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Netflix jaquea los tópicos del ajedrez: ¿qué opinan las jugadoras aragonesas de 'Gambito de dama'?

La joven talento oscense de este deporte, María Eizaguerri; una árbitra, jugadora y monitora y una aficionada que ha comenzado a practicar a los 37 años hablan sobre sus impresiones de la ficción del momento.

La fascinación que produce el ajedrez en los legos en la materia no le libra de un buen puñado de tópicos que, ahora, la influencia global de Netflix está ayudando a diluir. El éxito transversal de 'Gambito de dama', la serie sobre una huérfana estadounidense hiperdotada para este deporte en los años de la Guerra Fría, está poniendo en jaque muchos de los prejuicios que se siguen asociando a este juego de estrategia, sobre todo en lo referente al individualismo, las atormentadas personalidades de algunos de sus grandes maestros o la descarnada rivalidad entre ellos.

De paso, está consiguiendo otros improbables logros. Primero, la serie supera con nota la prueba de traducir al lenguaje audiovisual actual, generalmente ávido de acción y tramas enganchantes, un deporte de tiempos lentos, silencios e introspecciones, no solo sin pervertir su espíritu sino incluso haciéndolo directamente glamuroso (la producción presenta una cuidada factura, con una atención a vestuario y decorados que tiene hipnotizados también a los amantes de la moda).

La joven María Eizaguerri, de 17 años, es una de las más firmes promesas del ajedrez aragonés.
La osecense María Eizaguerri, de 17 años, es una de las más firmes promesas del ajedrez aragonés.
Rafael Gobantes

No renuncia tampoco 'Gambito de dama' a las efectivas herramientas de lo mejor del folletín clásico con resabios dickensianos: infancias tristes, amoríos posibles e imposibles a los que se añaden historias de  superación personal, adicciones y un trasfondo de trama política, con la rivalidad Estados Unidos-URSS de finales de los años 60.

Aborda, de paso, cuestiones de plena actualidad, como el feminismo y el papel de la mujer en el deporte: una imponente Anya Taylor-Joy da vida a la protagonista, Beth Harmon, única representante femenina en un mundo de hombres, una ficticia e improbable pionera en los 60. Es la parte menos verosímil de la historia, aunque disculpable en pos de la narración.

También y sobre todo, 'Gambito de dama' tiene el mérito de haber arrancado el aplauso unánime del mundo del ajedrez, que se siente identificado con la versión que esta serie, basada en una novela de Walter Tevis, da de este deporte.

Nada menos que el gran maestro Garry Kasparov, probablemente el más popular y mediático de la historia con permiso de Bobby Fisher, ha asesorado al equipo de esta producción que narra cómo el descubrimiento casual del ajedrez por parte de Harmon cambia para siempre su vida. Y la manera en que este deporte, como ella misma dice en la serie, le sirve para sentirse segura frente a las calamidades de su vida personal: “Me gusta el ajedrez porque es un mundo en 64 casillas. Predecible, dominable”.

"Esta vez no han pasado por encima de nuestro deporte", se congratula Asunción Gracia, secretaria de la Federación Aragonesa de Ajedrez, monitora, árbitra y, claro, jugadora. "Ha habido series y películas en las que incluso han puesto el tablero al revés. En esta serie se nota que están bien asesorados, incluso se usan correctamente los términos ajedrecísticos", dice.

Pero más allá, 'Gambito de dama' marca una diferencia, a juicio de Asunción, con respecto a la imagen que da de lo que rodea al ajedrez: "Lo que más me gusta de la serie es que pone el acento en cuestiones a menudo más desconocidas para el gran público. Por ejemplo, lo social que es este deporte. Es un mundo en el que hay mucho compañerismo. Hay que tener en cuenta que pasamos muchas horas juntos; hay partidas que duran horas... Y que, aunque se juega individualmente, también hay espíritu de equipo. Hay veces que se acaba de jugar y el ganador le enseña al perdedor en qué ha fallado".

"Uno de los aciertos de la serie es que refleja todo el esfuerzo que hay detrás del jugador". Asunción Gracia, secretaria de la Federación Aragonesa de Ajedrez

"En el ajedrez hay siempre un enorme respeto al rival, nunca se le menosprecia".​ Germán Berbegal, del Club de Ajedrez Sáinz de Varanda

​"No todo el mundo que corre es Usain Bolt. Siempre habrá uno que destaque, pero eso no quiere decir que el ajedrez no se pueda practicar a otros niveles". Esther Ballestero, aficionada tardía al ajedrez

De la misma opinión es Germán Berbegal, del Club de Ajedrez Sáinz de Varanda de Zaragoza. Se une al coro de halagos y destaca que el ajedrez "es un deporte de caballeros y señoras. Te forma como persona. Hay siempre un enorme respeto al rival, nunca se le menosprecia".

