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Ana Alcolea reivindica la literatura como "pócima contra la ignorancia"

La escritora zaragozana recibe el Premio de las Letras Aragonesas 2019 en el museo Pablo Serrano.

Luis Nozaleda (Bodegas Enate), el presidente Javier Lambán, Ana Alcolea y el consejero Felipe Faci, en la entrega del premio.
Luis Nozaleda (Bodegas Enate), el presidente Javier Lambán, Ana Alcolea y el consejero Felipe Faci, en la entrega del premio.
Guillermo Mestre

Ni en su rica y fértil imaginación Ana Alcolea hubiera alcanzado a describir el contexto en el que ayer recibió el Premio de las Letras Aragonesas 2019 en el museo Pablo Serrano. Uno de los días más especiales e intensos de su trayectoria, con el máximo reconocimiento literario de su tierra, se vio deslucido por las medidas a las que obliga la pandemia del coronavirus. Apenas 20 personas pudieron asistir a la ceremonia de entrega y los abrazos y los besos se evaporaron bajo las mascarillas. Sin embargo, la escritora zaragozana apeló al poder de la palabra para entregar certezas en estos tiempos de zozobra.

«Estas circunstancias singulares no son, ni de lejos, las que Ana merece para recibir este premio. Un galardón que merecía desde hace años. Su obra pasada es muy importante y la que tiene por delante, también. Es una escritora excelente», introdujo Javier Lambán. El presidente de Aragón no se esforzó en disimular su admiración por la autora y, en los prolegómenos del acto, le cedió un ejemplar de ‘El brindis de Margarita’, su más reciente novela, para que se la dedicara.

Tras lamentar que fuera «un día extraño» porque no podían acompañarle muchas personas queridas y la sala «estaba llena de ausencias», Alcolea hilvanó un discurso que rezumaba amor y devoción por la literatura. «Este premio que hoy recibo es la fiesta de la palabra en Aragón. Me llena de alegría llevarlo sobre mi espalda y espero hacerlo con la misma dignidad que mis precedentes», arrancó.

Nacida en Zaragoza en 1962, su existencia no se comprende sin ese alimento llamado palabra. Licenciada en Filología Hispánica y diplomada en Filología Inglesa, ha ejercido de profesora de Lengua y Literatura durante más de 25 años y es una de las autoras más leídas de nuestro país desde que en 2001 publicó su primera novela. Especializada en literatura infantil y juvenil, también ha publicado ediciones didácticas de obras de teatro y numerosos artículos sobre la enseñanza de la Lengua y la Literatura.

En su intervención, Alcolea sumió a la audiencia –la ceremonia se retransmitió por internet– en un desprejuiciado viaje por algunas de las estancias culturales más soleadas de la historia. Desde la casa de ladrillos de ‘Los tres cerditos’ hasta el Claudio de ‘Hamlet’, pasando por ‘La isla del tesoro’ de Stevenson, los cuadros de Pepe Cerdá y de Friedrich, las obras de Thomas Mann, Lorca, Unamuno, Larra, Dámaso Alonso, Irene Vallejo, Javier Tomeo... «Es inexplicable que Javier Tomeo no ganara nunca este premio», pellizcó.

A través de estas referencias universales lanzó un inequívoco mensaje. «Si no vivimos en las palabras, vivimos en el limbo. Las palabras son nuestra casa, como el caracol y la tortuga. La lengua nos protege como una manta, como el regazo de una madre. Somos lo que leemos. Las palabras nos alimentan y nos modelan. Los libros son los espejos en los que nos miramos», proclamó.

El público infantil y juvenil es el destinatario de gran parte de la labor de la zaragozana. Una responsabilidad que gestiona con orgullo. «Las vivencias de las palabras alimentan el pensamiento y nuestra capacidad para ser ciudadanos libres. Por eso me gusta escribir para los niños. Hay que mimarlos más que a los adultos porque ellos están creando la capacidad para pensar», prosiguió.

Por este motivo, conminó a no contaminar el lenguaje. «En los últimos tiempos se están envenenando las palabras, convirtiéndolas en dardos que empozoñan a la sociedad entera. Las palabras tienen tanto poder, que se quedan en el aire y sabemos que algún día llegarán a alguien a quien penetrarán. Los adjetivos perversos nos envenenan lenta y letalmente», lamentó. Su solución es concisa: «La literatura es la pócima y el bálsamo contra la ignorancia».

Pese a que Alcolea reside en Noruega, no olvidó una caricia para Aragón: «Pese a que vivo lejos, es mi tierra. Roja, verde, árida, llena de viñedos, del canal... Tierra de reyes y de reinas, de pintores, de cineastas, de escritores y de ilustradores que nos abren caminos muy brillantes. Cuando se está lejos, se añora».

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