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MÚSICA

La Mala Rodríguez: "Creo que la política es muy pornográfica, es entretenimiento para adultos"

Publica 'Cómo ser Mala', un personal y atípico libro de memorias en el que reflexiona sobre su carrera y su vida.

La rapera andaluza Mala Rodríguez.
La rapera andaluza Mala Rodríguez.
Heraldo.es

'Cómo ser Mala' (Temas de Hoy) fluye como lo hacen los versos de La Mala Rodríguez (Jerez de la Frontera, 1979). Y no es nada fácil. La artista ha escrito unas memorias sin pensar mucho en la estructura, llenas de reflexiones desde el presente, que se devoran. "No me gusta que sea todo lineal. Mi mente no funciona así. Quería que el tono fuera muy sin pelos en la lengua y coloquial y me apasionaba la idea de hacer saltos en el tiempo todo el rato", afirma.

Se abre en canal en sus letras, ¿por qué esta necesidad de hacer un libro de memorias?

Estaba muy tranquila, sentía mucha paz en mi corazón y sentía que cerraba una etapa. Cuando sientes eso, te atreves a mirar los álbumes de fotos (ríe). Ha sido un poquito eso, ver cómo he llegado hasta aquí porque yo misma muchas veces me lo preguntaba. En plan "¿cómo cojones he llegado hasta aquí?", sin nadie que me ayudara, sin saber a dónde iba siquiera. Ha sido una maravilla porque me ha ayudado a ver realmente el valor que tiene ser Mala.

A veces hay que parar y echar la vista atrás.

Sí y es muy sano. Sobre todo no hablo de triunfos profesionales, hablo de ser feliz.

Recuerda hitos y momentos de su carrera, pero siempre reflexionando lo sucedido desde el presente. ¿Ha sido muy difícil ese ejercicio? ¿Cuáles han sido las sensaciones? ¿Qué ha descubierto de sí misma que no sabía?

Creo que la sociedad nos lanza mensajes muy erróneos, nos confunde, cuando somos jóvenes, mucho más, y para mí ha sido bastante complicado. Ha habido muchos momentos en los que no sabía muy bien por qué hacía algunas cosas y ahora que he alcanzado la madurez, porque siento que la he alcanzado, me alegro de haber sido tan curiosa y tan valiente, porque realmente no sirve de nada ser una llorona. Como dice una amiga, las bibliotecas todas son públicas y hay mucha información, así que el que no se informa y no se forma es porque no le da la gana.

¿Siempre ha tenido la cabeza tan amueblada?

Siempre he sido muy hambrienta. Mi mamá siempre me decía: "¡Ay pues no sé, míralo en el diccionario!".

No hay chismes ni cotilleos sobre la industria.

No soy chismosa. Soy más bien como Dory, me cuentas algo y se me olvida.

Cuenta que cuando llega con 'Lujo ibérico' (2000) desde Madrid y lo enseña a los colegas de Sevilla, no les gusta, que les pone nerviosos no poder etiquetarlo. ¿Eso ha cambiado?

No. Ahora la etiqueta es lo urbano, ahí cabe todo, pero no deja de ser música negra, la fusión de hip hop, el 'dancehall', lo afrocaribeño. Pero seguimos poniendo etiquetas y no creo que sea saludable porque cuando pones un nombre a una enfermedad, de alguna manera ya estás condenando a esa persona a sufrirla y no me gusta. Muchas de las patologías que surgen es porque colocamos etiquetas, bautizamos nuevas enfermedades y eso es un poco 'dangerous'.

Usted, sin embargo, sí supo ver que en la mezcla y en la fusión estaba el futuro, de ahí ese Premio Nacional de la Música. Dice en el libro que le faltaba ese reconocimiento por parte de España, ¿se ha hecho justicia?

El libro empieza hablando de mi abuela y yo lo quería terminar con el Premio Nacional de las Músicas Actuales porque para mí fue como si fuera un abrazo de mi abuela que me faltaba. No lo esperaba. Te lo prometo, lo juro. Estaba tranquila y bien; la vida me ha llevado por muchos lugares y he aprendido muchas cosas, me siento tremendamente agradecida. Cuando volví de Estados Unidos, volví plena. Había tenido una nena, no se. Fue un 'bonus track'.

¿Se siente pionera o eso son palabras mayores?

Hay un libro maravilloso que se llama 'Desayuno con partículas' y habla de que los caminos se crean de forma natural cuando muchas personas hacen el mismo recorrido. Pues yo considero que me meto por otros sitios, es verdad, de siempre.

No solo lo fue en ese sentido. Cuando comenzó en la música lo que había a su alrededor eran fundamentalmente hombres.

Como le ocurre a muchas mujeres en muchos otros campos.

¿Fue muy difícil hacerse un hueco? ¿Que la tomaran en serio?

