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La desconocida historia de una mujer pionera: Carmen Moraleda Carrascal

Nacida en Ariza en 1906 y fallecida en 1985, se licenció en Medicina con Amparo Poch, se casó con José María Muniesa y pasó inavertida en la posguerra

La olvidada pionero Carmen Moraleda Carrascal.
Retrato de boda de Carmen Moraleda y José María Muniesa, fusilado en Valdespartera en 1936.
Archivo Pedro Ciria.

El historiador y escritor Pedro Ciria, autor de ‘La inocencia del cruasán’ (Doce robles, 2020), que gira alrededor de la Zaragoza de 1923, la figura de José María Gayarre, el viaje de Einstein a Zaragoza o la oleada de actividades anarquistas que provocaron la muerte del cardenal Juan Soldevila, ha reparado en una mujer muy especial: la médico Carmen Moraleda Carrascal (Ariza, Zaragoza, 1906-Zaragoza, 1985).

Explica: “Hoy en día se usan anglicismos como ‘influencer’ o ‘empowerment’ para hablar del carácter de algunas mujeres y su peso en la sociedad. Echando la vista atrás, la historia reciente nos deja muchos ejemplos de mujeres fuertes que en se enfrentaron a la inclemencia de su época mirándola directamente a los ojos”.

Agrega: “Carmen es una de las protagonistas de mi novela ‘La inocencia del cruasán’. Una mujer elegante, inteligente y atrevida, muy de su época, independiente y con temperamento que no se amedrenta ante ningún hombre. En la trama de mi novela pone entre las cuerdas a Enrique Alquézar, ficticio amante de José María Gayarre, y no se achica frente al temible Barón de Torres”.

"Carmen Moraleda era una mujer elegante, inteligente y atrevida, muy de su época, independiente y con temperamento que no se amedrenta ante ningún hombre".

La vida y la novela

Pedro Ciria ha ido, o está yendo, un poco más allá. Carmen Moraleda será la protagonista principal de la novela ‘El compuesto avispa’, ambientada en la Zaragoza de 1925, donde “los extraños resultados obtenido en un análisis encargado a su laboratorio le abocan a investigar el misterioso asesinato de una joven rubia cuyo cuerpo aparece la mañana del 13 de octubre en el centro del estadio de la Torre Bruil tras el primer partido de fútbol femenino de la historia de la ciudad”.

Eso entra dentro de la ficción de una novela en marcha, pero ¿quién es, quién fue Carmen Moraleda Carrascal? Nació en Ariza (Zaragoza) el 30 de enero de 1906. Fue una de las denominadas “aragonesas pioneras” en la Universidad de Zaragoza. Cursó estudios de Medicina en 1922. Se licenció -junto a la conocida Amparo Poch y Gascón- en 1929 con calificación de Sobresaliente, tras lograr cinco matrículas de honor. “En 1929 se trasladó a Madrid para completar sus estudios de doctorado -señala Pedro Ciria-. Se casó con José María Muniesa Belenguer, también médico y profesor auxiliar de la Universidad de Zaragoza, y juntos trabajaron, junto con su cuñado Augusto Muniesa Belenguer, en un laboratorio de análisis clínicos en el Coso”.

Augusto Muniesa llegó a ostentar la alcaldía provisional de Zaragoza durante la Segunda República por la coalición radical-socialista” (14 votos a favor y 23 en blanco) durante mes y medio de 1933 y, como tal, el 2 de abril inauguró la línea ferroviaria Caminreal-Zaragoza. Y eso fue clave en su destino: los hermanos serían fusilados en Torrero el el 7 de octubre de 1936.

Pedro Ciria retrata así a José María Muniesa: “Es uno de los grandes personajes del Aragón de los años 20 y 30: Doctor en Medicina, profesor de la Universidad de Zaragoza, propietario del laboratorio de análisis clínicos, presidente de la Federación Aragonesa de Fútbol, de la Sociedad Filarmónica y uno de los padres de la Liga de Fútbol Profesional y del actual Real Zaragoza fruto de la fusión de 1932”.

