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Zaragoza Moderna: una ruta por tesoros de la ciudad en los que seguramente no habrás reparado

Dos historiadores catalogan en Instagram joyas del muralismo cerámico de la capital aragonesa, cuyo esplendor fue en los años 60 y 70, y que están en edificios tan emblemáticos como el Hotel Meliá, la sede central de Ibercaja o en muchas viviendas de la zona de la Romareda.

Sergio Sevilla y Ana Durán, junto a un mural cerámico en la zona de La Romareda.
Sergio Sevilla y Ana Durán, junto a un mural cerámico en la zona de La Romareda.
Toni Galán

El confinamiento perimetral está obligando a ver la propia ciudad de otra manera, apurando sus posibilidades, redescubriéndola o, directamente descubriéndola. Si los ojos que miran son los de dos historiadores, surgen iniciativas como @ZaragozaModerna, que está reuniendo en una cuenta de Instagram las joyas del muralismo cerámico de la capital aragonesa, una técnica que alcanzó su esplendor a orillas del Ebro en las décadas de los 60 y 70.

La idea de Sergio Sevilla y Ana Durán, con amplia experiencia en el ámbito de la gestión cultural, es la de "investigar, documentar y poner en valor estos murales artísticos cerámicos y los entornos decorativos asociados a ellos" que, a su juicio, "no estaban visibilizados tanto como otras disciplinas".

Y no séra porque la mayoría no estén a la vista de todos. Hay murales cerámicos reseñables, por ejemplo, en las fachadas del Hotel Meliá (antes Corona de Aragón) o en la sede central de Ibercaja. Pero también en muchas viviendas particulares, ya sea en la parte exterior de los portales (saliendo al paso del viandante) o en los vestíbulos.

Son estos últimos, precisamente, los que, sobre el papel, corren mayores riesgos, alerta Sergio Sevilla. Al margen de los catálogos de arte público o de cualquier protección como Bien de Interés Cultural, quedan al pairo de la decisión de las comunidades de vecinos, con muy diferentes sensibilidades. "Algunas saben lo que tienen en casa, otras, no", dice Sergio.

CUATRO PARADAS CURIOSAS DE LA RUTA 

El Antiguo Egipto en el bar Faustino
Muralismo cerámico
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El bar Faustino de Zaragoza, situado en la plaza de San Francisco, y con una de las decoraciones mejor conservadas de la capital aragonesa, presenta en uno de sus rincones este tan bonito como curioso mural cerámico con escenas del Antiguo Egipto. Es obra de J. Barranco y Alfredo Díaz ALDI, de Muresa, y data de 1975. Esta pareja es autora también del espectacular mural que recibe al visitante en el céntrico Pasaje de San Clemente.

La era atómica 
Dos detalles atómicos de un edificio de la calle de Jerusalén.
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La baldosa cerámica de la izquierda forma parte del acceso a una finca de la calle de Jerusalén en el barrio de La Romareda. La de la derecha es de Alfaraz y está en el 20 de Doctor Cerrada. Ambas dan idea de la variedad temática y de la audacia de los artesanos que realizaban estos elementos decorativos.

Seguridad vial pop en el Hábitat Don 2000
Mural cerámico de un garaje del Hábitat Don 2000.
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El mural cerámico es capaz de nutrirse de las más variadas inspiraciones y de abarcar variadas temáticas. En este caso, el de la foto, situado en la entrada del un garaje del Hábitat Don 2000, en la calle de Aznar Molina, es ejemplo del costumbrismo más pop.

Otra inquietante presencia en la Casa del Duende
Mural en Gascón de Gotor, antigua Casa del Duende.
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Si la famosa Casa del Duende, situada en Gascón de Gotor, ya siempre será asociada al misterioso acontecimiento aparentemente sobrenatural acaecido en los años 30 del siglo pasado, el pintor Emilio de Arce parece que no pudo resistirse a hacer un inquietante guiño a esta historia a medio camino entre las páginas de sucesos y la de una novela de terror en el edificio que la sustituyó. Solo basta con echar algo más que un vistazo al mural. ¿Lo ve? Un duende del revés vigila a los vecinos...

"Sin investigaciones publicadas al respecto", Sevilla y Durán constatan que "la cerámica como arte decorativo tiene una consideración menor, incluso ha llegado a estar denostada: estos murales no están visibilizados".

Sin embargo, Zaragoza cuenta con una interesante colección de ellos, la mayoría de los años 60 y 70, cuando los gustos arquitectónicos y la técnica se aliaron. Fueron arquitectos como Teodoro de los Ríos o José de Yarza, de la mano de ceramistas como Cuní (autor de las cerámicas de Ibercaja y del Corona de Aragón), Grávalos o Galeano los que surtieron a la capital aragonesa de estos toques de distinción cerámica.

Según explica Sevilla, fueron los avances técnicos los que ampliaron las posibilidades de una disciplina que es una de las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad: "En los años 60, nuevas herramientas permitieron realizar murales monumentales, con mayor tamaño y volumen, con relieves muy desarrollados". En Zaragoza, los arquitectos comienzan a hacer uso de ellos porque, además de su valor decorativo, son mucho más duraderos que las pinturas murales que proliferaban hasta esa fecha.

Los murales cerámicos suponían un elemento de distinción. Comienzan a verse en el centro de Zaragoza o en villas señoriales, pero, como son más asequibles que otro tipo de decoraciones, su uso empieza a extenderse a otras zonas, entonces en expansión de la ciudad, hacia el sur, como el barrio de la Romareda. Es en este amplio conjunto de viviendas donde pueden verse algunos de los ejemplos privados más interesantes del muralismos cerámico zaragozano y donde se constata su popularización. Hasta tal punto que Grávalos, Galdeano o Cuní derivan parte de sus diseños a empresas cerámicas, como Muresa.

La moda del muralismo cerámico comienza a decaer a finales de los 70, con la llegada de otros gustos y materiales, como la madera o el ladrillo visto. Sin embargo, su calidad y dureza hace que los que no se han retirado estén en perfecto estado de conservación.

La ruta "pública" incluye muchos. Además de los del hotel Meliá o Ibercaja, hay interesantes ejemplos en la plaza de Aragón, el pasaje San Clemente, el bar Faustino, el edificio del rectorado de la Universidad de Zaragoza, el edificio Aída...

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