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LETRAS ARAGONESAs. HOY DOMINGO

Juan Marqués: "Goya es magistral, a pesar de ser algo chapucero, feísta y caótico"

Nacido en Zaragoza en 1980, es poeta, lector incorregible y colabora con librerías. Publica ‘El hombre que ordenaba bibliotecas’ (Pre-Textos)

Retrato de Juan Marqués en Madrid, poeta, narrador y crítico literario.
Retrato de Juan Marqués en Madrid, poeta, narrador y crítico literario.
Enrique Cidoncha.

¿Cómo ha sido el paso de la poesía a la novela? ¿Lo tenía en la cabeza, fue azaroso?

La poesía va siempre por delante, es la sangre de la literatura y, espero, también de la mía. Nada que no contenga poesía sirve para mucho. Esta novela, creo, va a ser solo una pequeña ‘excursión’, una escapada, pero la poesía sigue ahí, siempre. El título, de hecho, es un endecasílabo, pero eso es lo de menos, algo anecdótico, aunque ya sugiere que es la poesía la que, secretamente, sostiene todo el texto.

¿Qué le debe la novela al confinamiento?

Pues tanto como que exista. La idea de esta novela lleva rondándome muchos años, y ha ido cambiando mucho, pero lo que quería decir estuvo siempre allí, dando vueltas. Pero, claro, nunca podía pararme a escribirla, nunca tenía el tiempo y la calma necesarias para acometerla, aparte de que me falta disciplina para ello. El confinamiento me dio esa oportunidad, y salió en pocas semanas, pues la tenía muy escrita en mi cabeza. 

El personaje central no es usted y a la vez tiene mucho de Juan Marqués. Nunca dice su nombre.

No, no tiene nombre, y no soy yo, aunque mi vida sí es un poco la suya. Supongo que es más yo de lo que yo mismo pienso, pues muchas de las cosas que cuento no son ‘reales’, pero sí son ‘verdaderas’. Esta no es mi vida, pero sí mi vida interior, es un autorretrato íntimo. Eso sí: que nadie se preocupe porque, como ocurría en ‘Diez mil cien’, es todo ‘verdad’ excepto el punto de partida: no he tenido ninguna crisis importante, no he andado tan abatido como el personaje. Y nunca he estado en Grenoble, por cierto.

"Esta no es mi vida, pero sí mi vida interior, es un autorretrato íntimo. Eso sí: que nadie se preocupe porque, como ocurría en ‘Diez mil cien’, es todo ‘verdad’ excepto el punto de partida: no he tenido ninguna crisis importante, no he andado tan abatido como el personaje"

¿No es una novela de viajes? Toulouse, Grenoble, diversos lugares de España y una cala, extensa, en Zaragoza…

Los desplazamientos eran importantes. De alguna manera me sirven para expresar lo perdido y desorientado que está, el despiste fenomenal en el que vive. Y lo de Zaragoza es como una entrada a boxes, un repliegue a la zona de seguridad, una tregua en su deriva, aunque allí es donde todo se complica.

¿En qué medida, ‘El hombre que ordenaba bibliotecas’ (Pre-Textos) no es una exaltación de la literatura, de la lectura?

Es ambigua en eso: es claramente una celebración de la literatura, pero tiene también algo de despedida. De hecho en algún momento pensé en titularla ‘Adiós a los libros’, a lo Hemingway. No hay ni una sola página del libro que no esté fecundada por la literatura, que no contenga alguna referencia, alguna cita, alguna broma... Y es normal, porque la literatura es casi lo único a lo que me he dedicado en mi vida. Pero hay también cierto hartazgo indisimulable. Digamos que el personaje anda escamado, con dudas: no reniega de su entrega a los libros pero le está, digamos, ‘dando una vuelta’, no arrepentido pero sí muy cansado.

¿Qué rarezas son las que más le conmueven de la pasión por los libros? Habla del coleccionista de literatura italiana, del de primeras novelas, del de libros con mapas, del de libros de autores con S...

