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Luis Alegre: «Las chicas de las que te enamoras en las películas nunca te rechazan"


​La Buena Estrella, el ciclo de charlas en la Universidad con figuras del cine, cumple 25 años. Celebra la sesión 200 con Mario Casas

LUIS ALEGRE ( ESCRITOR ) / 29/07/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Luis Alegre, actor, director, cantante, profesor de Economía, director del Festival de Tudela y, ante todo, cinéfilo y coordinador del ciclo La Buena Estrella.
Oliver Duch.

Luis Alegre (Lechago, Teruel, 1962), esencialmente, es un trabajador apasionado y perfeccionista. Dirige festivales de cine (Tudela), organiza congresos y actos culturales y colabora en diversos medios: HERALDO –donde hace entrevistas especiales y redacta perfiles impregnados de afecto y conocimiento-, El País, Aragón TV, RNE con Yolanda Flores o la cadena Ser y Radio Zaragoza con Ángels Barceló y Lorena Ruano. Ha publicado libros como ‘Besos robados’ y ‘Cerca de casa’, ambos en Xordica y recientemente aparecía ‘¡Hasta siempre, Mr. Berlanga’, ilustrado por El Marqués. Codirigió con David Trueba el largometraje ‘La silla de Fernando’ y fue el narrador del documental ‘Aragón rodado’ de Vicky Calavia. Es profesor de la Universidad de Zaragoza, donde se doctoró con una tesis sobre el público español de cine. Su pasión por el cine, además, cristaliza, semana tras semana, mes a mes, en esos diálogos en La Buena Estrella que serán materia de estudio, glosa y asombro en el futuro.

¿La primera película que le cambió la vida?

‘Del rosa al amarillo’ de Manolo Summers. La vi con ocho años, en la primera tele que compró mi padre. Cristina Galbó, la niña protagonista, me trastornó: al verla sentí una especie de fiebre insólita y eufórica. Esa noche, en la cama, no hacía más que pensar en ella. Llegué a fantasear con la idea de huir a Madrid y buscarla. Cristina Galbó tuvo una carrera extraña. Se retiró pronto, misteriosamente, a lo Greta Garbo o Pepa Flores. A mis 40 años quise escribir sobre ella y la localicé en París. Me respondió un correo muy amable pero comprendí que su decisión de apartarse del mundo era firme. Por cierto, averigüé la fecha en la que había visto ‘Del rosa al amarillo’: el martes 1 de septiembre de 1970. Ese día me enganché a la droga del cine e inauguré por todo lo alto mi vida sentimental.

¿Qué otras películas le revelaron los poderes del cine?

‘Ensayo de un crimen’, de Luis Buñuel y ‘El extraño viaje’, de Fernando Fernán-Gómez. Las vi con 13 y 14 años y me volvieron la cabeza del revés.

Para usted, decir cine, ¿adónde le lleva?

A ratos, cosas, sensaciones y personas que forman parte de lo mejor de mi vida.

¿Quiénes le han empujado hacia el cine por encima de todo?

Mi padre, un mitómano desatado, me hizo cinéfilo antes de que yo viera una sola película. Luego, antes de los 20 años, me encontré con cuatro seres decisivos. El primero, Fernando Trueba. Él tenía 25 años y nos hicimos amigos al instante. Nos escribíamos cartas a boli. Fue la primera persona del cine que conocí. Otro fue Manolo Rotellar, un sabio bondadoso y memorable que, a su vez, me presentó a Agustín Sánchez Vidal, del que nunca me canso de aprender. Y, por supuesto, Eloy Fernández Clemente: me leía en El Bejorro, un fanzine universitario, y me animó a escribir en la mítica Andalán.

¿Quiénes son los cinco directores de su vida?

Buñuel, Billy Wilder, Hitchcock, Berlanga y Fernán-Gómez. Suele suceder que lo que nos deslumbra y nos abre la cabeza hasta la primera juventud, nos marca a fuego. Y, cómo no, lo mitificamos. Somos un poco rehenes de nuestros primeros impactos.

¿Y su actriz?

Ingrid Bergman, mi “esposa” fallida. A los 12 años, al verla con mi padre en ‘Encadenados’, le envié una carta proponiéndole matrimonio. En el sobre escribí, sencillamente: “Ingrid Bergman. Hollywood”. Y la eché al buzón. Menudo friki estaba yo hecho.

