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Ocio y Cultura

El British Museum también se equivoca

La historiadora del arte Carolina Naya demuestra la autenticidad de una joya del Pilar que la institución británica consideraba falsa desde hace años

A la izquierda, joya del Victoria & Albert Museum de Londres; a la derecha, colgante del Museo Lázaro Galdiano. Ambas se pensaba que eran falsificaciones del siglo XIX y son, en realidad, renacentistas.
A la izquierda, joya del Victoria & Albert Museum de Londres; a la derecha, colgante del Museo Lázaro Galdiano. Ambas se pensaba que eran falsificaciones del siglo XIX y son, en realidad, renacentistas.
Heraldo.es

Operarios del Victoria & Albert Museum de Londres (V&A), no sin una íntima satisfacción, acaban de cambiar la cartela de una de sus piezas estelares, una joya procedente de Zaragoza. Se trata de un pinjante (colgante) de oro y piedras preciosas que, junto a otras alhajas, el Pilar se vio forzado a subastar en 1870 para poder continuar sus obras. El pinjante, que tiene un perrillo esmaltado como tema principal, fue elegido por el British Museum en 1990 para su exposición ‘Fake? The Art of Deception’ (¿Falso? El arte del engaño). Sus especialistas habían llegado a la conclusión de que se trataba de una falsificación realizada hacia 1860, intentando hacerlo pasar por renacentista.

Una historiadora del arte aragonesa, Carolina Naya, especialista en artes decorativas y joyería antigua, acaba de demostrar que no, que el British Museum también se equivoca, y que esa joya es auténtica, como lo es al menos otra similar que se vendió en la misma subasta. Las claves las ofrece en el artículo ‘¿Reinhold Vasters? Tres pinjantes de perrillo procedentes de la subasta del Joyero de la Virgen del Pilar (1870)’, publicado en el último número de la revista ‘BSAA Arte’, de la Universidad de Valladolid.

Para entender bien todo lo sucedido, donde intervienen historiadores del arte, especialistas en joyería y falsificadores, hay que tomar dos fechas: 1870 y 1979. Entre el 30 de mayo y el 8 de junio de 1870 el Pilar, para salvarse, subasta varias piezas destacadas de su joyero. Entre ellas tres pinjantes cuyo tema principal es un perrillo esmaltado. Dos de ellas son adquiridas por el Victoria and Albert Museum y otra por unos empresarios madrileños. Esta última se conserva actualmente en la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid.

La segunda fecha clave es 1979, año en que un especialista americano, Charles Truman, llega a la conclusión de que una colección de dibujos de joyas renacentistas que está estudiando no es del siglo XVI, sino del XIX, y descubre que los dibujos han sido realizados por Reinhold Vasters (1827-1909), conservador y restaurador de las alhajas de la catedral de Aquisgrán. Truman, además, ata cabos y llega a la conclusión de que se trata de diseños que el alemán ha falsificado y colocado en el mercado.

«Su descubrimiento marcó un antes y un después en el estudio de la joyería antigua –relata Carolina Naya, profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza–. Años después, en el 2000, se descubrió que el restaurador Alfred André, en el entorno parisino, había aprovechado su condición para hacer moldes de cera de las piezas, y que luego hacía reproducciones que parecían piezas antiguas. Ambos, Vasters y André, trabajaron para un marchante suizo con conexiones en toda Europa y sus trabajos se difundieron por todo el mundo. Hay que tener en cuenta que a finales del siglo XIX y principios del XX la joyería renacentista estaba de moda y era muy demandada por las grandes fortunas». 

Los trabajos de André eran fácilmente distinguibles (por el peso de las piezas) pero los de Vasters, no. Era muy bueno, había asumido la estética de la joyería renacentista y no hacía dos alhajas iguales. «Los especialistas empezaron a dudar de todas las piezas –añade Carolina Naya–. Tanto, que a todas se les empezó a añadir un calificativo: ‘pre Vasters’ o ‘post Vasters’. Las copias comenzaron hacia 1830. Si una joya es ‘pre Vasters’ quiere decir que estaba acreditada su existencia antes de la época en la que el orfebre alemán trabajó y, por tanto, es original». Y si es ‘post Vasters’... El orfebre era tan bueno en su trabajo que prácticamente se duda de todo.

