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Un artesano para llevar ‘Réquiem por un campesino español’ de Sender al Principal

El diseñador aragonés Óscar Sanmartín relata el proceso de construcción de la escenografía de la obra de Che y Moche que se estrenará el viernes. 

Óscar Sanmartín, en su estudio, con algunas de las maquetas para ‘Réquiem por un campesino español’.
Óscar Sanmartín, en su estudio, con algunas de las maquetas para ‘Réquiem por un campesino español’.
Oliver Duch

El próximo viernes la compañía aragonesa Che y Moche estrena en el Teatro Principal una de sus grandes apuestas para este año, ‘Réquiem para un campesino español’, coincidiendo con el 120 aniversario del nacimiento de su autor, el chalamerino Ramón J. Sender. Una adaptación dirigida por Marian Pueo y protagonizada por Joaquín Murillo, Saúl Blasco y Kike Lera.

El elenco actoral es la cara visible de un trabajo colectivo de profesionales como Arantxa Ezquerro, responsable del estilismo y del vestuario, u Óscar Sanmartín, el diseñador de la escenografía y del resto de aspectos visuales del montaje, como el ‘atrezzo’, el cartel o la gráfica.

Cuando los espectadores asistan el viernes, el sábado y el domingo a las representaciones poco podrán imaginar la minuciosidad y la ardua tarea que se esconde detrás del escenario en el que se desarrolla el espectáculo. Absolutamente nada es casual ni improvisado.

Óscar Sanmartín (Zaragoza, 1972) es conocido y reconocido por sus portadas de discos de El Niño Gusano, por sus cubiertas de los libros de editoriales como Pregunta, Tropo y Penguin Random House, y por su firma en multitud de carteles.

Aunque su faceta teatral arrancó en 2003 con ‘Ventajas de viajar en tren’, del Temple, y con dos montajes para Muak en 2004 y 2005, no ha sido hasta estos dos últimos años en los que ha intensificado esta faceta. En 2019 intervino en ‘Calígula’ de Nasú Teatro y en 2020 repitió con el Temple con ‘Los hermanos Machado’. Entre medio, en 2008, fue el responsable de la escenografía de la película de Emilio Aragón ‘Pájaros de papel’.

Un currículo al que ahora se incorpora este ‘Réquiem para un campesino español’. Basta con visitar el estudio de Sanmartín para visualizar la complejidad y el nivel de detalle con el que afronta el desafío. Proyecta en bocetos y en pequeñas maquetas lo que posteriomente se construirá a una escala mucho mayor. Pero ese es solo el final de un largo camino que pasa a relatar.

«Lo primero es leer el texto de Alfonso Plou y comprender cuál es la intención de la directora, Marian Pueo. En esta fase, lo más importante es entender qué es lo que tiene en la cabeza el director y cuáles son sus intenciones. En este caso mi labor es trabajar a partir de esa propuesta y resolver estilísticamente cómo se va a ver en el teatro, qué colores y texturas se van a utilizar. Es decidir el ‘look’ de la representación y darle unidad estética», explica.

Lápices y papel en blanco

Una vez se consensúa la línea a seguir, es el momento de la magia a través del lápiz en el papel en blanco. «Preparo unos bocetos que sirven para visualizar la propuesta. Son muy esquemáticos pero sirven para entender las necesidades del montaje. Después preparo una pequeña maqueta muy básica, normalmente de cartón, con la que se estudian todos los pormenores técnicos y de dramaturgia. Cuando quedan resueltos todos los aspectos técnicos de la primera maqueta se hacen los planos y se construye una maqueta final a escala 1/20. En esta maqueta quedan definidas las dimensiones y los acabados tal y como se vería en el montaje final», revela.

Con el referente de esa maqueta y con todos los colores, medidas y materiales asignados, es el turno de los constructores, Jesús Sancho y Charly Trías. «Curiosamente, una de las decisiones más importantes es cómo se tiene que despiezar la escenografía para que pueda ser transportada. Muchas veces vienen impuestas por el tamaño del vehículo que se usa para hacer la gira. Tú puedes diseñar una escenografía fantástica pero no sirve de nada si luego no se puede transportar y montar. Es probablemente la fase más comprometida en la que se tiene que encontrar un equilibrio entre lo artístico y lo realmente viable», asevera.

Finalmente, se aborda la construcción definitiva. «Normalmente el escenógrafo no es el que construye físicamente la escenografía, pero sí que participa muy activamente supervisando que todo lo que se hace sea fiel a la maqueta inicial. Sin embargo, en mi caso a veces, no puedo evitar participar y acabo manchándome las manos, pintando algún elemento o tallando alguna pieza pequeña. Paralelamente, también hay que realizar pequeños elementos de ‘atrezzo’ que también son importantes pero que no necesariamente son fabricados por los constructores. En el caso de ‘Réquiem por un campesino español’ era necesario hacer una reproducción de la talla de un Cristo y de unos títeres. De estos elementos se ocupó magistralmente Agustín Pardo», concluye Sanmartín.

Con toda esta infraestructura completada, solo resta un último paso, que los actores insuflen vida a esos decorados con su talento y pasión, propiciando el milagro de que las palabras que Sender escribió en 1953 retomen su vigencia con su protagonista, el carismático Paco el del Molino a la cabeza. La magia del teatro y de este artesano único llamado Óscar Sanmartín.

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