Más que conmoverme, me apenan algunas cosas que he visto. Los libreros tienen mil anécdotas inquietantes sobre hasta qué punto los libros pueden provocar alteraciones serias. Yo mismo, cuando he trabajado en la Feria del Libro, me he encontrado con casos límite. Para mucha gente es decisivamente importante lo de publicar, lo de trascender, lo de dejar algo... y, aparte de pueril, es un impulso que les corroe, que les destruye, que les hace hacer cosas extremas, violentas, ridículas... De todos modos, es esencial entender que, a pesar del título, lo de las bibliotecas es apenas un pretexto para hablar de las cosas mucho más importantes de las que quería hablar, o al menos insinuar. El libro, con toda su modestia y con sus muchos límites, tiene también algo de epistemología, de reflexión sobre la misma naturaleza de la realidad, que es la clave de la ficción.

"En algún momento pensé en titularla ‘Adiós a los libros’, a lo Hemingway. No hay ni una sola página del libro que no esté fecundada por la literatura, que no contenga alguna referencia, alguna cita, alguna broma... Y es normal, porque la literatura es casi lo único a lo que me he dedicado en mi vida"

Adopta una estructura muy libre y abierta. ¿Cuál es la importancia del diálogo?

El libro se construye, fundamentalmente, sobre tres o cuatro conversaciones. El diálogo era constitutivo. El personaje es muy introvertido, pero aquí se ve casi todo el rato acompañado, hablando, y le viene bien para hacerse entender.

¿Le piden que ordene bibliotecas o es una ensoñación con intenciones?

Es absolutamente ficción. Lo gracioso es que en la última Navidad, ya acabada y entregada la novela, mis primos me pidieron que les ayudase con la monumental biblioteca de su padre, mi tío, que fue Guillermo Redondo Veintemillas, decano muchos años de la faculta de Filosofía y Letras. Y allí me vi, durmiendo durante una semana en una biblioteca fabulosa, poniendo orden, clasificando, decidiendo qué donar a quién...

El autor de 'El hombre que ordenaba bibliotecas'.
El autor de 'El hombre que ordenaba bibliotecas'.
Enrique Cidoncha.

Uno de los capítulos más sugerentes, y hay muchos, es el de Goya. ¿Podemos aceptar que no pintaba bien?

Bueno, no me atrevería a hablar en serio sobre ello, no me autorizo a mí mismo a hablar de pintura, en parte porque no me gusta el intrusismo en la crítica de literatura, y he de ser coherente. Pero el personaje tiene sus opiniones, claro, y las expresa en contextos no solemnes, en confianza. Goya es magistral, y lo es más porque, efectivamente, a menudo lo es a pesar de ser algo chapucero, feísta, caótico... Cuando se desmelena es mejor, y no sé si es eso también lo que me ha pasado a mí escribiendo.

¿Cuál es su relación con Zaragoza? ¿Cree que no se puede vivir la juventud en la ciudad, como dice, o es una licencia literaria?

Mi personaje es un poco bocazas en esa presentación de Zaragoza, se desahoga más de lo que yo lo haría. A mí me encanta Zaragoza, me encanta ser zaragozano, aunque es verdad que tuve que irme para darme cuenta de ese afecto profundo. Y si viviera en Zaragoza me gustaría menos, eso lo tengo en cuenta. Pero no es una relación amor-odio, no, es solo amor, aunque un amor crítico: hay muchas cosas en la ciudad que no nos dejan bien. La relación con la cultura, por ejemplo: hay mucha menos demanda que talento. Cada vez que oigo a autoridades aragonesas presumir de cultura me pongo nervioso: no, las cosas no suceden gracias a las instituciones, sino más bien a pesar de ellas, de espaldas a su indiferencia.

Hablemos de la escritura. Adopta un tono muy natural y fluido.

Cualquier afectación destroza la poesía. Yo soy cada día menos tolerante con la solemnidad. Jamás os toméis en serio a un escritor que se ponga demasiado serio: la gravedad es indicio de vacío, cuando no de pura necedad. Así que cierto desenfado se hace casi necesario, aunque se hablen de temas solemnes, trascendentes, importantes... Si escribo otra novela será sobre el amor, así que...

"Cualquier afectación destroza la poesía. Yo soy cada día menos tolerante con la solemnidad. Jamás os toméis en serio a un escritor que se ponga demasiado serio: la gravedad es indicio de vacío, cuando no de pura necedad"

¿Qué es lo más raro que le ha sucedido en sus vínculos con los libros?

Yo he tenido muchísima suerte, más de la que me correspondía, pero es verdad que ha habido cierta justicia poética, nunca mejor dicho. Desde muy niño me entregué a los libros, no soy un impostor aunque no sea muy brillante. Y la literatura me recompensó, me ha llevado a vivir de ella, con ella, para ella.

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