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Ellas también cuentan en 'The Paris Review'

Solo 16 escritoras figuran en las páginas de la antología de entrevistas que publica Acantilado en España

Acantilado publica las entrevistas de 'The Paris Review'.
El estuche con los dos volúmenes de casi 1.500 páginas.
Acantilado.

A lo largo de su historia, ‘The Paris Review’ ha publicado entrevistas a más de 400 autores. De ellos, solo 87 son mujeres. No llegan a la cuarta parte. Esta proporción –más bien desproporción– se refleja en este libro, que recoge 16 entrevistas a escritoras que hablan de su vida, de su visión de la literatura y del oficio de escribir.

Si sus colegas hombres establecieron sus rutinas de escritura en función de sus preferencias y sus ritmos biológicos, en las escritoras entrevistadas encontramos un denominador común: las que son madres –la mayoría– cuentan como escriben en los ratos que roban a la crianza de sus hijos, fundamentalmente levantándose muy temprano y escribiendo de madrugada.

Con los hijos

Doris Lessing confiesa no haber podido quitarse ese hábito después y sabe que lo comparte con muchas de sus compañeras, y A. S. Byatt cuenta que con una mano escribía y con la otra acunaba la canastilla de su hijo, que ponía sobre el escritorio. Margaret Atwood expresa el conflicto: «Durante un tiempo creí que debía elegir entre mis dos mayores deseos: tener hijos y ser escritora. Al final me arriesgué».

El feminismo está presente en todas las entrevistas. Las autoras reflexionan sobre las dificultades de publicar siendo mujer: para ellas –recordemos que la primera entrevista es de 1956–, escribir supuso entrar en un terreno reservado a los hombres en el que sabían que sólo podían aspirar a ser una figura menor que se moviera en los márgenes, pero nunca restando espacio a sus colegas escritores.

Al ser preguntadas por el género de sus personajes, varias de las autoras rechazan el «punto de vista femenino», cuestión que aparece con frecuencia en las entrevistas, y coinciden en señalar lo absurdo que es ese reduccionismo.

Discriminación y anécdotas

La más explícita es Susan Sontag, que plantea que las mujeres son siempre vistas como una minoría y a las minorías se les atribuye un punto de vista unitario. Toni Morrison o Margaret Atwood apuntan que hay más factores que provocan discriminación –en la literatura y en la vida– y que son igual de importantes, como la clase social, la raza, la orientación sexual o la generación a la que pertenecen.

Las entrevistas están llenas de anécdotas jugosas que revelan su personalidad y su forma de abordar la escritura: la provocadora y gamberra Dorothy Parker confiesa que elegía los nombres de sus personajes de la guía telefónica y de la sección de obituarios de los periódicos. Para Mavis Gallant, escribir es como una relación amorosa: lo mejor es el principio. Eudora Welty explica su proceso de escritura y cómo corregía cortando fragmentos con tijeras y grapándolos en otros lugares, una versión artesanal del «corta y pega» de ahora.

"Toni Morrison o Margaret Atwood apuntan que hay más factores que provocan discriminación –en la literatura y en la vida– y que son igual de importantes, como la clase social, la raza, la orientación sexual o la generación a la que pertenecen"

Isak Dinesen (el seudónimo literario de Karen Blixen) habla del poder de la narración oral y cuenta que en su granja en África le pedían que «hablara como la lluvia» cuando querían escucharla hablar en verso. Nadine Gordimer se detiene en la censura de sus libros en su país, Sudáfrica, y de cómo afecta «lo político» en su obra.

Joan Didion habla de escribir como un acto hostil, pues el escritor trata de imponer su modo de ver las cosas al lector, y confiesa que para ella escribir es como caminar por la cuerda floja, un camino de inseguridad y zozobra que solo termina al acabar el texto. Impresiona leer que en 1978 confiesa que la muerte de los hijos es algo que le preocupa todo el tiempo, sin intuir que se tendría que enfrentar años después a la muerte de la suya.

Literatura libre

Tanto Marguerite Yourcenar como P. D. James reivindican la literatura sin etiquetas de género: «Escribir es una forma de profundizar en la existencia», dice Yourcenar, y no importa si se aborda un texto histórico o policiaco, sino si es verdadera literatura. «La narración de historias es una forma fundamental de pensamiento humano», dice Iris Murdoch, y añade la escritora irlandesa: «Una novela legible es un regalo para la humanidad». También hay lugar para hablar de la crítica literaria. Joyce Carol Oates escribe que para soportarla hay que desarrollar «una piel gruesa como la del rinoceronte, aunque en el interior siga albergando un espíritu optimista y frágil como una mariposa».

Elizabeth Bishop muestra un carácter muy divertido y relata cómo celebró la noticia de su Pulitzer comiendo galletas Oreo –lo único original que tenían– después de recorrer kilómetros corriendo para llegar a casa de su amiga más cercana.

«El trabajo de un escritor es plantear preguntas», dice Doris Lessing. Estas 16 escritoras lo consiguen con sus respuestas y abren una ventana a sus vidas que se disfruta enormemente.

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