Asunción también apunta como uno de los aciertos que aparezca muy bien reflejado "todo el esfuerzo que hay detrás de un jugador". No digamos de un gran maestro. "La gente se piensa que como ya sabes jugar...". Pero nada más lejos de la realidad. "Un ajedrecista estudia todo el tiempo, practica, analiza. Yo misma en casa tengo dos estantes llenos de libros de ajedrez. Ahora se lee menos porque se ha sustituido por Internet".

Precisamente, esa es una de las herramientas que utiliza María Eizaguerri, la jovencísima oscense (16 años) que ahora mismo es una de las representantes del futuro más luminoso del ajedrez aragonés. Sin forzar mucho el símil, se puede decir que es la 'Beth Harmon' aragonesa, ya que con solo 14 años se convirtió en la primera mujer en hacerse con el Campeonato de España absoluto mixto.

"La serie la veo muy bien hecha", dice María. Confía en lo que el potencial de Netflix, "que lo ve mucha gente", puede hacer por promocionar el ajedrez. "Ya hay amigas que me han dicho que han visto la serie y se han acordado de mí", cuenta este joven talento que, como la protagonista de la serie, también descubrió el ajedrez por casualidad, a través de "un vecino del pueblo".

Eizaguerri, que se inició de muy niña, agradece al ajedrez, entre otras muchas cosas, la capacidad de concentración de la que es capaz, "que ahora me ayuda mucho en los estudios".

Para María, el argumento de la serie puede representar "un impulso para el ajedrez femenino".

En ello confía también Asunción, quien explica que, aunque hay muchas niñas que se incorporan al ajedrez, "aún la cosa va despacio": "Yo creo que la serie tendrá efecto, porque aunque es una serie de ficción, la protagonista no deja de ser un referente, una manera de que las chicas vean no solo que pueden jugar, sino que pueden ganar".

Esther Ballestero, a la derecha, juega contra su madre mientras su padre, también aficionado, observa las estrategias.
Esther Ballestero, a la derecha, juega contra su madre mientras su padre, también aficionado, observa las estrategias.
Francisco Jiménez/ Heraldo

Igualmente, Asun confía en que surjan más aficionados en general a este apasionante deporte. De hecho, la federación se enorgullece de sus cursos para adultos. Como, por ejemplo, los de Stadium Casablanca a los que acude desde hace un año Esther Ballestero. Esta zaragozana decidió, a los 37, lanzarse de lleno a un deporte que, de paso, ha reavivado el interés de toda la familia: "Mi abuelo jugaba y mi madre también, con 17 años. Yo sabía mover las fichas, pero nunca había jugado en profundidad".

Esther también ha disfrutado de la serie y, como sus compañeros, carga contra los tópicos que acompañan al ajedrez: "No es un juego solitario. O por lo menos no más que el dominó. Y puede parecer estático, pero hay muchas maneras de jugar, algunas muy trepidantes y agresivas, como aparece en la serie".

También, desde su nivel de principiante, quiere derribar la idea de que "el ajedrez es para gente muy inteligente o que si no te inicias de niño ya es difícil. Es como cualquier otro deporte: no todo el mundo que corre es Usain Bolt o todo el que juega al tenis ha de ser como Rada Nadal. Siempre habrá uno que destaque, pero eso no quiere decir que el ajedrez no se pueda practicar a otros niveles".

Como sus compañeras, Esther echa en falta un referente femenino en el ajedrez: "A Kasparov lo conoce mucha gente, pero muchos menos han oído hablar de Judith Polgar".

Mientras llega ese faro femenino mediático, no solo en una serie, sino en la realidad, Ballestero destaca los beneficios cotidianos que encuentra en el ajedrez: "Para empezar, buenos ratos con mis padres. Pero también una posibilidad de desconectar, de estar concentrada en algo durante un rato... También lo traslado a aspectos de mi vida. Por ejemplo, cuando muevo una pieza y nada más hacerlo me doy cuenta de que es un error y pienso: '¿Cuántas veces me habrá pasado esto en la vida?' o cuando me concentro en una parte del tablero y la amenaza la tengo en otra zona...".

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