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Ignacio Vicens: "El objeto de la arquitectura no puede ser otro que la felicidad de quien la usa"

Vicens (Madrid, 1949) impartió el pasado martes la conferencia magistral del acto de graduación de las alumnas de 2º de Bachillerato del colegio Sansueña de Zaragoza

IGNACIO VICENS ( ARQUITECTO ) / 19/05/2021 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
El arquitecto Ignacio Vicens, ayer, en Zaragoza
Oliver Duch

Usted empezó estudiando Derecho antes que Arquitectura...

Hice tres años porque al principio quería ser diplomático. De repente, una noche, un amigo del colegio que estudiaba Arquitectura me pidió que le ayudara y me pareció algo fascinante. Vi a una persona que era capaz de crear, imaginar cosas, dibujar... así descubrí todo aquello. No tenía ni idea de arquitectura pero decidí que tenía que dedicarme a esta profesión.

Fue alumno de Francisco Javier Sáenz de Oiza y Javier Carvajal Ferrer.

Tuve muchos maestros, no solamente Sáenz de Oiza y Carvajal. He sido afortunado y, precisamente ahora, una de las cosas que me anima es llegar a su altura (no lo conseguiré). Javier Carvajal fue una persona increíble, de una cultura extraordinaria, que convertía todo en arquitectura, y Javier Sáenz de Oiza, un hombre apasionado. Eran dos grandes personas, pero he tenido otros magníficos profesores, como Fernández Alba o Carlos Sambricio.

¿Qué relación tiene la tesis que realizó sobre arquitectura efímera barroca con la creación de los escenarios de las visitas de Juan Pablo II y Benedicto XVI o los preparativos de la boda del entonces Príncipe Felipe con Letizia Ortiz?

Estaba terminando mi tesis doctoral cuando vino por primera vez el papa Juan Pablo II a España, en 1982, y con una caradura enorme me presenté directamente ante el cardenal de Madrid para ofrecerme a construir el escenario en el estadio Bernabéu que acogería su visita. Le debí hacer gracia y aquella fue mi primera experiencia de arquitectura efímera. Salió bien, y luego ya me encargaron proyectos para sus siguientes visitas a Madrid. Y lo mismo sucedió cuando vino Benedicto XVI, en 2011.

La arquitectura religiosa siempre ha estado a la vanguardia del diseño. ¿Sigue ocupando ese lugar en la actualidad?

Al menos eso es lo que yo pretendo. Durante mucho tiempo se ha tenido miedo a la modernidad. En España tenemos una historia de arquitectura moderna religiosa impresionante. Ahí están los proyectos de Fernández del Amo, Carvajal, Fisac o Sáenz de Oiza, que son un ejemplo de integración de las artes.

Algunas obras suyas de este tipo han sido innovadoras. Pienso en la iglesia de Rivas-Vaciamadrid y la de Ponferrada...

Ha habido una especie de retraimiento y de temor a la experimentación, a lo no conocido, y cuando uno empieza a tener miedo, la ha fastidiado. El miedo aniquila todo. Ignorancia, miedo y odio son los grandes enemigos del hombre que le impiden avanzar y arriesgar.

¿Recuerda el proyecto que realizó su estudio para la Expo 2008, el pabellón de la telecabina?

Diseñar el pabellón Aramón-Leitner fue algo maravilloso, con un gran espacio de exposiciones donde se organizó una muestra de arte contemporáneo que contó con obras de artistas importantes, como Olafur Eliasson. Creamos un espacio abierto y ventilado que por las noches era maravilloso. El más bonito ‘chill out’ que he visto en mi vida.

¿Qué importancia tiene la docencia en su profesión?

Es básica. No sabría separar la docencia de mi trabajo profesional como arquitecto. Evidentemente, todo es influencia de Carvajal y de Sáenz de Oiza. Ellos investigaban hablando, enseñando el trabajo que habían realizado en el estudio. La posibilidad de combinar enseñanza teórica y las experiencias disciplinares que uno ha recibido es un privilegio. Creo que soy lo que soy por las clases que he podido dar.

Suele defender que la arquitectura aporta felicidad...

Sin duda. El objeto de la arquitectura no puede ser otro que la felicidad de quien la usa. Pero la arquitectura también es cultura. No solo consiste en resolución de cuestiones materiales. El hombre tiene una dimensión espiritual que no se satisface solo con cosas materiales; y es obligatorio darle también a todo el mundo su parte de belleza, de dignidad y de orden.

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