¡Hombre, claro que hubo bromitas! En plan "ah, pero que tu rapeas, que la María rapea". Me acuerdo de los niños del Polígono de San Pablo, que alguno que otro se rió, pero claro yo era más pequeña. Alguno me gustaba, ¿eh? Y decía: "Mierda, se están riendo de mí". Pero bueno, tocaba demostrarlo.

Esa soledad, ¿la hizo más fuerte?

No lo sé. Fuerte me ha hecho la vida y todo lo que he aprendido sobre inteligencia emocional y lo que he aprendido de forma autodidacta, no los golpes. Los golpes no te hacen más fuerte, los golpes lastiman y si no estás preparado y bien armado pueden romperte también. Creo que el haber hecho ese camino me ha dado mucha experiencia y eso es algo muy valioso.

Eso también ha cambiado. Ahora hay más mujeres en la industria, pero siguen faltando técnicas de sonido, promotoras, mujeres en cargos de responsabilidad. ¿Cuál es la razón? ¿Qué se puede hacer?

Educación, solamente. Creo que es la única respuesta a todos los problemas del mundo. Cuando tu educas, la gente aprende, se forma y elige. Pero si te educan en una burbuja es imposible que salgas de ella. Porque tampoco creo en eso de que hay que dar las mismas oportunidades a hombres que a mujeres. Si la mujer es un paquete, ¿qué pasa? Hay que ir mucho más allá porque también se cometen muchas injusticias. Eso de, por la igualdad, poner las mismas mujeres que hombres me parece una absurdez total y lo digo por experiencia propia porque yo he querido contratar equipo y no quiero contratar a alguien que no esté capacitado o cualificado, pero por momentos sí he tratado de ayudar en lo posible, pero creo que la solución no es esa.

Sin embargo, sí habla de ese concepto de 'superwoman', de que la mujer tiene que ser perfecta. Se les sigue exigiendo mucho más que a los hombres, ¿no?

Sí y también están dejando que los hombres se conviertan en una especie de 'dog chow'. La mujer, el hombre, el extraterrestre, quien sea, tiene que hacer lo que le haga feliz y ser amable y tiene que ser respetuoso.

¿Cómo le ha cambiado la maternidad?

Me hizo tener mucha conciencia de lo verdadero y de lo falso. Entendí lo que eran perlas y lo que eran ojos de pescado. De repente, cero amigos, fiu. Valoras quiénes son tus amigos y quiénes no.

En el libro habla claramente de sus contradicciones. Está en contra del aborto, pero ha abortado y jamás podría prohibir a alguien hacerlo. ¿Falta empatía en la clase política ponerse en la piel del otro?

Sí, creo que la política es muy pornográfica, es entretenimiento para adultos. Hay muchos políticos muy buenos, pero son unos ganchos muy fáciles. Creo que es muy difícil gustar a todos, que todo el mundo opine como tu y agradar a todo el mundo. Yo, como artista, me quería mojar porque creo que no todo el mundo me conoce, solo conoce mis canciones o las cuatro noticias que hayan querido promocionar, pero me parecía muy importante porque creo que es un tema muy serio.

Habla también de que cuando empezó en la escena pronto se aficionó a las ropas anchas y no solo porque era tendencia en el mundillo del hip hop sino porque llevaba años aguantando comentarios machistas.

Sí porque cuando era niña me decían muchas cosas los hombres y a mí no me gustaba. No quería ser deseable, no me quería sentir así. Y cuando conocí la escena, me gustaba la moda esa que te hacía parecer pues como la Billie Eilish esa ahora, que no muestras ningún tipo de atributo sexual y creo que estuvo bien porque también te libera un poco, aunque luego he ido haciendo las paces conmigo.

Eso le iba a preguntar, ¿cómo ha sido ese proceso?

Pues naturalmente y de un modo espontáneo, cero planeado. Es una cosa que pasa, simplemente, haces las paces con tu cuerpo. La mujer tiene mucha presión, la presionan mucho, al menos yo he sentido esa presión por parte de los medios de comunicación. La sociedad está muy focalizada en esperar algo de ti como mujer y escapar de eso requiere muchos cojones. Y luego encontrarte a ti, hacer las paces contigo, aceptarte y empoderarte.

Esa presión de la que habla, ¿con las redes sociales no ha ido a más?

Yo creo que en las redes sociales nos mostramos como somos. Hay gente de todas las edades. A mi edad creo que tengo todo el derecho a hacer lo que me da la gana y disfruto y me lo paso bien y me gusta que la gente se libere y que le quitemos hierro al asunto de un cuerpo desnudo, porque lo que no podemos hacer es taparlo. Cuando tu niegas algo, eso persiste, pero cuando lo aceptas, se transforma en otra cosa.

Se considera feminista, pero asegura que lo hizo todo pensando en sí misma.

