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Pedro Andreu: "Me gusta que me pregunten si Héroes del Silencio va a volver"

El batería publica su primer libro, ‘En mi refugio interior’ (Efe Eme). Esta entrañable colección de recuerdos fue recopilada durante el confinamiento.

Pedro Andreu posa en la zona ajardinada de la urbanización en la que reside.
Pedro Andreu posa en la zona ajardinada de la urbanización en la que reside.
Oliver Duch

Ha tenido un confinamiento fructífero en forma de libro.

Siempre procuro estar activo. Cuando tengo cancha, me voy por ahí a tocar. Pero al estar tantos días confinado, comencé viendo series pero pronto pasé a hacer otras cosas, como ponerme a contarme a mí mismo unas cuantas anécdotas vitales. Y luego lo desarrollé, porque me gusta escribir y ha terminado convirtiéndose en un libro.

¿Había pasado alguna vez tantos días solo?

No. A veces es un regalo porque tienes tiempo para ti. Habrá gente que habrá arreglado los armarios o habrá aprendido a jugar al ajedrez. En ese sentido, para mí ha sido una bendición porque me ha abierto una nueva puerta.

En el libro habla con mucho cariño y respeto de sus padres.

Mis padres son gente humilde que comenzaron de cero. Mi madre venía de un pueblito y mi padre comenzó a trabajar con 12 años vendiendo lápices en el Cine Goya. Un abuelo era pescador medio furtivo y el otro hacía latas en Navarra y les llamaban los Hojalateros. De mis padres vi que siempre estaban trabajando. Me quedó grabado. Se entregaron plenamente a la familia, que era el tótem de su vida. Mis hermanos y yo tenemos ese legado de saber que hay que luchar y ser honesto en la vida.

La suya era la arquetípica familia española de los 60, que poco a poco fue progresando.

Era como la película ‘La gran familia en Navidad’. Con los viajes a Salou en verano, la Navidad con las uvas y el turrón. Eso es pura vida para mí. Formé parte de una familia tradicional española, con las croquetas de la abuela o la menestra con toque navarro. Solo teníamos una bici para los cuatro, la ropa pasaba de unos a otros, los cuartos se compartían…

¿Su pasión por la música nació en el seno familiar?

Sí. Mi hermana tocaba la guitarra y cantaba. Lo hacía muy bien. Mi hermano Javier tenía un oído privilegiado, hacía armonías bastante avanzadas. Rafa y yo les apoyábamos. Tocábamos en las fiestas de Navidad para la familia. Cantábamos canciones de Serrat, ‘Alfonsina y el mar’, ‘Me lo dijo Pérez’, de Mocedades… Nos lo pasábamos genial y nuestros mayores flipaban. De hecho, tenemos una maqueta que grabamos y que algún día recuperaré. A mi hermana le hubiera encantado vivir de la música. Tenía mucho talento, pero no estaba muy bien visto ser músico. De hecho, mi madre me dijo que ni se me ocurriera dedicarme a la música.

¿Se siente un privilegiado por haber llegado donde pocos logran?

Mucho. En la vida influyen muchas cosas. El talento es imprescindible. También es esencial la capacidad de trabajo. Nadie regala nada. Hay que currar, disfrutándolo, pero currando. Yo soy un privilegiado. Tengo muchos amigos y conocidos que lo han intentado con la música pero que no han ido más allá.

Cuenta que conoció a Enrique Bunbury cuando él vendía una batería y usted quería comprarla...

Yno se la compré, pero congeniamos. Yo tenía los amigos del cole, pero de repente apareció Enrique e iniciamos una relación especial. Nos caímos bien e íbamos por ahí juntos. Desde el primer día nos llevamos genial.

¿Veía su carisma?

Por supuesto. Enrique siempre fue un chico carismático y muy difícil. Es leo y yo soy aries. Creo que nos equilibrábamos.

¿Cómo se maneja tener tanto éxito siendo tan joven en Héroes?

Fue una película que pasó a toda hostia. La banda fue creciendo pasito a paso. Obviamente, como eres un chiquillo de 22 o 23 años, se te va la cabeza alguna vez. Vas adelante: mañana concierto, pasado viaje, luego promoción… La gente que nos vio desde fuera igual dirá que estábamos un poco locos. ¡Teníamos tanto trabajo y tanto éxito! Nunca miré una factura ni me preocupé del dinero que ganábamos. Lo vivimos todo, éramos chavales que estábamos todo el día de aquí para allá. Nos queríamos comer el mundo y trabajamos mucho. Ensayábamos tanto que llegábamos a los conciertos muy confiados.

En el libro habla del abrupto adiós de la banda en 1996, cuando sintió «el principio de la primera sensación del fin».

En un principio no pensé que iba a ser un adiós definitivo, sino un parón para liberarnos tras tantas giras y trabajo. Así se quedó, que íbamos a parar unos meses para ir a casa y descansar. Volvía a casa y pensaba que tenía servicio de habitaciones. Yo no he tenido casa de verdad hasta los 43 años, que es cuando decidí tener una familia al uso.

Cita los «viajes sin hablar».

En Héroes pasa todo en una canción. Pasamos de la alegría vital de críos y luego el desgaste e ir perdiendo esa alegría para convertirte en otras cosas. Pasa en un grupo, pero también en una pareja. Las cosas jodidas son dolorosas, pero hay que vivirlas. Y te haces un callo.

Proclama: «admiro y quiero a Joaquín, Juan y Enrique».

Es que admiro y quiero a los tres. Cada uno tenemos nuestras formas de ser y nuestras circunstancias vitales. Nadie me quitará que les quiero, ni siquiera ellos. Son mi vida. Es innegable.

¿Cómo gestiona la eterna pregunta de si Héroes volverá?

Me encanta que me pregunten si Héroes va a volver. Me parece un regalo. Estoy seguro de que a Jimmy Page le preguntan cada día desde hace mil años si va a volver Led Zeppelin. Es un halago que se acuerden de nosotros y que quieran que toquemos.

¿Cree que es imposible que llegue a pasar?

Antes lloverán ranas, decía un amigo mío, y luego ocurrió. Lo diré mil veces. Si ocurriera, que me parece factible, sería feliz. Porque me gusta, porque son mis colegas y porque la gente llora cuando sabe que vamos a tocar. Conozco a gente que se echa a llorar de emoción cuando piensa en Héroes y eso tiene un valor humano tan bestia que hace que los problemas me den igual. Ese es el poder de la música.

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