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No es celtíbero todo lo que reluce en los cascos de Aranda de Moncayo

El estudio final revela la existencia de muchos añadidos durante la restauración de las piezas. Una de ellas fue devuelta por ser completamente falsa

A la izquierda, el casco falso, devuelto el año pasado. A la derecha, uno de los 'auténticos', en el que se han observado postizos.
A la izquierda, el casco falso, devuelto el año pasado. A la derecha, uno de los auténticos, en el que se han observado postizos.
DGA/Hermann Historica

No es celtíbero todo lo que reluce en los cascos de Aranda de Moncayo. El estudio oficial sobre las piezas, a las que se les han realizado radiografías y análisis de distintos tipos, revela que en todas hay un alto grado de reintegración de partes perdidas. Pese a ello, los científicos que las han estudiado no les quitan valor. "Es lo esperable en unos cascos que han aparecido en el mercado privado –señala Raimon Graells, profesor de la Universidad de Alicante y uno de los científicos que más ha luchado por el regreso a Aragón de las piezas–. Si estudiáramos los cascos antiguos que están en museos públicos y colecciones privadas nos encontraríamos con que a lo mejor solo el 40% de cada uno de ellos es original. El Louvre o el British Museum tienen piezas en las que el 50% es original y el 50% reintegrado, sobre todo si fueron restauradas hace muchos años. Ahora este tipo de restauraciones está descartado".

Los informes oficiales y los resultados del estudio de cada pieza aparecen en el libro ‘El retorno de los cascos celtibéricos de Aratis. Un relato inacabado’, publicado por el Gobierno de Aragón, que se puede conseguir en las principales librerías desde hace un par de meses aunque, sorprendentemente, no ha sido aún objeto de presentación oficial. Tampoco los cascos están expuestos al público, aunque se dijo que lo estarían el año pasado.

Para todos los cascos, el informe utiliza la frase "presenta una intervención de restauración y reintegración de lagunas mediante resina de epoxi". Pero en algunos casos se precisa más. Así, por ejemplo, al hablar del Casco 3 se asegura que "presenta una notable intervención de restauración y reintegración de lagunas (...) La parte posterior del casco, en particular, podría estar restituida casi integralmente". Del Casco 4 se dice que "no hay garantía real de que en origen portara estas piezas añadidas... se observa que el apéndice y la calota han sido sustancialmente modificados respecto al estado original". Del Casco 6 que en él "se aprecia una reintegración extensa a base de resina sintética en las partes delantera y trasera de la careta. En zona superior de la carrillera izquierda se aprecian las huellas del pincel con el que el restaurador dio color". Del Casco 7 se asegura que "las mayores lagunas afectan a la zona frontal y occipital, si bien el guardanucas es de auténtico metal de base cobre". 

Los siete cascos fueron entregados al Gobierno de Aragón por Christian Levett, propietario del Museo de Arte Clásico de Mougins (Francia). Se da la circunstancia de que Levett, tiempo después, entregó al centro un octavo casco, que le fue devuelto en octubre pasado al descubrirse por radiografías que era absolutamente falso, que en él no había ni un 1% de original. La DGA lo anunció en sordina, pasando de puntillas sobre el asunto, pese a que el hecho revela una realidad inquietante: tras salir a la luz los cascos, hubo falsificaciones que se quisieron hacer ‘colar’ en museos y colecciones privadas.

Ya en una de las sesiones del juicio por el expolio de los cascos celebrado en 2018, uno de los especialistas que testificó, Fernando Quesada, aseguraba que las piezas, a simple vista, estaban "sobrerrestauradas. Parecían muy reconstruidas, y en algún caso tenían tan solo un 20 o un 30% del original. La reconstrucción, además, se había hecho con criterios que ya no están vigentes y resulta muy difícil distinguir la parte auténtica de la reintegrada". Los análisis posteriores han acabado confirmando su impresión visual.

Raimon Graells ha coordinado el libro de la DGA junto a Ricardo González Villaescusa. Se trata de una publicación en gran formato, con más de 300 páginas y en la que han colaborado ocho especialistas. Uno de ellos, Alberto J. Lorrio, asegura no estar sorprendido por los análisis metalográficos. "Estas piezas suelen salir a la luz muy machacadas, pero luego en exposición aparecen perfectas –apunta–. Cuando trabajas en una excavación arqueológica tú sabes lo que te encuentras, pero en una colección privada no. Hasta que llegaron al Museo de Zaragoza tuvimos dificultades para estudiarlas: solo nos dejaban verlas a través del cristal de la vitrina, el restaurador no quiso compartir información... Ahora se las ha podido estudiar bien y podemos confirmar que la serie generó copias, imitaciones y falsificaciones".

Graells, en cualquier caso, destaca que "de los cascos que posee el museo todos tienen alguna parte original consistente" y cree que en los próximos meses o años se podrían recuperar más piezas. "Como ha quedado demostrado que proceden de un expolio reciente –subraya– en cierta medida están ‘manchados’ para los coleccionistas, les van a parecer poco atractivos. Ahora las instituciones deben trabajar para conseguir la devolución de más piezas". Se sigue ignorando el paradero de los que se vendieron en Christie’s.

Tanto él como Lorrio reclaman que se realicen campañas de excavación en el yacimiento de Aranda de Moncayo. 

La publicación del libro, hace un par de meses, tenía que haber llegado acompañada de la exposición de los cascos en el seno de una muestra sobre la Celtiberia. El 13 de diciembre de 2019, pocas semanas antes de que estallara la pandemia, se presentaban en el Museo de Zaragoza los siete cascos celtibéricos de Aranda de Moncayo. En el acto, el presidente aragonés, Javier Lambán, anunció que el Departamento de Educación y Cultura iba a organizar una gran exposición sobre la Celtiberia. La iniciativa tenía sentido, no solo por el regreso de las piezas a Aragón, sino porque la exposición ‘de referencia’ sobre la Celtiberia se remonta a 1988 (la organizaron Francisco Burillo, Jesús Ángel Pérez y Marisa de Sus) y desde entonces a hoy se han ampliado enormemente los conocimientos sobre la materia.

Quince meses más tarde, a comienzos de marzo pasado, el director general de Cultura, Víctor Lucea, presentó la temporada en los museos autonómicos y achacó la demora de la exposición a "los análisis y estudios exhaustivos que se han realizado a las piezas, y que han servido para preparar un libro que se presentará al tiempo que la exposición". El libro está a la venta desde hace un par de meses y de la exposición, por ahora, no se sabe nada.

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