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NARRATIVA ESPAÑOLA. ARTES & LETRAS

Las memorias del futuro de Pablo Martín Sánchez

El autor de 'El anarquista que se llamaba como yo' cierra una personal trilogía con 'Diario de un viejo cabezota (Reus 2066)' en Acantilado

Pablo Martín Sánchez publica 'Diario de un viejo cabezota'.
Pablo Martín Sánchez, escritor y traductor, es una voz muy personal de la narrativa española.
Ainhoa Gomà.

Hay en Pablo Martín Sánchez una vitalidad que se impregna a sus libros, una intelectualidad jovial que le garantiza en su literatura una juventud eterna, incluso cuando redacta sus memorias a los 89 años. Él ha llegado a esa edad, al menos en esta novela en la que en el año 2108, no tan lejano como parece, unos editores encuentran un diario escrito en 2066 de un viejo cabezota atrincherado con un grupo de resistentes en un geriátrico abandonado de Reus. Tras el pacto de la Vergüenza entre la Mancomunidad Europea y Estados Unidos han quedado a su suerte en medio del desgobierno tras una pandemia de Marburgo.

Los editores, tantos años después, no saben apenas nada del autor de ese diario, únicamente que se llama Pablo Martín Sánchez y que fue en los lejanos inicios del siglo XXI un escritor que después abandonó la literatura.

Ese es el arranque de la novela, también en Acantilado, que cierra una trilogía de novelas independientes que se inició con la excelente ‘El anarquista que se llamaba como yo’ (2012) y continuó con ‘Tuyo es el mañana’ (2016). Este nuevo libro se publica en 2020, uno cada cuatro años exactos. Será casualidad o será esa militancia suya en los arcanos patafísicos del Oulipó, un grupo de experimentación literaria surgido en los años 60. Los oulipianos buscan en ciertas pautas matemáticas un trampolín como el empeño de Georges Perec en ‘La desaparición’ de escribir la novela entera sin usar la letra ‘e’ .

Martín Sánchez se impuso escribir el diario de los 99 días que relata su personaje también en 99 días y, además en un cierto confinamiento, para remedar la situación de su yo proyectado dentro de 45 años. Lo hizo en una residencia de escritores de Suiza, un confinamiento bastante más amable que el del sanatorio donde un grupo de resistentes racionan unas pocas provisiones y montan guardia sobre una torreta, fusil en mano. Deben defenderse de las bandas violentas que no dudarían en robarles todo y asesinarlos, pero también se defienden de otros desesperados que vagan sin rumbo y podrían ser portadores del virus o, simplemente, de más bocas que alimentar. En ese entorno opresivo del Pere Mata, algunos dudan si deben abandonar esos muros y aceptar el exilio y todo se va desmoronando, hasta que la resistencia ya no es un acto de supervivencia sino una postura filosófica, o simple tozudez.

"No tiene uno que preocuparse por resultar verosímil, pues la realidad no lo es", escribe

Veremos la evolución de su relación con la carismática doctora Audrey cuando creía que todos los trenes de su vida sentimental se había ido, la melancolía de tener a miles de kilómetros a su hija Leire tras haber rechazado su insistente petición de irse con ella a Japón, las tensiones con los intransigentes con los más desfavorecidos que acuden a su puerta a pedir auxilio… Todo lo vamos sabiendo a través de las entradas de ese diario que se escribe todos los días y que alterna el relato de hechos calientes de la acuciante realidad que viven con recuerdos de juventud, anotaciones tan cotidianas como una receta para hacer una paella o apuntes filosóficos y literarias, de ‘El Gatopardo’ a Vila-Matas.

Maestría de ‘thriller’ distópico

Las largas digresiones enfrían a veces esa acción candente y llegan a veces a exasperar a un lector impaciente que quiere saber si los resistentes van a vivir o morir, pero esa es la verdad de los diarios, es así como se hilvanan. Dice en una de las anotaciones el nonagenario Pablo Martín Sánchez: "No tiene uno que preocuparse por resultar verosímil, pues la realidad no lo es". Y, en caso de necesidad porque la digresión no se acompasa con la ansiedad del lector, ya tiene su propia receta de la paella o no tiene problemas de alopecia, siempre puede hacerse el libro a su medida usando los atajos de la lectura diagonal. 

Hay que seguir de cerca a este autor porque hace malabares intelectuales a pie de calle, con la letra de Wittgenstein y la música de Estopa

Pero precisamente lo que hace valioso este libro es que ejerce con gran maestría de ‘thriller’ distópico y de anti- ‘thriller’, igual que la partícula y la antipartícula se aniquilan mutuamente, pero generan otra energía inesperada. Un juego –por otra parte, muy oulipiano– entre la realidad y la ficción. De la misma manera que hay recuerdos y hechos verdaderos de la propia vida de los primeros años de Pablo Martín Sánchez y otros de la vida a partir de los 43 años que son imaginados, pero que uno percibe también como verdaderos en ese juego hábilmente tramado por el autor. Hay que seguir de cerca a este autor porque hace malabares intelectuales a pie de calle, con la letra de Wittgenstein y la música de Estopa.

LA FICHA

'Diario de un viejo cabezota (Reus, 2066)'. Pablo Martín Sánchez. Acantilado. Barcelona, 2020. 384 páginas.

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