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POESÍA ARAGONESA. 'ARTES & LETRAS'

Jorge Martínez, cantante de Despierta McFly, publica su poemario ‘Tanto por destruir’

El libro, publicado por Olifante, “es una celebración y un encuentro entre quien lo elabora y aquel lector para quien se vendimió el fruto de la vida”

Jorge Martínez es poeta y músico de rocanrol.
Jorge Martínez es poeta y músico de rocanrol.
Juan Moro.

A veces el aroma que emana de nuestra copa es fruto de un ‘coupage’, un esfuerzo alquímico por alcanzar un resultado mejor a partir de tres vinos que pudieran resultar insuficientes por sí solos. En otras ocasiones el paladar pronto nota la docilidad que los años y la madera dieron a sus sabores y a sus matices. Este no es el caso. En cuanto caten este ‘Tanto por destruir’ de Jorge Martínez (Olifante, Ediciones de poesía. 2021) apreciarán la apuesta decidida por una uva monovarietal y por un vino joven que quiere llevar al paladar el sabor puro de la fruta y la anchurosa abundancia de sus aromas primarios.

Y digo que es un vino porque, de algún modo, este libro es una celebración y es un encuentro entre quien lo elabora y aquel lector para quien se vendimió el fruto de la vida y a quien se interpela para que comparta el rojo sanguíneo de esta colección de poemas: “Este papel será mi pasaporte; / esta tinta tu cobijo. / Y si se borran las letras / voy a volver a escribirlas. (…) En su modestia / este papel conoce su destino: / que tus ojos lo miren y ordenen las palabras.”

La unidad de estas composiciones se construye en esa anunciada bastedad de lo que debe cesar y, escanciando los versos, al romperse contra el cristal de la lectura, se escucha respirar al texto, tan fluyente como cercano, por momentos incluso coloquial. “Las viejas canciones se cantan mejor / si ya no duelen”, confiesa el poeta. Estos versos son un tatuaje dibujado con la caligrafía de una navaja sobre una piel ahora expuesta a la intemperie: hay un dolor que dejó la herida y queda a la vista su marca indeleble para recordarlo.

Tal vez por eso sea preciso tanta destrucción, ese allanar la memoria para poder levantar un horizonte nuevo del que surja algo distinto o para que grane aquel racimo que no llegó a madurar en las vides de viejas añadas: “La flor también fue roca;/ la letra sangre, veneno/ el agua; animal el corazón./ No seremos nunca nada/ pues no fuimos todavía”, nos confiesa con una voz suave, pero en la que se hiende la necesidad del derribo. En sus versos se modula la demolición definitiva, como si la sombra de las ruinas y el olvido de las vidas “brillaran en los charcos / a punto de morir de sed”, y se cierran sus páginas ante la visión de las desvencijadas casas de nuestra España rural levantándose de nuevo con el ladrillo urbano, al tiempo que nos lanza estos versos: “Llueve gasolina. / Hay tanto por destruir…”.

Estos versos son un tatuaje dibujado con la caligrafía de una navaja sobre una piel ahora expuesta a la intemperie: hay un dolor que dejó la herida y queda a la vista su marca indeleble para recordarlo.

Pero aún hay un poema que, a modo de epílogo, cierra esta obra —y al que precede una cita del Apocalipsis en la que se anuncia el advenimiento de la renovación—, el poeta justifica que hubo que romperlo y quemarlo todo, que hubo de doler para inventar y que también “hubo que llorarlo todo/ para llenar los ojos y el mar”, pues tras liquidar lo que quedara agotado —si nos atrevemos a abandonar la ruina y sus espectros definitivamente— un mundo más hermoso y renovado ha de surgir, igual que de las cenizas del ave fénix nace el vuelo de su flamante sucesora.

LA FICHA

‘Tanto por destruir’. Jorge Martínez. Olifante, Ediciones de Poesía. 2021. [Jorge Martínez conversa hoy, 1 de julio, a las 19.00, en la FNAC con la poeta Olga Bernad y con su editora Trinidad Ruiz Marcellán.]

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