Es que no entendía que el mundo no fuera feminista, porque a mí me ha criado una madre soltera y ha sido lo que he visto. He visto una tía trabajando, levantándose mogollón de temprano para preparar la comida y llegando muy tarde. En mi cabeza no ha existido otra cosa.

Ahora sí es consciente de todas las barreras que rompió, ¿no?

Claro, ahora sí, totalmente. Por eso también he escrito el libro, porque me parecía que mis fans lo merecían (lo dice con tonillo de folclórica). He tenido muchos fanáticos, unos desde que empecé, otros que se han ido uniendo y otros que acaban de llegar, y yo quería que me conocieran más de dentro. A mí las redes me han dado la oportunidad de darme más a conocer y este libro es para ellos, que entiendan 'Cómo ser Mala', por qué escribo las canciones que escribo, por qué digo las cosas que digo, por qué parece que estoy loca. Porque todo tiene sentido.

Habla también de los fans que ahora reniegan, ¿le afecta eso?

Bueno, se hacen los duros, pero no me dejan de seguir. Son los típicos que me dicen: "Bueno, un poquito más de rap, ¿eh?". Pero no me dejan de amar, yo sé que me aman.

¿Falta camaradería entre las mujeres?

Nunca está de más y es hermosa.

Al hilo de la música y los fans, ¿qué nos pasa cuando nos volvemos adultos? ¿Dejamos de escuchar nuevas músicas? ¿A usted le pasa?

No, yo sigo escuchando rap, lo que pasa es que a mí me gusta más el rap que hacen los niños de quince o de dieciséis. No me gusta el rap que hacen los viejos, es un puto aburrimiento. Los chavales cuentan lo que están viviendo, y los otros me lo han contado nueve millones de veces. ¿Qué quieres? ¿Repetirme otra vez la misma puta mierda? Cuéntasela a tu puta madre, colega. Prefiero que me lo cuente un Mora, un Beny Junior, un Wiz Bu, una escena que hable de lo que está pasando real, con hambre, con sangre, que lata.

Habla en el libro sin tapujos de la salud mental, de las depresiones en las que entra a pesar del éxito. ¿Por qué siguen siendo temas tabúes?

Porque es un signo de debilidad y a la gente no le gusta mostrar la debilidad. Venimos de un mundo muy jerárquico, venimos de una sociedad que si muestras tus emociones ya no te llaman más. Creo que debe haber un equilibrio, simplemente normalizarlo y de la misma forma que te duele la cadera, pues te sientes mal. Visibilizar todas estas cosas son ultra necesarias porque siempre se ha estigmatizado.

Dice que sin vivir experiencias es difícil escribir. Si no hubiese tenido tanto éxito, ¿cree que se hubiera acabado repitiendo o que ese pozo del que surgen las canciones se hubiera secado?

No sé qué estaría contando. Hay gente que tiene mucho talento, se inspira en otras cosas o se ponen hasta el culo y eso les sirve de inspiración. Desde muy pronto, yo me di cuenta que a mí la droga no es que me inspire demasiado. Me inspira más escribir desde la alegría, desde el cero entendimiento. Estoy duchándome y plas. A mí me gusta mucho dejarme llevar por la música y sacar lo que en ese momento estoy viviendo. Me gusta compartir el momento y que me transporte la emoción, que eso sirva de hilo conductor, por eso hay mucha diferencia en los contenidos de mis primeros discos y los de los últimos, porque entonces estaba más preocupada por unas cosas y ahora por otras.

A cuenta de lo sucedido con Valtònyc, ¿cree que hay menos libertad de expresión ahora?

No lo sé, pero C Tangana se cagó en el Rey, ¿no?

Sí.

¿Está preso?

No.

Pues ya está. Es verdad que a 'El jueves' le han quitado varias portadas. Es todo muy curioso, yo no entiendo nada. No sabría qué decirte, me parece todo muy incoherente.

Apenas habla de la pandemia en el libro.

Lo empecé antes y cuando acabé el libro ya no estábamos en el confinamiento, pero no quería entrar ahí porque fue un momento muy diferente y lo llevé al principio con mucha incertidumbre y mucho dolor. Tengo mucha familia que ha trabajado en hospitales y no ha sido fácil para nadie. He estado muy triste y lo he pasado bastante mal. Gracias a que he podido escaparme y escribir y crear canciones y grabar. Pero los primeros meses fueron bastante duros.

¿Qué futuro cree que le espera a la juventud, después de la crisis de 2008 y de esta pandemia?

Vida, le espera más vida. Esto todo el rato da vueltas y vueltas y nos vamos apañando como podemos. Lo importante es pensar que la flor de loto nace del fango y huele muy bien y que la gente hoy en día tiene mucha información, puede formarse, hacerse fuerte, son muy tolerantes, se escuchan mucho unos a otros. Me quedo con todo eso. Creo que los niños ahora son más listos.

O sea que saldremos mejores.

Sí, genéticamente vamos mejorando la raza. Yo soy muy positiva.

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