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LETRAS ARAGONESAS. OCIO Y CULTURA

José Luis Rodríguez: "La poesía me sirve para no olvidarme de mí mismo"

En vísperas del Día Mundial de la Poesía, el escritor publica 'Almanaque de la intemperie' (Papeles mínimos) un diálogo con el ser y su propia memoria

JOSE LUIS RODRIGUEZ GARCIA ( ESCRITOR ) / 17/05/2016 / FOTO : OLIVER DUCH
José Luis Rodríguez García es poeta, narrador y ensayista.
Oliver Duch.

José Luis Rodríguez García (León, 1949), catedrático de Filosofía y escritor, ofrece un nuevo poemario: un viaje alrededor de la memoria, la identidad, la amenaza de la muerte y la imaginación surrealista. El próximo domingo se celebra el Día Internacional de la Poesía. 

Si hacemos caso al diccionario, ‘Almanaque de la intemperie’ (papeles mínimos, 2021) querría decir «Calendario de la desigualdad del tiempo». ¿Sería esta la acepción del título?

Creo que no. No me refiero a la desigualdad del tiempo, sino a la heladez en la que hemos llegado a sobrevivir. La pandemia es un hecho. Pero ya antes estábamos podridos, viviendo en la intemperie. Acaso no los habitantes de lo que llaman el primer mundo, pero miles de millones morían de hambre ante nuestra indiferencia. Pero me plantea un artilugio al que no soy capaz de responder: «desigualdad del tiempo», sí, claro, como acabo de apuntar. Aquí y allá, pero también dentro de aquí. Pero le confieso que el título del libro es muy ocasional. Se titulaba ‘Blues de otoño’, pero Imanol, el editor, me advirtió, ya lo sabía, que Karmelo Iribarren acababa de editar un magnífico libro de pomas titulado ‘Blues de San Sebastián’. Imanol me dijo: «Son demasiados ‘Blues’ para un trimestre». Nos divertimos buscando títulos, y llegamos a éste.

¿Sería más bien una vida recordada y evocada a la intemperie?

Esto es rigurosamente cierto. Vida recordada a la intemperie… Pero la verdad es que a estas alturas me importan más las vidas de los otros que la mía propia. Bueno, esto suena un poco a ‘boutade’. Pero lo digo como lo siento. Contemplo un mundo que se derrumba y su demolición me entristece, aunque, como todo el mundo debiera saber, hemos nacido para pisar caminos, leer libros, cultivar amistades y soñar un buen epitafio.

¿Cómo surgió el libro? De entrada, podríamos decir que parece una introspección en 14 poemas de 50 versos cada uno.

Claro. Tiene razón. Doce meses dan muchas horas para leer, releer, pintar… En mucho tiempo uno revisa su vida y la de quienes le han acompañado. Tenía escritos otros poemas. Pero creo que ya es suficiente con esta docena de preguntas dirigidas a ese Tú genérico, que también es parte de mi cuerpo, pero distante, porque, como sabe, soy radical defensor de la diferencia y del encuentro.

Y a la vez, parece una especie de diálogo con el hombre que ha sido a lo largo del tiempo. ¿Tiene la sensación de que es una microhistoria y a la vez una macrohistoria del país, de una parte del siglo?

Solo le puedo responder que sí.

Ja ja ja. ¿Por qué elige la segunda persona? Es como si le hablase en el espejo del tiempo.

Elijo la segunda persona porque me parece que uno no puede hablarse a sí mismo. Para eso ya está la masturbación. El Tú es el Otro que acompaña, que se envalentona en combates, que comparte bebidas, que mira las mismas películas. Necesitaba una distancia. Y quisiera haberla remarcado con la última estrofa de cada poema donde aparece el Yo, evidentemente este sufriente, el Nosotros, porque nunca me he sentido rematadamente solo.

¿Qué le da la poesía, qué viajes le permite hacer?

Hay gentes que dicen que la poesía es fundamental en la vida. Me permito disentir. Si no existiera la poesía habría bombas nucleares y gilipollas. A mí la poesía me sirve para no olvidarme de mí mismo. Nada más. Y para que los amigos me estimen un poco. Era lo que buscaba Bryce Echenique, ¿no?, me lo recordaba muchas veces la hermosa Ana M.ª Navales…

¿Cómo se enfrenta a ese torrente de imágenes? ¿Llegan de golpe, las lleva en su maleta de escritor, nacen de la intuición?

Se van cocinando en el corazón. Luego, sobre todo en la noche, mirando a la oscuridad, se alteran, las imágenes son juguetonas, no las domino… Las imágenes no son nuestro producto, nosotros somos el resultado de las imágenes que tenemos, que nos invaden.

Me ha parecido que el libro, que no es realista exactamente, tiene siempre como un destello surrealista en las imágenes, en las comparaciones, en la capacidad de sorpresa...

Sí. Destellos surrealistas. Nadie que escriba poesía ha podido esquivar el surrealismo. Ni siquiera los que no lo reconocen. Yo releo a Fernando Ferrero, a Rosendo Tello o a David Mayor y descubro un mapa surrealista en sus maravillosos viajes poéticos. Claro, yo comencé a reverenciar el surrealismo a los veinte años. Así me va la vida, muy surrealista.

Dice en un poema «Tú no quieres hacer la revolución». Tengo la sensación de que en distintos grados siempre ha querido emprender alguna revolución...

Es inevitable. La gente que compra el pan parece no entender que ellos, sus hijos, sus padres, están llevando a cabo minirrevoluciones. ¿La otra…? Fíjese que en le última estrofa del poema me refiero a la gran revolución que tendrá lugar cuando terminemos de contar los granos de arena de la playa. Pasado mañana, cuando gobierne el reino de los Simios.

Se habla de muchas cosas en el ‘Almanaque’: la condición de hijo, el asombro, la libertad, el mundo que se desmorona. ¿Tiene el libro un matiz elegíaco?

Claro. El mundo se desmorona, no, el mundo no, mi mundo. Y qué voy a hacer… Soy afortunadamente un harapo bien conservado en la intemperie…

¿Cómo evoluciona el poeta José Luis Rodríguez García? Para algunos lectores es el escritor favorito que hay en usted...

No lo sé. Entiendo que desde hace diez años he estado despidiéndome de horas y lunas… Mis últimos libros de poemas apuntaban por ahí. Pero vuelvo una y otra vez a coger la estilográfica… El otro Yo que soy se irrita y no quiere callarse. Es inaudito.

¿Qué lecciones nos ha dado la pandemia y cómo se enfrenta un filósofo y un poeta como usted a ella?

La pandemia ha sido un reto espectacular de la naturaleza. No puedo opinar médicamente del asunto. Culturalmente, nos ha destrozado. Como filósofo soy capaz únicamente de subrayar el cataclismo que supone la pérdida de valores que se han ido difuminando: responsabilidad, empatía, cuidado del otro, esperanza para superar esta intemperie si se respetan los valores que acabo de mencionar… Pero a algunos filósofos les ha dado por creerse miembros de la Royal Society of Science y pontifican. Como poeta, no puedo responder. Ya lo hicieron los narradores florentinos, Daniel Defoe o Albert Camus… Todos admirables. Lamentablemente, están muertos y no nos pueden vigilar.

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