Tras la muerte el Valdespartera, el silencio

El escritor contó su dramática peripecia en su tesis doctoral ‘El sueño de ser grandes’: "En el inicio del verano de 1936, las mujeres y los hijos de las familias pudientes marchan a los lugares de veraneo: los Gayarre van al Roncal (Navarra) de donde son oriundos, y los Muniesa y Sánchez Candial optan por Alcalá de la Selva (Teruel), mientras los hombres permanecen temporalmente en Zaragoza para aclarar los últimos flecos de la temporada [el Zaragoza acababa de subir a Primera División por primera vez en su historia]. Entretanto sobreviene el 18 de julio y el primer pensamiento es proteger a sus familias, ahora en la distancia, pues ya se empezaban a conocer los avances de los primeros milicianos que salen desde Cataluña para la conquista de las tierras aragonesas. Sin embargo, hay un problema, la ola represiva se instala en Zaragoza, donde triunfa la sublevación, y todos los elementos izquierdistas de relieve son pasados por las armas. En principio ni Muniesa ni sus compañeros de directiva son sospechosos de nada dado su talante derechista reconocido, pero el apellido Muniesa Belenguer es conocido en la ciudad por otro motivo: Augusto Muniesa Belenguer, hermano de José María, médico también, fue alcalde de Zaragoza durante la República, por la coalición radical-socialista. En esos momentos de terror caliente, el simple parentesco podía ser fatal”. 

“El 7 de octubre de 1936 José María Muniesa Belenguer, fue asesinado en los montes de Valdespartera, de un tiro en la cabeza, a los 41 años, abrazado fuertemente a su hermano"

Lo sería.

En la tesis, añade Ciria: “El 7 de octubre de 1936 José María Muniesa Belenguer, fue asesinado en los montes de Valdespartera, de un tiro en la cabeza, a los 41 años, abrazado fuertemente a su hermano. Los cínicos documentos certifican su muerte como 'a causa de una fractura en la base del cráneo'. Varios amigos recogieron el cadáver y lo llevaron al quirófano de la Facultad de Medicina, desde allí salieron en silenciosa protesta acompañando el cuerpo hasta el cementerio. Pero la represión no acabó ahí, a pesar de haber fallecido, se le incoa un expediente de Responsabilidades Políticas por el que se le embarga a su viuda, Carmen Moraleda, más de la mitad del valor de sus bienes en 19372. […] En los roídos folios de ese largo juicio van sucediéndose los testimonios de varios de sus innumerables amigos, todos bajo el mismo signo: ante la acusación de conspirador izquierdista, todos sin excepción dicen que José María nunca tuvo ninguna significación política. Tras comprobar que su patrimonio alcanza en 1937 un total de 18.746 pesetas, se le incautan preventivamente 10.003. Cuatro años después del inicio del proceso, en 1943, la resolución se hace pública: 'No hay lugar para responsabilidades políticas probadas'. Es decir, Muniesa murió siendo legalmente inocente, y su viuda y su hijo quedaron prácticamente en la calle tras el embargo".

Carmen Moraleda salió adelante sola y con un hijo, el posteriormente doctor José Muniesa Moraleda, que fallecería el 9 de mayo de 2008. Carmen Moraleda había muerto el 23 de febrero de 1985. Explica Pedro Ciria: “Estuve con él en su casa, en la calle Zurita, y no quería hablar del pasado. Eso le incomodaba. Era gente que había vivido en silencio, sin deseo alguno de llamar la atención, que lo había pasado muy mal y que tenía experiencias dramáticas a su espalda. Y apenas habló de su madre. Sé que ejerció la medicina,  pero su rastro se pierde. Así como de Amparo Poch y de Concepción Diego Rosel (la primera licenciada en Medicina y Cirugía en la Universidad de Zaragoza) se habla en distintos lugares, de Carmen Moraleda Carrascal apenas existen registros".

El artista Carlos Barboza aporta algunos datos: "La Dra. Carmen Moraleda era íntima amiga del doctor y fotógrafo Aurelio Grasa y de su esposa María Jordán. Su hija Teresa iba a merendar a su casa con su hijo y viceversa. Ambos eran amigos de profesión y gusto por el arte. Carmen era una gran coleccionista de libros, cerámicas..., que hacía las delicias de Aurelio Grasa, ya que tenían amor por las antigüedades. Yo tuve el privilegio de conocer su gusto y su colección con mi mujer Teresa Grasa".

Yolanda Abenoza fue paciente suya. Dice: "De joven tuve un problema de salud; entonces me hacía análisis clínicos con frecuencia y acudía a la casa de la Dr. Carmen Moraleda. Me encantaba ir porque era una casa que parecía un museo, era preciosa. Carmen, además, era muy amable y encantadora".

Pedro Ciria, de entrada, ha decidido regalarle al menos una vida en la ficción.

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