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Esther García Llovet: "El humor tiene un nivel de agresión por debajo"

Con fina ironía, la escritora aborda el tema del doble y de "la esperanza de una vida mejor que nunca llega" en 'Gordo de feria', su nueva novela.

Esther García Llovet
Esther García Llovet
Vocento

A un comediante, que acaba de ganar la lotería y goza de cierta fama, se le ocurre que un camarero recién despedido se parece a él y quiere convertirlo en su doble, para que lo suplante en sus compromisos sociales. Solo debe engordarlo. Sin embargo, las cosas se complican y la trama da un giro cuando descubre que a su nuevo compañero lo persiguen. Esta es una de las aristas de 'Gordo de feria' (Anagrama), la nueva novela de Esther García Llovet, que recubre de fina ironía las peripecias de sus personajes. "Uno siempre piensa que tiene una versión de sí mismo que anda por ahí y que tiene una vida mejor", dice la autora. "En el fondo es la esperanza de una vida mejor lo que estamos buscando pero que al final no llega".

La autora de obras como 'Sánchez', 'Coda' o 'Cómo dejar de escribir' buscaba esta vez desarrollar una historia de humor. "Es aparentemente muy ligero pero hay algo detrás que no sabes lo que es. Es mucho de no contar, y no entra la corrección política. La corrección de cualquier tipo te amenaza". Aficionada a las series como 'The Wire', 'The Night of' o 'Succession', "folletines con capacidad de dar un arco dramático muy largo", ha profundizado en los personajes periféricos de la ciudad de Madrid, el universo central de su obra. Acostumbrada a caminar por lugares que no conoce, cámara fotográfica en mano, durante horas, asegura que cada barrio es como la gente que lo habita y, por tanto, muy diferentes. "Me gustan los márgenes y la gente marginal", confiesa. "Los que logran escapar de lo que espera el otro".

-Su protagonista lamenta que la gente no sepa cuándo habla en broma y cuándo en serio. ¿En qué clave escribe esta novela?

-Cuando yo era niña, era un poco la payasa de mis amigos, pero me di cuenta de que cuando contaba algo que no tenía gracia, pensaban que era una broma más. Esto le pasa al personaje de Castor (el protagonista de 'Gordo de feria'), y en ese aspecto hablo de mí misma. Pero el libro tiene muchos meandros. Lo hice sin escaleta ni trama. Solo escribiendo y escribiendo. Y quería que fuera como un chiste.

-¿Por qué la mayoría de estos personajes no tienen nombre y apenas hay referencias a sus perfiles?

-El humor no tiene que especificar nada. Hay un personaje, por ejemplo, la china, que aparece y desaparece, sin que apenas sepamos nada de ella. Nada, ni la edad que tiene. El humor es bastante más complejo porque tiene un nivel de agresión por debajo.

-Tiene una forma sólida de narrar desde hace 20 años. ¿Cuál ha sido su evolución literaria?

-Cuando escribo, tengo una sensación de inmersión, en la que prácticamente no pienso. Con la cabeza en blanco, disfruto mucho, y dos horas después hay algo allí y no sé cómo ha ocurrido. Es un proceso automático y muy instintivo. Al principio intentaba imitar a Roberto Bolaño. Pero en 'Cómo dejar de escribir' maté al padre y me liberé. Dejé de sentir que una cabeza miraba todo lo que escribía.

-¿Qué lee ahora?

-Llevo como cuatro años que no leo ficción. Prefiero el periodismo literario. Un autor que siempre me gusta mucho, porque roza la ficción y el periodismo es Richard Price ('The Wanderers: las pandillas del Bronx' y 'Los impunes'). Tiene algo que se engancha al procedimiento, al detalle, a lo que es toda la parafernalia del suceso.

-En esta época de feminismos, usted ha elegido personajes masculinos para la trama.

-Mi posición y compromiso feminista lo tengo en mi vida privada, mientras que la literatura es ficción y no creo que tenga que ser necesariamente feminista. Vivimos un cambio que es real y radical. La sociedad que están viendo las generaciones de mujeres que ahora tienen treintitantos años o menos no es la que yo viví. Ni de lejos. Es un buen momento para las mujeres. Yo nací en el 63, en tiempos de Franco. Y si hoy Madrid está incomunicada por la nieve, en ese entonces España estaba sin comunicación con el resto del universo. Los cambios son abismales.

-Su protagonista, Castor, dice que su regla es "nunca reírse de nada ni trabajar gratis".

-No sólo para el humorista, también para los escritores. No se debe confundir la cultura con el ocio.

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