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Ana Belén: el viaje a la gloria de la hija la portera

La artista cumple 70 años y para celebrarlo publica un monumental disco con sus temas más emblemáticos.

Ana Belén será una de las invitadas de 'Especial mujeres'.
Ana Belén.
Víctor Lerena /EFE

Esta mujer lleva desde los 13 años ganándose un sueldo. Desde que con cara de susto ganó un concurso de Radio España presentado por Bobby Deglané, Ana Belén no ha dejado de trabajar. Nacida en el barrio madrileño de Lavapiés, en la calle del Oso, muy cerca del Rastro, a esta niña prodigio le cambiaron el nombre, como hicieron con Marisol, Rocío Dúrcal y tantas otras. En el DNI de Ana no pone Ana Belén, sino María del Pilar Cuesta Acosta, hija de la portera Pilar Acosta y del cocinero del Hotel Palace Fermín Cuesta. Bobby Deglané la definió con una frase muy clasista pero muy definitoria de aquella época: "Vedla aquí con qué aire de princesa se mueve esta niña siendo hija de una portera".

Eran tiempos en que se vivía en la calle, mientras en la casa sonaban los seriales de Sautier Casaseca, las cabalgatas de fin de semana y las voces engoladas de las estrellas de la radio. Mas allá de las cuatro paredes de casa, de la que huía Pilar siendo niña porque hacía frío y era en la calle donde se vivía de verdad, muy lejos de aquellos hogares que olían a coliflor hervida, liberada de la maldición que acecha a los niños precoces como Marisol y Joselito, Ana Belén es una mujer que este jueves cumple 70 años, aniversario al que llega con un halo de resistencia, sin haberse convertido como tantas estrellas en un juguete roto, sabedora de que ya es un mito, y de que aunque los años pasen, su nombre ya se puede labrar en piedra.

Para celebrarlo, Ana Belén hace un recorrido por sus 50 años de carrera musical. Publica un disco, 'Ana Belén 70', que son en realidad cuatro cedés editados en formato de libro. En ellos se reúnen 70 temas que forman ya parte del cancionero popular y la historia sentimental de España. Ahí están 'Contamíname' , 'Arde París', 'Un vestido y un amor', 'España camisa blanca de mi esperanza', 'Desde mi libertad', 'Lía' y 'No sé porque te quiero', entre otros muchos.

Debutó con 'Zampo y yo', al lado de Fernando Rey. De la película guarda buenos recuerdos, salvo del director, Luis Lucía, un hombre de carácter avinagrado que ordenaba a gritos que llevaran a la adolescente al médico cada vez que le salía un grano de acné en la cara. Curiosamente, una de las mujeres más bellas y deseadas del cine, el teatro y la canción quedó acomplejada durante todo aquel rodaje desde que el atrabiliario Luis Lucía le prohibió que riese para no enseñar su dentadura prominente.

La película, simplemente horrorosa, no funcionó, pero sirvió para que Ana Belén conociera al director de escena Miguel Narros, quien la convenció para que estudiara en serio arte dramático en el Teatro de Estudio de Madrid (TEM), donde se formó a las órdenes de William Layton y el propio Narros. A los quince años debutó en las tablas del Teatro Español con 'Numancia', de Miguel de Cervantes. Gracias a ese aprendizaje, que la obligó a representar a los clásicos, Ana Belén se convirtió en una actriz de estupenda dicción, cosa que no se cansa de encomiar el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón.

En esos años de formación, estando de gira con la obra 'Sabor a miel', se produjo un encuentro fortuito de los que hacen época. Hotel Atlántico de La Coruña. Ese es el escenario en que se conocieron Víctor Manuel y Ana Belén, con un testigo insólito, Julio Iglesias. Ana Belén actuaba en el teatro Rosalía de Castro, y Víctor compartía escenario con Julio, quien se acordaba de la actriz: "La conozco porque no quiso hacer conmigo 'La vida sigue igual', la película", dijo el hombre que se olvidó de vivir. Víctor y Ana rodaron juntos 'Morbo', de Gonzalo Suárez, y la química funcionó. La pareja se casó en Gibraltar el 13 de junio de 1972, en una ceremonia por lo civil, como hicieron tres años antes Yoko Ono y John Lennon. En Gibraltar casarse sin pasar por vicaría consistía en un papeleo sencillo; si lo hubieran hecho en España, tendrían que haber apostatado.

Entre esa niña de aire mojigato y esta mujer que se adentra en los setenta transcurre una carrera impresionante. Ha dado vida a los grandes personajes femeninos de la literatura española, a la Fortunata de Galdós, la Mari Gaila de Valle-Inclán y la Adela de García Lorca. Ha hecho a Shakespeare, Offenbach, Eurípides. Se ha metido en la piel de Fedra y Medea.

Musa de la Transición y de la intelectualidad de izquierdas, su mito comenzó a fraguarse cuando, como cantante, grabó el disco 'La paloma de vuelo popular', que incluía la canción 'La muralla', un tema con letra del poeta con Nicolás Guillén que fue entronizado como himno del antifranquismo. En 1974, cuando Franco aún vivía, hizo historia cuando enseñó el primer pecho desnudo del cine español en 'El amor del capitán Brando', una película vilipendiada por el clero y que hizo hervir a legiones de adolescentes de hormonas amotinadas.

Antes del desencanto y el descreimiento, cuando militar en el PCE confería un estatus de progre irreprochable, no había causa en la que Ana Belén no se comprometiera. Allí estaba en la huelga de actores de los setenta, las manifestaciones contra la OTAN, detrás de las pancartas del 'No a la guerra', formando camarilla con Miguel Ríos, Serrat, Rosa León, Sabina y Aute. De ser la "a sonrisa del PCE", con el tiempo engrosó el grupo de "artistas de la ceja", los que en 2008 apoyaron la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero.

Su marido, Víctor Manuel, se convirtió en su compositor fetiche. Rebeldes y guapos, Víctor y Ana grabaron discos imperecederos como 'Mucho más que dos', o 'Para la ternura siempre hay tiempo'. Mientras los ochenta arrasaban con los sueños de la progresía y los ideales ardían en la pira del pelotazo y el dinero fácil, Ana Belén brillaba con luz propia, ya fuera cantando 'La puerta de Alcalá' o dando vida a una castiza chica en 'La corte del faraón'.

Con la edad no ha perdido su apostura de garza ni su sonrisa carnívora. En su haber está el haber alcanzado un premio de honor en los Grammy latinos y un Goya en homenaje a toda su carrera. La travesía de Ana Belén no ha acabado. Pese a las ilusiones perdidas, pese a la desesperanza ante tiempos inciertos, su voz y estampa conservan la aleación secreta de la belleza.

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