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HISTORIA DE ESPAÑA. OCIO Y CULTURA

Fernando García-Mercadal, Premio de Investigación histórica 'Martínez Marina'

El jurista e historiador zaragozano lo obtiene por su ensayo ‘Los símbolos políticos, el ceremonial y las distinciones oficiales del Reino de España’

Premio de Historia para Fernando García-Mercadal.
Fernando García-Mercadal es historiador y jurista, y un apasionado de la literatura.
Archvio FGM.

El jurista e historiador zaragozano Fernando García-Mercadal ha sido distinguido con el Premio Nacional de Investigación ‘Francisco Martínez Marina’, en su V edición, por su ensayo ‘Los símbolos políticos, el ceremonial y las distinciones oficiales del Reino de España’ (Ediciones Hidalguía), publicado a finales de 2019. El Jurado ha querido reconocer “la excelencia y calidad científica en el ámbito de la historia institucional”.

Fernando García-Mercadal es general del Cuerpo Jurídico Militar, doctor en Derecho y en Ciencias Políticas y actualmente dirige la Academia Central de la Defensa, en Madrid.

La monografía premiada considera que las motivaciones económicas y utilitaristas no constituyen “el verdadero motor de la vida social, ya que existen otras formas de configuración del mundo que pertenecen al ámbito prerracional e imaginativo, por lo que las personas se relacionan frecuentemente con su entorno mediante intercambios de carácter simbólico. Solo teniendo en cuenta que las emociones condicionan fuertemente nuestra subjetividad individual, se comprende mejor la importancia que adquieren en las sociedades contemporáneas los ritos del poder y los símbolos políticos”.

"Solo teniendo en cuenta que las emociones condicionan fuertemente nuestra subjetividad individual, se comprende mejor la importancia que adquieren en las sociedades contemporáneas los ritos del poder y los símbolos políticos”

Fernando García-Mercadal se muestra concluyente a la hora de abordar la comprensión y alcance de los símbolos institucionales desde un modo implicativo, integrándolos en una hermenéutica interdisciplinar con aportaciones diversas procedentes de la Filosofía, la Antropología, la Semiótica, el Derecho, y las Ciencias Políticas y de la Comunicación, mediante un método que interprete la realidad en clave ‘cultural’, próxima a la llamada ‘Historia de las mentalidades’, es decir a la historia de los gustos y sensibilidades, individuales y colectivos, de la moral y la psicología social.

Los primeros capítulos del libro están dedicados a examinar la estrecha relación de los procesos de construcción de las identidades nacionales y los símbolos políticos, al tratamiento de estos por parte de la ciencia jurídica extranjera, con especial referencia a la vasta producción ensayística de los alemanes Rudolf Smend (1882-1975) y Peter Häberle (1934), y a los símbolos políticos en el ordenamiento jurídico español y la no muy extensa nómina de juristas patrios que se han interesado por las connotaciones sentimentales y emotivas que subyacen en muchas de nuestras instituciones políticas.

El resto de la obra premiada alude a los símbolos políticos del Reino de España, entendiendo como tales no únicamente los tres convencionales —Bandera, Escudo e Himno—, sino también el Rey (símbolo de la unidad y permanencia del Estado, según la Constitución) y otros de menor intensidad semiótica pero por ello no menos importantes: las fiestas oficiales, las monedas y los sellos postales, determinados edificios y espacios públicos que atesoran algunas funciones memorialísticas, como el Panteón de Hombres Ilustres, las precedencias protocolarias y tratamientos de cortesía, así como el variado y poco sistemático conjunto de distinciones que se conceden en nuestro país: títulos de nobleza, órdenes y condecoraciones civiles y militares, Premios Nacionales de Cultura, etc.

Sobre la Corona, materia de debate y análisis en los medios de comunicación y en la calle, García-Mercadal dice que “los ciudadanos, atrapados por el poder omnipresente de la Administración y desorientados en el laberinto de los innumerables estamentos institucionales, necesitan poner voz y rostro al Estado; y para ello nada mejor que la certeza y seguridad que ofrece el Rey, una autoridad que se percibe cercana y afable, alejada de la contienda electoral y, a la vez, factor de continuidad y de una explicación familiarista de la vida política”.

Los primeros capítulos del libro están dedicados a examinar la estrecha relación de los procesos de construcción de las identidades nacionales y los símbolos políticos, al tratamiento de estos por parte de la ciencia jurídica extranjera, y a los símbolos políticos en el ordenamiento jurídico español

Recuerda el autor también que la Bandera, el Escudo, el Himno y la Fiesta Nacional de España traen su origen en disposiciones legales bastante antiguas, que datan de 1785, 1868, 1871 y 1918, respectivamente, "con antecedentes sobre su utilización ‘de facto’ más remotos aún, muy anteriores, en cualquier caso, a la dictadura franquista".

García-Mercadal sostiene que la Corona y los emblemas políticos despliegan “una función estabilizadora y conservadora de las instituciones y de la realidad social, ofreciendo a los ciudadanos una sensación consoladora de protección, armonía y continuidad”. Defiende, asimismo, el benéfico influjo civilizador que los premios y condecoraciones oficiales pueden ejercer en una sociedad si están sabiamente administrados.

El libro es muy poco complaciente con el tratamiento que los sucesivos gobiernos de la Moncloa han dado a los símbolos políticos nacionales desde hace décadas y se lamenta de la ruptura del consenso que se fraguó sobre ellos en la Transición. García-Mercadal pone como ejemplo la tramitación en las cámaras de la Ley 33/1981, de 5 de octubre, del Escudo de España, “un ejemplo de cordura parlamentaria, que hoy no sería posible”.

Fernando García-Mercadal es crítico con la situación creada, pero desde la lealtad a las instituciones. Por eso también dedica una ‘Recapitulación Final’ a realizar un diagnóstico de las causas de la “anorexia simbólica” que sufre nuestro país y a aportar soluciones constructivas para tratar de revertir la débil socialización que en la actualidad presentan los principales símbolos políticos españoles.

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