"Mi padre, un mitómano desatado, me hizo cinéfilo antes de que yo viera una sola película. Luego, antes de los 20 años, me encontré con cuatro seres decisivos. El primero, Fernando Trueba. Él tenía 25 años y nos hicimos amigos al instante. Nos escribíamos cartas a boli".
La Buena Estrella cumple 25 años.
Luis Alegre con la directora Gracia Querejeta y la actriz Adriana Ozores.
Toni Galán.

¿Y el actor?

Cary Grant. Lo tenía todo: clase, gracia, carisma. Hacía sencillo lo imposible.

Ha conocido muy de cerca a tres de los grandes guionistas del cine español: Rafael Azcona, Julio Alejandro y Pedro Beltrán. ¿Como los definiría?

Tres genios, cada uno a su muy peculiar manera. Rafael lucidísimo y encantador; Perico, bohemio, explosivo, delirante; Julio, tierno y delicado. Un ángel.

Su película fetiche, la que más veces has visto, es 'El apartamento'. ¿Por qué?, ¿se ha unido algún título a esa idolatría?

Vi ‘El apartamento’ por primera vez a los 18 años. Me hizo volar, me sacudió duro, me conmovió hasta hacerme temblar. Con ese aire maravillosamente ligero, encierra un tratado muy hondo acerca de la vida y la condición humana. La he visto 70 veces. En segundo lugar, ‘El extraño viaje’, 19 veces. Es como un imán para mí: la otra tarde se proyectó en el Joaquín Roncal, en un acto de la Tertulia Perdiguer, y no resistí la tentación de volver a verla. La tercera es ‘Viridiana’, con 18 veces. Las primeras siete, en el cine Argensola. Fui cada día de una misma semana. Lo dicho, un friki.

Imagine que tiene que recomendarle a un extranjero cinco películas fundamentales del cine español. ¿Cuáles serían?

‘Viridiana’, ‘Plácido’, ‘El verdugo’, ‘El extraño viaje’ y ‘La caza’, de Carlos Saura. Las cinco se realizaron entre 1961 y 1965. Me parece la edad de oro del cine español.

¿En qué película le gustaría quedarse a vivir?

En ‘Belle Époque’, una exaltación, deliciosa y melancólica, de la vida. En el verano de 1992 viajé con David Trueba a los pueblos de Portugal donde se rodaba. Íbamos a pasar un fin de semana. Pero allí se respiraba un ambiente tan fabuloso y excitante que nos quedamos casi un mes.

¿Hay alguna película que le defina o que encierre su infancia, parte de su vida?

Sería una mezcla de ‘El extraño viaje’ y ‘El apartamento’. Me sentí muy concernido por las dos, por múltiples razones.

Ha salido como actor en documentales, largos y cortos. ¿Qué nota se da?

Un 0. Y soy generoso. Peor, imposible. Con 18 años coincidí con Ana Labordeta en el Aula de Teatro de la Universidad. Ella siempre recuerda que, en los ensayos, cuando me tocaba un papel muy serio, me entraban ataques de risa incontrolables. Pero ojo a mis personajes en el cine: interpreté a un sátiro en “Perturbado”, un corto de Santiago Segura; a un Hitler que canta ‘La bien pagá’ en un corto codirigido por Faemino; a Luis Buñuel en otro de Miki Barrera; a un cura en ‘La Reina de España’; a un chuloputas en ‘La mujer cualquiera’, dirigida por mi adorado Pepe García Sánchez, con Juan Echanove, Paco Rabal y María Barranco. En ‘Air bag’, de Juanma Bajo Ulloa, salgo en un puticlub y también canto ‘La bien pagá’. Además de ser un actor penoso, me siento encasillado.

¿Qué le regaló Fernán-Gómez, con el que, al lado David Trueba, hizo ‘La silla de Fernando’?

Lo más valioso: su amistad, que me permitió disfrutar del ser más deslumbrante que he conocido. En ‘La silla de Fernando’ nos regaló su increíble magia oral.

"Las vicerrectoras de cultura de la Universidad que he conocido, Nieves Ibeas -que resucitó el ciclo después de un parón-, Concha Lomba y ahora Yolanda Polo, han sido tres cómplices perfectas".

La Buena estrella, el ciclo de charlas-coloquio que diriges en la Universidad de Zaragoza, casi siempre en el Paraninfo, celebra 25 años. ¿Qué ha significado para usted el proyecto?

