humanos e industriales".

De la investigación histórica que ha efectuado previa a la escritura de la novela dice que lo más sorprendente que ha encontrado ha sido "en lo militar, la habilidad que tuvieron las potencias mundiales -Alemania y la URSS- para utilizar a los españoles como conejillos de Indias para lo que vendría después; tanto en armamento como en servicios de espionaje".

"Y en lo humano, pues,... que no aprendemos, y que la maldita política se aprovecha de las buenas personas que sólo pretenden mejorar su existencia y vivir en paz... No se deben enconar las diferencias hasta un punto en que no haya retorno... Afortunadamente, la España de hoy no es la de los años treinta, y Europa y el mundo, tampoco", ha concluido. 

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