Y así se llegó a la exposición de 1990 en la que los dos ‘perrillos’ zaragozanos del V&A fueron considerados falsos: “Desgraciadamente,ninguna de las joyas de la Virgen del Pilar procedentes de su santuario en 1870 ofrecen garantías de autenticidad –dictaminó Hugh Tait, conservador de joyería europea del British Museum–, ya que los donantes podrían haberlas adquirido de buena fe, pensando que eran originales y no pastiches modernos». Y añadía: «establecer la autenticidad de los colgantes procedentes de Zaragoza es una cuestión crucial para el estudio de la falsificación de joyas renacentistas en el siglo XIX».

Durante una estancia de investigación de Carolina Naya en el Reino Unido, los especialistas del Victoria & Albert Museum le comentaron las vicisitudes de las dos alhajas con perro en esmalte que poseen. Y la historiadora del arte no lo dudó. «En el joyero del Pilar se hicieron varios inventarios, en distintas épocas y por diferentes personas –relata la historiadora del arte–. Una de las dos joyas del museo londinense que se creían falsas es, sin duda, auténtica. Las gemas que contiene coinciden plenamente con la naturaleza, forma y disposición que se describe en los inventarios del Pilar, y ya está allí en el siglo XVII. Lo mismo sucede con el pinjante del Lázaro Galdiano, y que también fue expuesto en dicho museo en 2006 creyendo que era falso. No se puede decir lo mismo de la otra alhaja del Victoria & Albert. No aparece en los inventarios del Pilar, lo que la hace sospechosa. También es raro que, siendo estilísticamente de 1600, no se donara hasta 1800, porque ese tipo de piezas se solían donar en vida, como agradecimiento por alguna gracia recibida». Quizá fuera un ‘vasters’. En cualquier caso, independientemente del siglo en el que fuera realizada, una obra maestra de la orfebrería.

La zaragozana Carolina Naya es noticia estos días por partida doble en el ámbito de los estudios de las artes decorativas a nivel europeo. Además del artículo sobre las joyas del museo londinense, acaba de publicar ‘Bijoux anciens: un álbum inédito de dibujos de joyas en la Biblioteca di Archeologia e Storia dell’arte de Roma’ (Universidad de Cantabria).

En un ámbito de trabajo como el suyo, en el que apenas hay bibliografía antigua, cada hallazgo importante es una piedra Rosetta de la disciplina. Y el que efectuó hace unos años en Roma lo es. Durante una estancia de investigación en la capital italiana encontró un legajo que hasta ahora había pasado inadvertido a los investigadores. Se trata de un volumen en el que se compilan trescientos cuarenta y cinco diseños de joyas de distintas dimensiones y tipologías. Las alhajas representadas son de ámbito femenino y tienen naturaleza civil, y los dibujos fueron realizados entre finales del siglo XVII y comienzos del XIX, aunque en su inmensa mayoría se encuadran en el XVIII.

En el libro que ahora aparece se reproducen la mayoría de los diseños del álbum romano, al tiempo que se muestran las posibles analogías con fondos gráficos coetáneos italianos conservados en Europa y Estados Unidos.

Además, se repasan y apuntan cuestiones fundamentales para el estudio de la historia de la joyería relacionadas sobre todo con el ámbito italiano, donde resultan especialmente interesantes debido a la escasez de joyas conservadas de la Edad Moderna. Los 345 diseños de joyas son inéditos.

«Estaba buscando bibliografía, y en un fondo antiguo, el ‘Rari’ de manuscritos de la Sala Lanciani, del que todavía se dispone a través de ficheros manuales, no informatizados, descubrí un título que me llamó la atención. Esa parte de la biblioteca, en la quinta planta, estaba casi permanentemente cerrada o en obras, pero insistí e insistí durante semanas hasta que pude consultar el volumen. Es algo absolutamente excepcional».

Hasta donde ha podido saber, la Biblioteca lo adquirió en 1941 a un conocido librero florentino, Samuel Olschki, establecimiento que aún pervive hoy en día, en lo que es su quinta generación dedicada al negocio. Y en los estantes de la institución ha permanecido durante décadas hasta que la especialista aragonesa lo ha sacado a la luz. Nada se sabe del autor o autores de los dibujos, que vienen a confirmar que en la orfebrería europea se impuso la moda francesa desde el reinado de Luis XIV. Pero se han abierto varias puertas nuevas a los investigadores. En la Biblioteca Nacional española se conserva un manuscrito parecido, ya estudiado por los especialistas, de cuya comparación podrían extraerse datos interesantes.

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