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Ocio y Cultura

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Perfil de Juan Ramón Masoliver

La buena hoja de servicios del zaragozano: secretario de Pound, traductor de Cavalcanti, editor de James Joyce, fundador de la editorial Yunque

José Luis Melero retrata a Juan Ramón Masoliver.
Dioniso Ridruejo y Juan Ramón Masoliver, a la derecha.
Archivo Heraldo.

Cuenta Juan Ramón Masoliver en un artículo que publicó en ‘El Ciervo’, en 1990, y que luego recogería en ‘Perfil de sombras’ cuatro años más tarde, que la pintora holandesa Bettina Jacometti le dejó al poeta Rafael Lasso de la Vega su estudio en Madrid con la condición de que cuidara a su perrito. Lasso de la Vega, que apenas tenía para malcomer, fue vendiendo los muebles y todo lo que pudo, hasta que sólo le quedó el perro, por lo que optó por asarlo y comérselo. Francisco Vighi, ingeniero industrial y uno de los más grandes poetas humorísticos españoles, al que Federico de Onís incluyó en su famosa antología y Andrés Trapiello recuperó para el catálogo de La Veleta, escribió sobre el asunto aquellos conocidos versos: "Pobre perro de Bettina / que se lo ha comido Lasso / un día que andaba escaso / de acuñación argentina". 

Masoliver dice que Bettina le dejó a Lasso el estudio y el perro porque tuvo que pasar una temporada en la cárcel, sin explicar el porqué. Y también en el mismo artículo convierte en profesor a Juan Manuel Bonet, cuando Bonet ha sido muchas cosas en esta vida, pero profesor, lo que se dice profesor, no lo ha sido nunca. Así que cualquiera sabe si será cierto lo de la cárcel, sobre todo porque lo que no cuenta Masoliver es que esa anécdota ya la relató César González Ruano en sus memorias, ‘Mi medio siglo se confiesa a medias’, en 1951, y allí dice que Bettina se marchó fuera "para un pequeño viaje". No sé si está muy bien eso de no citar a Ruano, cuando aquel sucedido estaba publicado desde hacía ¡39 años!

El zaragozano Masoliver –primo de Luis Buñuel, para quien trabajó en ‘La edad de oro’– tiene, en cualquier caso, una buena hoja de servicios. Fue secretario personal de Ezra Pound en Rapallo entre 1931 y 1934, introdujo el surrealismo en Cataluña a través de su revista ‘Hèlix’, en la que publicó unos fragmentos traducidos al catalán del ‘Ulises’ en 1930, y conoció a Joyce a través de Sylvia Beach en Shakespeare and Company. Y luego publicaría entre 1944 y 1947, con Fernando Gutiérrez y Diego Navarro, la revista ‘Entregas de Poesía’, de la que salieron 24 números. Fue corresponsal de prensa, traductor y autor de una gran guía sobre Italia. Yo supe de él como director de ‘Camp de L’Arpa’, la revista de literatura editada por José Batlló, en cuyo primer número –mayo de 1972– colaboraron entre otros Jaime Gil de Biedma y Eugenio Montale.

Masoliver fue falangista y fundó en Barcelona la editorial Yunque, que publicaría, entre otros muchos libros, el ‘Primer libro de amor’, de Ridruejo, en 1939, y su conocida –y atrabiliaria– antología ‘Las Trescientas. Ocho siglos de lírica castellana’, en 1941, en la que sí figuró Lorca, pero no Juan Ramón o Manuel Machado.

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