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"El Tubo resurgirá, pero quedan años muy duros"

La pandemia está llevando a la emblemática y turística zona a uno de los momentos más complicados de su historia que recuerdan a los que ya vivió en los años 90, con una huelga de comercientes incluida.

Paseantes por la calle Libertad del Tubo.
Paseantes por la calle Libertad del Tubo.
José Miguel Marco

La noticia de la inmersión, el próximo lunes, en el nivel de alerta 3 ha caído como un jarro de agua fría en la hostelería de las tres capitales aragonesas. Pero particularmente en aquellos negocios que carecen de terraza y que se van a ver obligados a cerrar al estar prohibido el consumo en el interior de los locales.

Es el caso de la mayoría de los de la emblemática zona del Tubo de Zaragoza (solo un 10% tienen mesas en la calle), un enclave en pleno Casco Histórico que, hasta que comenzó la pandemia, era un hervidero de público y de turistas nacionales e internacionales, escaparate al mundo de la hostelería zaragozana.

No en vano, es el segundo lugar por el que los visitantes preguntan en las oficinas de turismo de la ciudad.

Pero ahora, sus laberínticas calles, cuya estrechez forma parte de su ADN, hasta el punto de darle nombre a la zona, se han convertido en un baldón. Y es que en algunas se hace materialmente complicado mantener la distancia exigida por las circunstancias sanitarias.

Una situación comprometida que Miguel Ángel Almau, propietario de Bodegas Almau y miembro de la Asociación de Empresarios del Tubo, afronta con una mezcla de tristeza, resignación y esperanza.

"Muchos bares van a cerrar", se teme. Pero, a la vez, echa mano de la historia ya vivida y opina que "aunque quedan años duros, el Tubo resurgirá".

La cuestión es cómo y con qué orientación. En lo que llevamos de pandemia, ha cerrado Casa Pascualillo (esta misma semana) y llevan sin reabrir desde el verano algún otro, como La Vermutería o Casa Soria. Hay otros muchos locales en traspaso. A la vez que "hay interés de empresarios por quedarse con otros con la idea de abrir cuando esto pase", asegura Almau, quien resiste como puede con su parroquia habitual. "Hay gente que me viene de propio desde otros barrios, pero también es cierto que cada día se me muere un cliente. Ya es que paso lista", cuenta. Pero confía: "Aguantaremos".

La historia les avala. El Tubo es una de las zonas más populares de la capital aragonesa que, sin embargo, vivió momentos muy bajos a finales de los 80 y principios de los 90, que llegaron incluso a provocar una convocatoria de huelga, en el 94, de los hosteleros y comerciantes, hartos de la degradación y suciedad de la zona. "Incluso los propios zaragozanos desaconsejan a los turistas venir aquí", decía entonces un hostelero.

Pero el siglo XXI trajo nuevos aires a la zona, que fue resurgiendo por el empuje de algunos hosteleros de toda la vida, como el propio Almau, que cita el desembarco de El Champi, como el principio de una recuperación que, con la inauguración en 2004 de Puerta Cinegia, culminó en el triunfal 2008 con la reapertura del histórico Café El Plata.

El tiempo dirá si El Tubo, patrimonio sentimental y turístico de los zaragozanos, resiste este nuevo golpe. 

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