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HISTORIA DE ARAGÓN. 'ARTES & LETRAS'

Joaquín de la Ripa, un aventurero de Tarazona

Álvaro Capalvo edita en la Institución Fernándo el Católico las memorias de este soldado y matemático aragonés del siglo XVIII

Álvaro Capalvo edita las memorias del soldado y filomatemático Joaquín de la Ripa.
En Tarazona nació este aventurero de vida intensa y breve.
Laura Uranga.

Su autor, turiasonense, publicó en 1745 este ‘tratado’ (nombre hiperbólico) para que los españoles vieran que la vida del soldado no es "todo desdicha, hambre y palos", aunque más bien prueba lo contrario. La Ripa, "artillero y bombardero" y hombre acomplejado con pujos de matemático, puso pasquines (en Zaragoza, Barcelona, Aranjuez, Madrid) retando a los extranjeros a medirse en certamen con él. Nadie acudió nunca al desafío, lanzado para desmentir que la falta de matemáticos obligaba a «España a traerlos mendigados de otros reynos».

Soldado en África e Italia

Como un mortecino reflejo de Torres Villarroel, que había editado su deslumbrante autobiografía dos años antes, narra su vida de soldado en África e Italia, pegado a las anécdotas y sin entrar en panorámicas: desdichas, hambre de días, mudanza de regimientos en busca de suerte... Así, en la toma de Orán vive una desbandada en que "la cavallería iba atropellada; de la infantería, unos pelotones se venían retirando, haciendo fuego, otros corriendo. Los moros, revueltos entre la infeliz tropa, matando gente. Vi un cañonazo llevarse una manga de soldados nuestros por haver hecho baxa la puntería, falta de disciplina en este arte. Más temíamos a la artillería (propia) que a los moros (...) El trabajo era inaguantable. No havía hora de descanso, salíamos de guardia, íbamos de retén, de este a rancho, y buelta otra vez de guardia, haciendo en algunas doce horas de centinela». En su turno de cocina lo injuriaban "por el mal aliño que siempre he tenido para guisar, pues siempre sacaba mucho caldo, tan bueno y sazonado que parecía agua de fregar".

Fanfarrón, dice de sí que, siendo "hombre de tanta fama y tan estimado" (lo que no demuestra), cayó en la miseria hasta que, hambriento y semidesnudo en los Alpes

Hay truculencias. Decapitaba cadáveres y llevaba las cabezas a un "apotecario" que pagaba por piezas, si bien daba más por un "unto", que requería abrir los cadáveres "como lobos carniceros, y sacándoles las tripas afeytábamos con afiladas navajas el unto pegado en el huesso del espinazo. Para (obtener) media tacita abríamos siete u ocho moros".

De golpe, La Ripa se retira del juego y la camorra: "Ya solo me acompañaba con gente de bastón". Un jefe militar le enseña a medir con "las tablas de los senos, assí por el canon trigonométrico como por la logarithma y algunos principios de álgebra": nace de ello un orgullo de "philo matemático" (pretencioso, a juzgar por un problema trivial que expone y resuelve y por otro planteado de modo ininteligible). Tampoco su lengua es propia de quien ha estudiado: reitera ‘quimeras’ por querellas, estacamento, gazofia, disertor, Almugesto por Almagesto, galapián por ganapán, voluciones por evoluciones y usa vulgarismos como bandullo (tripas) y otros.

Fanfarrón, dice de sí que, siendo "hombre de tanta fama y tan estimado" (lo que no demuestra), cayó en la miseria hasta que, hambriento y semidesnudo en los Alpes, fue socorrido por un fraile bernardo zaragozano, tras un encuentro inverosímil. Y, preso en Barcelona, es tal su fatuidad que ocultaba el rostro para que no lo reconociesen los "muchos amigos" que allí tenía.

En la Corte madrileña

De pronto, en la Corte madrileña, todo le va bien. Trata «con cavalleros militares» y se asienta en Brihuega donde "apadrináronme algunos cavalleros, y con esto y algunas obras de arquitectura civil y algunos retablos que por mi quenta han corrido, me he mantenido".

No era de buena calidad moral. Aposentado en casa de algún paisano obligado a acoger soldados, si no es de su gusto le dañará cuanto pueda: "Encendía el candil de día para que alumbrasse a mi cavallo en el establo, echaba mucha leña en el fuego, lo rodeaba de pucheros de agua aliñándolos con aceyte y sal y lababa con aquel caldillo el barro de las votas, me ensuciaba en el quarto de mi cama solo por hacerla barrer, desperdiciaba mucha paja por que tuviesse colchones mi cavallo, metíame en mi cama con votas y espuelas por lo que hacía tiras las sábanas. También solía despedirme con algunas gallinas (robadas) en el morral".

Dice La Ripa: "Metíame en mi cama con votas y espuelas por lo que hacía tiras las sábanas. También solía despedirme con algunas gallinas (robadas) en el morral"

Semejante obra está "dedicada a la soberana emperatriz y reyna de los ángeles, esposa (sic) y madre de Christo señor nuestro. A la más bella nube que del mar se eleva y a la reyna de los ángeles y madre de pecadores, mar inmenso de gracias, María del Pilar de Zaragoza".

Olvidado desde su única edición en 1745, rescata y anota el raro librito Álvaro Capalvo, para la interesante ‘Serie Blanca’ de la Institución ‘Fernando el Católico’. Puede descargarse en la web de la IFC: (https://ifc.dpz.es/publicaciones/ver-coleccion/id/23).

LA FICHA

AUTOBIOGRAFÍA

'Vidas y aventuras militares del philo matemático’. Joachín de la Ripa y Blanque. Edición de Álvaro Capalvo. IFC, Zaragoza, 2020, 104 páginas. 8 euros.

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