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la memoria de goya en aragón / 3

Goya en la Cartuja de Aula Dei: todavía una experiencia exclusiva

Solo 40 personas pueden ver ahora semanalmente las pinturas del artista en este monasterio (el doble hasta que empezó la pandemia). Son murales que piden cuidados. Uno de ellos los recibió de urgencia en 2020.

Mario Sebastián, de Chemin Neuf, abre las puertas de la iglesia de Aula Dei, donde están las pinturas de Goya
Mario Sebastián, de Chemin Neuf, abre las puertas de la iglesia de Aula Dei, donde están las pinturas de Goya
Oliver Duch

Ver la obra de Francisco de Goya en la cartuja de Aula Dei sigue siendo una experiencia exclusiva, al alcance solo de los afortunados que logran hacerse con una de las entradas que vende el grupo católico francés Chemin Neuf, allí instalado desde 2011. Hasta que la pandemia lo trastocó todo, eran unas 4.000 personas al año. Son muchas menos ahora, entre confinamientos y limitaciones de aforo. El 4 de diciembre, el presidente aragonés, Javier Lambán, se desplazó al monasterio y en su iglesia, rodeado por las pinturas, firmó un convenio con esa comunidad religiosa para ampliar las visitas, sin precisar ni en qué medida ni cuándo. Pasados más de tres meses, a las puertas de que el próximo día 30 se cumplan 275 años del nacimiento del artista, nada ha cambiado.

La Administración pública ha invertido mucho en tiempos recientes en hacer accesible esta muestra principal del Goya joven, un conjunto originalmente de 11 grandes escenas representando la vida de la Virgen, del que se conservan siete. Además de restaurar varias veces las pinturas y sufragar distintas obras de conservación en el monasterio, se llegó a pagar con dinero de todos la construcción de un túnel subterráneo para sortear el veto de los anteriores moradores del mismo, los cartujos, a la presencia de mujeres, facilitando que estas pudieran acceder desde el exterior del conjunto arquitectónico a las bodegas y de allí al templo donde están los murales. Se gastaron 70 millones de pesetas (al cambio, cerca de 420.000 euros) y se promovió para el anterior gran aniversario del artista, los 250 años transcurridos de su nacimiento, en 1996, aunque no estuvo listo hasta finales del 98. Entonces fue inaugurado por la reina Sofía, primera mujer en entrar sin necesidad de la bula papal que habían precisado las tres ‘excepciones’ registradas históricamente: la infanta Isabel en 1913, la restauradora de esas pinturas Teresa Grasa en 1978 y la secretaria judicial Inés Lafuente en 1995.

El túnel ya está sin uso. Ahora, las visitas, de un grupo cada sábado, hacen un recorrido de unos 90 minutos que comienza en la portería del cenobio, atraviesa el jardín y llega hasta las obras goyescas por la puerta principal de la iglesia, y concluye en la sala capitular, con la opción de conocer también un claustro y una celda monacal. Hasta 2012 las guiaba la DGA a través de la Fundación Goya en Aragón; en estos momentos se ocupa de ello Chemin Neuf, que hace uso de Aula Dei, tras recibir la cartuja en donación, como un centro de formación y para lanzar su proselitismo en los países de habla hispana. La gestión de las entradas la mantiene la web ZaragozaGo y tienen un precio general de 6 euros, 4 para jubilados, familias numerosas, personas discapacitadas, parados y estudiantes, y gratis para menores de 7 años. Suelen estar agotadas para varias semanas en adelante, aunque hay que estar atento porque a veces queda alguna libre a última hora.

Los visitantes se reúnen en un punto de acceso donde están a la venta postales e imaginería religiosa, además de productos artesanales y gastronómicos aragoneses y franceses. El grupo es de 40 personas, la mitad que antes de las restricciones por la pandemia. Atravesando el muro exterior, se encontrarán inmediatamente con el ambiente de recogimiento que acompañaba antes a los cartujos y ahora a los miembros de Chemin Neuf. El silencio apenas se rompe por los juegos de los hijos de estos. Los sonidos de la ciudad, de Zaragoza, llegan muy amortiguados.

Antes de entrar en la iglesia, el zaragozano Mario Sebastián, uno de los pocos españoles que pertenecen al grupo religioso originado en Lyon en 1973, ofrece una completa información. Empezando por el origen de la cartuja, «totalmente vinculada a la vida espiritual de los monjes», comenzada a construir en 1564. Su apogeo llegaría dos siglos después; y en el XIX, sus momentos más convulsos, por su conversión en cuartel por las tropas ocupantes francesas, la Desamortización de Mendizábal y finalmente la compra por un empresario textil, cuya actividad causó las humedades que acabaron provocando la pérdida de cuatro de las obras de Goya, luego sustituidas por otras de los hermanos, asimismo franceses, Amédée y Paul Buffet. En el XX, Aula Dei vuelve a ser de los cartujos hasta que en 2011 los que quedaban, pocos y ancianos, marchan a Porta Coeli, en la provincia de Valencia.

Un veinteañero Goya, pero ya formado en Italia, trabajó en Aula Dei, pintando directamente sobre el muro, en ese periodo de esplendor de la cartuja. Estuvo haciéndolo al menos entre 1772 y 1774. Los visitantes escuchan dentro del templo una grabación que detalla cada una de sus siete pinturas que han llegado a nuestros días (con retoques de los Buffet).

