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Picasso se baña en el arte del Mediterráneo

El Centro Botín de Santander explora la influencia de la escultura y la cerámica iberas en el artista y su papel en el origen del cubismo.

Una de las piezas de la exposición
Una de las piezas de la exposición
Vocento

Si Paul Gauguin encontró en los colores vivos de Tahití su manera de romper con el academicismo, su amigo Picasso no tuvo que ir tan lejos. Le bastó con bajar de su estudio en Montmatre al museo del Louvre para saber qué estaba buscando: rasgos faciales que podían representarse con un par de movimientos de muñeca, una economía de formas y tonos que eliminaba los detalles superfluos de la pintura académica y le acercaba a lo aprendido de Cézanne, la visión de las personas y sus objetos a través de figuras geométricas.

En el Louvre había desde finales del XIX una sección de arte íbero, procedente de excavaciones del litoral mediterráneo español, de Jaén y Albacete. Picasso conocía el arte preclásico en España pero en el Louvre se produjo la revelación, y entre 1906 y 1908 realizó una serie de dibujos y pinturas que inauguran el cubismo y cuya influencia de las cabezas iberas es evidente, según revela la exposición que abre este sábado el Centro Botín de Santander.

'Picasso íbero' reúne hasta septiembre más de 200 piezas procedentes de museos arqueológicos como los de Madrid y Albacete, de la colección del Louvre que vio el artista, así como del Picasso de París, entre una larga lista.

Se conocía la relación entre el genio malagueño y sus remotos antecesores. Hubo en ella episodios novelescos como su compra en 1906 de dos cabezas íberas robadas del Louvre por el aventurero belga Honoré-Joseph Géry Pieret, secretario de su amigo el poeta Guillaume Apollinaire, primer teórico del cubismo. Por esas pequeñas esculturas que guardó en un armario de su habitación, según su pareja Fernande Olivier, fue interrogado en 1911. La Policía buscaba pistas de otro robo, el de la 'Gioconda', y a causa de todo el lío Apollinaire, que mantuvo el pico cerrado, descansó un par de meses en la cárcel.

Piezas de la exposición
Piezas de la exposición
Vocento

Pero lo que se expone en el Botín supera estas historias y se presenta con autoridad intelectual -y con un prodigioso montaje que evidencia las conexiones- como la primera muestra que trata el iberismo picassiano a fondo. Al entrar en la exposición, el visitante ve de un golpe una escultura de una mujer oferente del santuario del Cerro de los Ángeles en Albacete, datada entre los siglos III-I a.C., y la interpretación de Picasso de 1933. Las relaciones son tan obvias que a partir de ahí se trata de profundizar y de dejarse sorprender.

Esa escultura picassiana tiene un significado especial. Se expuso junto al 'Guernica' en el Pabellón Español de la Exposición Universal de 1937. Picasso subrayó que también pertenecía al Estado español, que solo volvería cuando se reinstaurase la democracia y que debía exponerse junto al mural sobre el bombardeo nazi de la villa vizcaína. Así se hizo, primero en el Casón del Buen Retiro y luego en el Reina Sofía.

Contra la exuberancia

Como insistió la comisaria Cécile Godefroy, no se puede atribuir solo al arte íbero la idea del cubismo del malagueño. Hay otras influencias como el románico catalán y piezas de África y Oceanía, que marcaron varios movimientos de vanguardia. Pero los estudios preparatorios de 'Las señoritas de Avignon' -propiedad del MoMA neoyorquino e inamovible de sus salas- y las pinturas anteriores y posteriores a ese cuadro que se exhiben en el Botín hablan con elocuencia de la intimidad de esa relación. Un vínculo que no se agotó entonces y que se mantuvo a lo largo de toda su vida. De hecho, la muestra recoge cerámicas de los cincuenta junto a vasijas íberas y un cuadro de 1970 con ecos formales del arte del Mediterráneo antiguo, de los griegos y fenicios, y de su desembocadura en los iberos.

Además de Godefroy, ha comisariado la exposición Roberto Ontañón, con apoyo de un comité de expertos encabezado por Pierre Rouillard, quien precisó que a Picasso no le interesaba la Dama de Elche -de la que se expone una copia- por su exuberancia ornamental, contraria a la forma esencial que buscaba.

La muestra permite conocer a fondo una de las grandes fuentes de inspiración del genio y descubrir el rico arte íbero, con sus combinaciones de animales y seres fantásticos y con sus cerámicas, sus cabezas y esculturas en piedra caliza. Un mundo entre lo humano, lo natural y lo sobrenatural que fascinó a Picasso y que le mostró una vía para avanzar en la modernidad desde lo más antiguo.

Una sociedad desarrollada, compleja y jerarquizada

La influencia de las colonizaciones históricas (fenicia, griega y cartaginesa) y de la posterior conquista romana fue muy importante en la formación, desarrollo y declive de la civilización íbera. Los colonizadores aportaron novedades fundamentales como el hierro y el torno de alfarero, el aceite, el vino, el alfabeto y la moneda. Pero no se quedaron solo en los aspectos materiales, también trajeron a sus dioses, cuyos cultos se expandieron rápidamente entre las distintas poblaciones locales.

El nivel de desarrollo económico, social y cultural de los pueblos iberos fue elogiado a menudo por los escritores clásicos. No era para menos; fueron sociedades complejas, jerarquizadas, en las que una élite aristocrática consolidaba su posición dominante gracias al comercio colonial.

Así las cosas, las relaciones de los pueblos íberos con otras civilizaciones mediterráneas, primero pacíficas y después bélicas, dejaron una profunda impronta en las estatuas, la cerámica, la joyería y otras elaboraciones iberas que mantienen, sin embargo y a pesar de esa huella, un fuerte componente indígena.

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