Una de mis grandes alegrías. Me lo encargó en 1996 Juan Bolea, entonces concejal de cultura. La idea era celebrar ocho charlas durante el año del centenario del cine español. Pero 25 años y unos 500 invitados después, aquí seguimos. Las vicerrectoras de cultura de la Universidad que he conocido, Nieves Ibeas -que resucitó el ciclo después de un parón-, Concha Lomba y ahora Yolanda Polo, han sido tres cómplices perfectas.

La Buena Estrella cumple 25 años.
Luis Alegre con Natalia Moreno y Ara Malikian en el Paraninfo.
Toni Galán.

¿Cómo acoge el público el ciclo y cómo ha sido su evolución a lo largo de este tiempo?

Tanto la gente como los invitados valoran el lujo y el encanto de poder encontrarse de esa manera. Eso ha sido clave en su resistencia. Respecto al público, un cambio sustancial: ahora la mayoría son mujeres de mediana edad, como en casi todos los actos culturales.

¿Algunos momentos especiales?

Las primeras sesiones, cuando el ciclo se llamaba Yo confieso, se desarrollaron en el salón de actos de la CAI, en el Paseo de la Independencia. En la primavera de 1996 vino Paco Rabal. Su charla fue muy divertida y la gente salió encantada. Pero al cabo de unos días nos comunicaron que ya no podíamos organizar allí los coloquios. Un espectador había enviado una carta, muy ofendido por la “blasfemia” que, según él, había soltado Paco. Ante nuestra perplejidad, eso fue suficiente para que nos largaran. Pero, gracias a ese incidente, Eloy Fernández nos acogió en la Facultad de Empresariales. En la sesión número 100, la adorable María Rosa, una espectadora tan leal que, a sus 76 años, se ha convertido en un icono del ciclo, mostró tal entusiasmo por el cine español que el invitado de esa tarde, Fernando Trueba, le dijo: “Señora, la voy a proponer al Goya de Honor”. El pasado mes de octubre, en plena charla, Viggo Mortensen, de repente, sacó de su mochila una camiseta y una bufanda del Real Zaragoza, y otra del San Lorenzo de Almagro, su equipo, y me las colgó en el cuello. Fue su modo de pedirme disculpas: en una entrevista con Miguel Mena en Radio Zaragoza había dado por hecho que yo era del Huesca. Algunos días hubo que recurrir a agentes de seguridad: con Javier Bardem, Jorge Sanz, Santiago Segura, Eduardo Noriega y Mario Casas, que hoy protagoniza la sesión 200.

¿Y las siguientes?

Para hablar de Buñuel, el cuatro de marzo voy a reunir a Carlos Saura, que le quiso mucho, con Agustín Sánchez Vidal, máximo experto mundial en Buñuel y en Saura, y con Joxean Fernández, director de la Filmoteca Vasca. Joxean, que estudió en la Universidad de Zaragoza, ha coordinado con Jesús Angulo el libro sobre ‘Buñuel’ que ha publicado la colección Nosferatu. Y el 10 de marzo el invitado será Dani Rovira.

"Para hablar de Buñuel, el cuatro de marzo voy a reunir a Carlos Saura, que le quiso mucho, con Agustín Sánchez Vidal, máximo experto mundial en Buñuel y en Saura, y con Joxean Fernández, director de la Filmoteca Vasca".

Se celebra el centenario de Berlanga, sobre el que acaba de publicar un libro. ¿Qué significó para el cine y cómo definiría su amistad?

Fue -al lado de Azcona, sobre todo- el autor del gran relato colectivo español del siglo XX. Su arte y su gracia para capturar el alma del país lo hacen inmortal. Era 41 años mayor que yo, pero él diluía cualquier distancia. Este año también se cumple el centenario de Fernando Fernán-Gómez.

¿Qué le sugiere el binomio Aragón y cine?

Un idilio misterioso. La distribución del talento por el mundo es caprichosa y hemos de celebrar que en Aragón hayamos tenido tanta fortuna en el reparto del talento cinematográfico.

Fernando Trueba confesó que iba al cine a enamorarse. ¿A qué va Luis Alegre?

Como en todo, en el cine busco vivir algún tipo de emoción, lo más agradable y enriquecedora posible. Si esa emoción es tan sublime como el amor, ya no se puede pedir más. Las chicas de las que te enamoras en las películas nunca te dicen que no, nunca te rechazan.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como alguien a quien le encantaba dar alegrías.

"Aragón y el cine me sugieren un idilio misterioso. La distribución del talento por el mundo es caprichosa y hemos de celebrar que en Aragón hayamos tenido tanta fortuna en el reparto del talento cinematográfico".
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