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El Jardín de la Media Legua, una rosaleda única que planta cara a la pandemia

Las dificultades derivadas de la crisis para importar nuevas plantas han condicionado la frondosidad de esta colección zaragozana de rosas, única en España, que, pese a todo, luce esplenderosa esta primavera.

"Parece mentira que hasta a una rosaleda le afecte el coronavirus, pero así es", dice el farmacéutico y empresario cosmético Jerónimo Ors, heredero y actual custodio del Jardín de la Media Legua, una de las rosaledas más espectaculares y valiosas de España por su variedad y singularidad. La colección, que reúne más de 2.000 tipos, le llegó de manos de su padre, Julio -también boticario-, quien creó hace ya casi 60 años este rincón con las particularidades de un 'ortus conclusus', esto es, un jardín cerrado, de alcance privado, creado únicamente con fines contemplativos, una suerte de refugio para el puro disfrute, que hunde sus raíces conceptuales en los huertos de los conventos. La Media Legua no es el jardín de una casa. Es un jardín. Punto.

Ese espíritu, tanto como las propias flores, es el que a toda costa trata de preservar Jerónimo Ors. La peor cara del avance urbanístico ha venido acechando este enclave, que nació en las afueras de Zaragoza pero al que con el paso de los años le ha acabado cercando el cemento. Su momento más delicado fue cuando el trazado del AVE amenazó con comerse gran parte del "huerto", como lo llama la familia, y que fue finalmente salvado por la presión popular. También el cuarto cinturón y su ruido han ido minando su vocación de oasis. A todos estos embates han ido resistiendo las rosas, delicadas pero que a la vez han servido de símbolo de fortaleza en muchos momentos de la historia.

Si bien el insaciable crecimiento urbano es algo con lo que los Ors han lidiado durante años, hay una amenaza con la que que no contaban: el coronavirus.

Rosas en el Jardín de la Media Legua.
Rosas en el Jardín de la Media Legua.
Guillermo Mestre

En 2020, el confinamiento hizo que el espectacular florecimiento de las rosas del Jardín de la Media Legua se produjera, por vez primera vez, ajeno a las miradas. No es el caso este año, en el que Ors ha salido de nuevo a su encuentro. Reconoce, no obstante, que la pandemia se ha dejado sentir. "La crisis está complicando la posibilidad de importar rosales", explica Jerónimo. La cuestión no es menor porque la rosaleda necesita renovación continua. Cada año mueren de viejos una media de 300 rosales que se sustituyen por otros -mayormente traídos de Inglaterra-, siempre de la mejor estirpe genética, convenientemente acreditada en un árbol geneálogico floral que el propio padre de Jerónimo pintó en una de las paredes y que tiene a la 'rosa gálica offcinalis' como madre de todas. Y es que una rosa es una rosa, pero no todas son la misma: la de la Media Legua son perfectas por fuera... y por dentro.

Todas y cada uno tienen algo más que unas características concretas, prácticamente tienen su propia personalidad. Tanta, que hasta los literatos tomaron buena nota de ella: "Esta es la Rosa Mutábilis -señala Ors-. Es la de 'Doña Rosita la Soltera', 'Roja por la mañana, en la tarde se pone blanca, y se deshoja por la noche. Solo dura un día". En palabras de Lorca: “Cuando se abre en la mañana, roja como sangre está. El rocío no la toca porque se teme quemar. Abierta en el mediodía es dura como el coral, el sol se asoma a los vidrios para verla relumbrar. Cuando en las ramas empiezan los pájaros a cantar, y se desmaya la tarde en las violetas del mar, se pone blanca cual blanco de una mejilla de sal, y cuando toca la noche, blanco cuerno de metal, y las estrellas avanzan mientras los aires se van, en la raya de lo oscuro, se comienza a deshojar”.

En estos meses de crisis sanitaria el jardín ha reforzado su condición de refugio y de entorno ideal para reflexionar sobre cuestiones que puso sobre la mesa el confinamiento, como el papel edificante de la naturaleza, la belleza de lo cercano y de las pequeñas cosas, el valor de lo efímero... La de mayo es una floración de disfrute breve aunque esplendorosa, ya que prácticamente todos los zarzales se abren a la par.

Las rosas del Jardín de la Media Legua.
Las rosas del Jardín de la Media Legua.
Guillermo Mestre

Aparte de su carácter contemplativo, la rosaleda forma parte asimismo del ADN de los cosméticos Paquita Ors, marca veterana que ha hecho del agua de rosas uno de sus productos emblema. Ors se enorgullece de su fórmula, casi literalmente de leyenda. No en vano, recurre a una para explicar las bases de su producto: "Luz del Mundo era una princesa árabe. Aburrida, se dedicaba a mirar por la ventana y a deshojar rosas, cuyos pétalos caían en una acequia. El olor embriagante la puso a pensar cómo hacer para que permaneciera en el agua. Lo logró añadiendo polvos de talco y dejando macerar la mezcla. Años después otra princesa del palacio se enamoró de un cristiano. Huyó con él a Occidente y así llegó hasta aquí el agua de rosas".

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