Visitantes deambulan por la iglesia de Aula Dei donde están las pinturas de Goya.
Los visitantes de Aula Dei contemplan las pinturas de Goya en la iglesia de la cartuja
Oliver Duch

De tema mariano, son de gran tamaño y de una estética todavía clasicista. Entre los personajes ‘secundarios’ hay quien cree ver un autorretrato del artista. Un cuñado de este, Franscico Bayeu, pintó a los lados del retablo de la iglesia. De otro, Manuel Bayeu, que fue monje cartujo, hay obra en una de las capillas que se asoman al claustro. Y llegó a haber más obras goyescas conservadas en el monasterio. Según aparece en un documento de un legajo que se había traspapelado en el archivo de la Academia de San Luis, y que no hace mucho estudió el historiador del arte Wifredo Rincón, durante la Desamortización de 1835 se perdieron varios bocetos de su autoría.

Los murales de Goya fueron restaurados por Teresa Grasa y Carlos Barboza entre 1978 y 1981, y nuevamente, entre 2009 y 2011, por la empresa Tracer, en esta ocasión con un presupuesto superior a los 500.000 euros que costeó el Gobierno de Aragón. El pasado octubre, la DGA anunció que otra vez había tenido que actuar de urgencia en uno de ellos, el que representa ‘El nacimiento de la Virgen María’, con pérdidas originadas por la humedad; volvió a ocuparse de ello Tracer, que cobró unos 7.000 euros. Los problemas de conservación son evidentes. Una grieta en la pared atraviesa otra escena partiéndola prácticamente en dos.

El recorrido guiado por Aula Dei termina en la sala capitular, donde se reproduce un vídeo promocional de Chemin Neuf y luego se atienden preguntas. Actualmente, unos 20 miembros de este grupo, dos de ellos españoles, viven en la cartuja, que se dejó en sus manos hace un decenio con el visto bueno del Gobierno aragonés. Además, van pasando por allí continuamente familias de distintos países para lo que ellos denominan «ciclos de formación espiritual», con estancias de varios meses. Este año, los niños están escolarizados en San Mateo de Gállego.

La cúpula ‘Regina Martyrum’ del Pilar por fin no es noticia

Las pinturas de Goya en el Pilar no han sido noticia en los últimos años. Y esto es una muy buena noticia, porque significa que se mantienen sin problemas, y costó lo suyo a comienzos de siglo, en tiempo y en dinero, público y privado, que un conjunto tan excepcional quedase por fin preservado. Para verlo ahora, en pandemia, hay limitaciones de aforo en la basílica, pero esta permanece abierta entre 8.30 y 13.30 y de 16.30 a 20.30.

Tuvieron que pasar diez años desde que trascendió que el Cabildo había detectado varios desconchones en las pinturas de la cúpula ‘Regina Martyrum’, la obra mayor del artista en su tierra natal, hasta que en 2007 el entonces príncipe Felipe presidió la celebración del final de las obras de restauración que han garantizado su supervivencia, incluidas la de las cubiertas de la basílica.

La cúpula en la que Francisco de Goya representó en torno a 1780 a la Virgen María como Reina de los Mártires ha sido objeto de cinco intervenciones desde finales del XIX; la última se enfrentó a unos graves daños debidos a las filtraciones de agua, unidas a los excrementos de paloma. La empresa Tracer hubo de proteger las zonas inestables, consolidar las grietas y morteros, eliminar las sales, limpiar la película pictórica y reintegrar las pérdidas. Además, se actuó en el saneado de todos los elementos decorativos de la cúpula. Y se colocó un nuevo sistema de iluminación. Todo, con un presupuesto de 1,2 millones de euros, aportados por la Fundación Caja Madrid y el Gobierno de Aragón.

Detalle de la cúpula del Pilar ‘Regina Martyrum’, obra mayor de Goya en Aragón
Detalle de la cúpula del Pilar ‘Regina Martyrum’, obra mayor de Goya en Aragón
José Miguel Marco

Esta pintura al fresco es la de un artista que ya había madurado, trascendiendo el clasicismo, y que expresó todo su genio, trabajando casi con trazos impresionistas. Fue una ejecución ‘con manchas’, teniendo siempre en cuenta que su composición iba a ser vista desde la lejanía, por la que fue muy cuestionado y que le enfrentó al Cabildo. Podrá apreciarse al detalle si el Gobierno de Aragón pone en marcha la aplicación que anunció con motivo del aniversario goyesco de 2021, y que debiera ofrecer imágenes en alta definición de esta obra y otras ‘en las alturas’ como las de las pechinas de la iglesia de Remolinos. Se está desarrollando y no hay fecha todavía para que esté disponible.

Hay un relevante documento referido a la ‘Regina Martyrum’ que fue identificado hace pocos años en el Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya tras décadas en paradero desconocido: es una carta en la que el artista, dolorido, se defiende del citado aluvión de críticas. Llegó allí procedente de la basílica de Begoña y se ignora cómo antes pudo salir de la del Pilar.

Sí se encuentran en la iglesia zaragozana los dos bocetos de la cúpula, expuestos en una vitrina junto a detallada información sobre la misma.

En la bóveda del coreto se encuentra la otra pintura goyesca de la basílica
En la bóveda del coreto se encuentra la otra pintura goyesca de la basílica
S. P.

La otra gran obra de Goya en el Pilar es de juventud, a la vuelta de Italia, del año 1772, la que realizó en la bóveda del coreto, frente a la Santa Capilla, donde representó ‘La adoración del nombre de Dios por los ángeles’. Fue restaurada en 1993. Previo pago de un euro, puede activarse un sistema de iluminación para contemplarla. El boceto se conserva en el cercano Museo Goya Colección Ibercaja, entidad que lo compró a comienzos de siglo a un coleccionista privado catalán.

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