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EN LA CONTRA. OCIO Y CULTURA

Vanessa Montfort: "Robarle 90 obras a una escritora resulta increíble"

La autora de 'Firmado Lejárraga', que llevó al teatro Miguel Ángel Lamata, edita 'La mujer sin nombre', la historia de la silenciada María Lejárraga 

Vanessa Montfort escribe la historia de María Lejárraga.
El interés de Vanessa Montfort por María de la O Lejárraga empezó por la escena.
Asís G. Ayerbe.

“Había oído campanas sobre María de la O Lejárraga, sobre todo de la gente del teatro, y de repente, estando en Nueva York en 2019, me llamó Ernesto Caballero para que escribiese sobre una mujer para el teatro. Me pareció un golpe del destino. Me puse a investigar y contacté con una de sus grandes especialistas, Patricia O’Connor, que vivía allí. Así surgió ‘Firmado Lejárraga’, que se estrenó en dos ocasiones en 2019, bajo la dirección del zaragozano Miguel Ángel Lamata”, explica Vanessa Montfort (Barcelona, 1975), que acaba de publicar la voluminosa novela ‘La mujer sin nombre’ (Plaza & Janés). Julia Navarro, la autora de 'Dime quién soy', ha escrito: "Vanessa Montfort ha tomado una figura casi desconocida de nuestra historia cultural para escribir una novela apasionada y maravillosa". 

Hizo la pieza, pero no se conformó.

No. Como suelo hacer, me documenté a fondo, y a medida que me encontraba con los materiales, apartaba cosas, las anotaba, las desarrollaba, como si estuviera haciendo un doble trabajo: no me cabía una vida tan fascinante en una pieza teatral, y ahí me centré en el tema de la autoría, y en una novela podía abordarlo todo. Todo.

Todo, todo, ¿qué es?

Su vida, sus amistades, su valiosa obra, su condición de diputada socialista por Granada, su defensa del feminismo, su presencia en la fundación del Lyceum Club, con María de Maeztu, Zenobia Camprubí y Victoria Kent, su condición de exiliada en Francia y en Argentina, su presencia en Hollywood como guionista, su pasión por la traducción… Como ve María Lejárraga resume una porción de la vida del siglo XX y parte del XIX. Nació en 1874 y murió en Buenos Aires en 1974, a los 99 años. Traducía a Eugene Ionesco.

"María Lejárraga resume una porción de la vida del siglo XX y parte del XIX. Nació en 1874 y murió en Buenos Aires en 1974, a los 99 años"

Pare, pare. Es curioso, por todo ello no es precisamente conocida.

No. En María de la O Lejárraga, luego María Martínez Sierra, se da la tormenta perfecta. Y acabará ocultándose, para trabajar, para que la tomen en serio, detrás de su marido, el escritor y director escénico Gregorio Martínez Sierra.

María y Gregorio se casaron en 1900. ¿Cree que firmaron como un acuerdo acerca de su colaboración?

No, no. Yo creo que no, pero para María la pareja perfecta, el matrimonio ideal era aquel en el que el hombre trataba a la mujer con la misma consideración intelectual. Y eso Gregorio se lo concedió: decidió aparecer ante el mundo con su voz, con su sensibilidad, con su percepción de la realidad. En cierto modo, es una gran consideración sobre todo en la época donde la mujer era postergada. Eso sí, ¡y a qué precio!

Tiene algo de inverosímil.

No lo es. Fíjese en un detalle. Cuando Gregorio Martínez Sierra publica su primer libro, en su casa le hacen una fiesta, lo celebran por todo lo alto. Cuando ella publica su primer libro, el volumen de relatos, lo ven, lo miran, se incomodan un poco y lo dejan en una estantería. Y eso que su padre era médico y su madre era una mujer culta que le había enseñado francés. En esa experiencia, sospecho, María se da cuenta de que como mujer escritora le irá peor, no la tomarán en cuenta.

Y acepta la usurpación.

Sí. Escribe 90 obras para su marido, que él firma y asume que son suyas. Que presenta como suyas.

Cuesta creer que Gregorio Martínez Sierra, tan bien relacionado, amigo de los Machado, de Federico García Lorca, de Juan Ramón Jiménez, acepte eso y logre engañar a todo el mundo.

Lo aceptó y María también. Y se sabe. Son un pareja especial. Al principio vivían del sueldo de María de maestra. Y él es un magnífico director de escena. Ella le escribe a medida, tanto que yo que he leído su obra entera, sus cartas, etc., noto perfectamente su voz, sus latiguillos, sus temas: la hipocresía, la maternidad, las luchas campesinas, la justicia social, los celos, algunas venganzas y alusiones amorosas, etc.

¿Cómo era Gregorio, en realidad?

Era un hombre enfermizo y siete años más joven que ella. Lo mimaba, lo cuidaba, María se anticipaba a él, tenían una relación un poco materno-filial; y a la vez era un genio para los negocios, para la puesta en escena. Y en privado, Gregorio aceptó la coautoría de sus obras.

Sin embargo, no la reconoció en su testamento.

Cuando se murió en 1947, no había nada escrito, salvo un montón de cartas que tenía María. Gregorio la excluyó de su testamento. Y la hija que Gregorio había tenido con Catalina Bárcena, le negó todo. Y María se quedó sin nada, sin ningún derecho.

"Cuando se murió en 1947, no había nada escrito, salvo un montón de cartas que tenía María. Gregorio la excluyó de su testamento"

Cuéntenos esa historia de amor y traición.

No se sabe con certeza cuando empezó, quizá una década después de la boda, otros dicen que dos… Él se intentó deshacer de ella en varias ocasiones. Al final el matrimonio se acabaría rompiendo y Martínez Sierra tuvo que acudir a ella a María para firmar textos de feminismo, etc. Yo tengo clara una cosa: yo no solo he escrito una novela, con aire de ‘thriller’, también creo que hay que devolverle formalmente la autoría completa. Y ese es mi sueño. No se ha hecho todavía y me parece inconcebible. Robarle 90 obras a una escritora resulta increíble. Y todo el mundo sabe que esto es así.

Por cierto, ¿tuvo otros amores María?

Algo se dijo. Sobre todo con el músico Joaquín Turina, con el que viajó a los países árabes. No era normal que una mujer casada viajara sola con otros nombres: lo hizo, y yo creo que con Turina pasó algo. También estuvo un mes en Granada preparando una obra con Manuel de Falla.

"Se llevaba de maravilla con Juan Ramón Jiménez y decía que era 'el hombre perfecto'. Se entendían muy bien y se respetaban intelectualmente. María Lejárraga decía que él era el poeta en verso y ella la poeta en prosa, y no había fricciones"

¿Fueron amantes?

¿Con Falla? No. No. Creo que no. Colaboraron. Decía que era “el hombre imperfecto”. Y sin embargo, con Juan Ramón Jiménez, el hombre difícil por excelencia, se llevaba de maravilla y decía que era “el hombre perfecto”. Se entendían muy bien y se respetaban intelectualmente. María Lejárraga decía que él era el poeta en verso y ella la poeta en prosa, y no había fricciones.

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