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Cuti Vericad: "Sobrevivir en la música exige grandes dosis de sentido del humor"

El músico aragonés inaugura esta noche (22.00) el ciclo ‘Música al raso’ en el Jardín de Invierno con una descarga de rock’n’roll precedido por la banda zaragozana Nelson (20.00).

Cuti Vericad, ayer, en el Jardín de Invierno del parque Grande, donde esta noche ofrecerá un concierto de auténtico rock’n’roll
Cuti Vericad, ayer, en el Jardín de Invierno del parque Grande, donde esta noche ofrecerá un concierto de auténtico rock’n’roll
TONI GALAN

Su último álbum, ‘El retorno del samurái’, no pudo tener la presencia en directo que merecía por culpa de la pandemia.

Así es. La covid arruinó todos nuestros planes con el disco. Pero eso, al lado de los miles de muertos que ha habido en España, no tiene importancia. Millones de muertos en el mundo. Ruina y miseria. De la de verdad. No poder cantar, al lado de eso, no significa nada. Al menos pudimos presentar el álbum en enero de 2020, dos meses antes de decretarse el estado de alarma.

Seguro que hoy se desquita. ¿Cómo va a ser su ‘show’ en el Jardín de Invierno?

Va a ser un concierto intenso y emocional. Tenemos muchas ganas de volver a sentirnos músicos. Saldremos al escenario con el cuchillo entre los dientes. A matar. Me gusta que mis conciertos sean recordados. Me obsesiona dejar huella en el público y en esa dirección trabajo.

Con Los Dynamos ya actuó en el parque Grande, en el escenario del anfiteatro del Rincón de Goya, hace ya unos cuantos años, cuando el rockabilly marcó sus primeros pasos musicales...

El rockabilly fue mi despertar. Mi puerta de entrada a la música. Los Dynamos fueron mi escuela. Amo y respeto profundamente aquel dulce pasado. Todo aquello me convirtió en el músico que soy hoy. Así que podría decir que el rockabilly sigue siendo muy importante para mí. Forma parte de mi presente, aunque mi paleta sonora vaya mucho más allá. En el Rincón de Goya actuamos varias veces. Era un lugar mágico que todos los músicos y aficionados a la música echamos mucho de menos. Grandes conciertos dimos como músicos, y grandes conciertos vivimos como público en aquel maravilloso anfiteatro.

En aquella época ¿tuvo buena relación con Mauricio Aznar y Más Birras?

Más Birras y Dynamos fuimos bandas amigas. Compartimos escenario en muchas ocasiones. Más Birras eran unos tipos fantásticos, pero Mauricio tenía además un carisma increíble. No he conocido un artista más puro en la música popular de esta tierra. No lo ha habido, ni lo habrá. Su sombra sigue siendo muy alargada y todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo seguimos llorando su partida, a pesar de los años. La palabra amigo es demasiado grande como para frivolizar. Mauricio y yo teníamos una relación fantástica, de cariño y respeto mutuo. Yo siempre lo vi como un maestro y creo que él a mí me veía como a un aprendiz. Me dio consejos que me han servido de mucho en la vida. Siempre que hablaba con él, donde fuera, yo miraba de reojo alrededor e inflaba el pecho como diciendo a la gente: «Eh, estoy hablando con Mauricio y vosotros no». Estuve en su boda y canté rancheras para los novios. Lamentablemente también estuve en su funeral. Se extraña mucho su persona, pero su esencia y su arte nos siguen acompañando.

En los últimos meses se ha dedicado, entre otros proyectos, a producir a otros grupos y artistas...

Me gusta mucho trabajar en el estudio de grabación. La producción musical me encanta. Es un trabajo emocionante y creativo. Ver crecer las canciones y vivir todo el proceso desde el principio hasta el resultado final, que es un disco. He producido muchos discos, además de los míos, claro. Mil Demonios, Despierta Mcfly o J-Karpint han sido las últimas producciones. El disco de Llorente aún debe mezclarse, aunque ya está grabado y va a ser un álbum muy grande. En este momento estoy trabajando también en el nuevo trabajo de Crisálida y tengo algunas cosas más en cartera.

¿Ya tiene fecha para su próximo elepé, el cierre de la trilogía tras ‘El camino del samurái’ y ‘El retorno del samurái’?

Mi intención es comenzar a grabarlo el próximo invierno, pero ya veremos. Se titulará ‘La venganza del samurái’ y será mi mejor disco, eso seguro.

Siempre ha sido crítico con la trastienda del negocio y de la industria musical, aunque también se lo toma con humor e ironía.

Del mundo de la música solo merece la pena la música en sí. El resto es un gran estercolero que no me interesa nada. Sobrevivir en este mundo exige grandes dosis de sentido del humor. Quien no lo tenga, mal camino llevará.

Ser fiel a uno mismo, sin fuegos de artificio ni postureos, ¿perjudica en cierto modo vivir –o sobrevivir– de la música?

Yo vivo a mi manera y trato de mantener un entorno saludable. El éxito personal, aunque a veces coincida, poco tiene que ver con la fama y la fortuna. Tengo una vida plena y eso es suficiente para mí, hasta el punto de que hace mucho que no pienso en ese tipo de asuntos. Imagino que a algunos les habrá ido bien trabajando mucho sus posturas frente al espejo. Eso no va conmigo. Me gustan las cosas normales y las personas sencillas. Nada más.

A lo largo de su carrera también ha hecho algunos pinitos como actor…

Bueno. Hice un piloto para televisión que hicimos con el grupo Los Berzas que se llamaba ‘Moff’. Y ahí se quedó la cosa. He participado en obras de teatro, cortometrajes y algunas películas. Cuando lo he hecho, lo he disfrutado, pero mi prioridad, además de mi familia, es la música.

Esa prioridad le ha llevado a tocar junto a algunos músicos que fueron referentes en su adolescencia y hoy son amigos y compañeros de escenario. ¿Un sueño cumplido?

La verdad es que para un músico que creció con las bandas españolas de los años ochenta, acabar años después tocando con Loquillo o con Los Rebeldes ha sido todo un privilegio. Solo puedo darles las gracias, de corazón, una vez más por todo lo vivido.

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