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Outumuro expresa en 130 retratos el tránsito de la infancia y el barro hacia la luz definitiva

El gran fotógrafo gallego, afincado en Barcelona, habitará la Lonja con su pureza visual hasta enero de 2021, dentro del programa de PhotoEspaña

Manuel Outumuro expone 130 retratos en la Lonja.
Manue Outumuro, al lado de su fotografía de 'Marte' y Eduard Fernández.
José Miguel Marco.

ZARAGOZA. Hasta los diez años, en su aldea gallega de Ourense, protegido por sus abuelos, Manuel Outumuro (1949) ni siquiera conoció el asfalto, y sí el lodo, el fango de las ‘corredoiras’, el estiércol y la mierda o bosta de las vacas. Poco después este hijo de emigrantes en Venezuela, se trasladó a Barcelona y allí, en el colegio, se convirtió en el rey de los modelados en barro, y en un buen dibujante.

Eso sería clave para percibir, muchos años después, la importancia de la luz sobre los cuerpos y la materia, más capital quizá que la propia belleza física.

Hace más de 30 años, tras haberse dedicado con éxito al diseño gráfico y a la tipografía, con estudios en Nueva York y Barcelona, el azar acudió en su ayuda. El fotógrafo que tenía que asistir a un trabajo no llegó y Manuel, con una cámara sencilla, con la que hacía el ‘making off’ de los proyectos, tomó las fotos. "Y gustaron mucho y me gustó a mí la experiencia. Y ahí empezó mi vida fotográfica", contaba ayer el fotógrafo aragonés, que inauguró la exposición ‘De barro y luz’ con 130 obras de personajes de la moda, del cine, de la literatura y de las artes en la Lonja, dentro del programa de PhotoEspaña.

Ana Berruguete, responsable de exposiciones de La Fábrica, recordó que "estamos encantados de nuestra colaboración con el Ayuntamiento" porque Zaragoza es una ciudad con gran tradición fotográfica y con mucho amor a la imagen. La vicealcaldesa Sara Fernández elogió la calidad de Outumuro, y recordó que su talento y su trabajo no solo eran conocidos en España sino que había trascendido fronteras.

El artista se definió como "un hombre de imágenes y no de palabras", se mostró feliz con el espacio y subrayó que era el escenario ideal para su obra, marcada por la elegancia, la puesta en escena, la composición y, ante todo, el dibujo de la luz. Manuel Outumuro, como algunos de sus referentes, Richard Avedon, Irving Penn, Jean-Loup Sieff o el Robert Mapplethorpe más clásico y poético («no más referentes que Francisco de Goya o Zurbarán, que también educaron mi mirada», diría), es un escultor de la luz y un artista de barniz clásico. Un escultor de matices, de líneas y de ángulos.

"Fue la estudiosa y fotógrafa Laura Ferré quien, a través del texto que ha escrito sobre mí, me ha hecho ver esa relación entre la luz y el barro en mi obra". El barro, la materia, el físico, la figura; la luz despierta el alma, la revela, la ilumina y la exalta en beldad y hondura y espíritu. Algo que parte de su formación de niño.

Richard Avedon, Irving Penn, Jean-Loup Sieff o el Robert Mapplethorpe más clásico y poético «no son más referentes que Francisco de Goya o Zurbarán, que también educaron mi mirada», diría

Tras tantos años de experiencia y tantas y tantas fotos, Outumuro siente una sensación de odio hacia la cámara. No le gusta. Aunque se manifestó partidario de las cámaras digitales frente a las analógicas y no mostró nostalgia alguna por aquella artesanía de líquidos, temperaturas y otros desvelos. La cámara de fotos le parece "un elemento obsoleto", que intimida y que distancia. "Hasta el término ‘disparar’ me incomoda un poco, alude a la violencia. Yo prefería un parpadeo". Un parpadeo que registre un momento mágico cuando los personajes estén distraídos o relajados, que se hayan olvidado de su papel o de su nerviosismo. A Outumuro le gusta sorprender a sus personajes, a los que son un poco histriónicos, sacarlos serios; a los que son tímidos, dotarlos con la fuerza y el arrojo de un gesto. "Lo ideal para mí sería un chip en el ojo que funcionase como un parpadeo inadvertido y tranquilo que registre un instante especial", explicaba el artista, partidario de enseñar a leer imágenes, con sus detalles y sus pequeños juegos de claridad y sombra, y la caligrafía de la composición.

En la muestra, que nace de encargos para distintas publicaciones y de sus colaboraciones con ‘El País’, hay de todo. Planos cortos, medios o largos, diversos grados de acercamiento e intimidad, una técnica prodigiosa que refleja belleza, intención y pulcritud. Hay actores y actrices del cine español y mundial, escritores, artistas, gente de la moda: "Hago esencialmente moda y retrato, pero cada vez me inclino más hacia el retrato; hay fotos que son de moda pero que a la vez son retratos puros y funcionan bien; hay obras que no se han visto nunca, que fueron los descartes". Volvió a la moda: "De alguna manera con esos retratos que van un poco más allá y que captan una psicología logras que la mujer sea algo más que la percha".

"Lo ideal para mí sería un chip en el ojo que funcionase como un parpadeo inadvertido y tranquilo que registre un instante especial", explicaba el artista

No quiso explicar anécdotas concretas de sus fotos (se acercó levemente a la ya de Carmen Maura, y su frase: "Sin personaje no soy nadie"), detrás de las que siempre hay relato y mucha preparación; a veces con la técnica del dibujante de ‘story boards’ de cine. "Hago muchos dibujos previos; de alguna manera ya tienes en la cabeza la foto, pero a veces en la sesión suceden cosas y cambia lo que habías previsto. Esto también me gusta. La foto nace de la documentación, del estudio del personaje y de la alianza entre el azar y la observación. Y no busco los lugares oscuros de la gente, sino la luminosidad. Ya he pisado mucho estiércol y mucha mierda en el pasado".

Manuel Outumuro expone 130 retratos en la Lonja.
El poderoso retrato de Leticia Dolera que domina uno de los espacios.
José Miguel Marco.

APUNTE 

El virus cambia una tradición pilarista en el salón de la ciudad

Para Pepe Cerdá, la Lonja, que acoge a Outumuro, maestro de la belleza y el refinamiento expresivo, está asociada a uno de sus maestros: «Para mí la Lonja era la maravillosa exposición de Marín Bagüés de 1979. Creo que yo ya pintaba y me pareció maravillosa. No exagero si digo que la visité docenas de veces. Recuerdo vivamente el retrato de su madre, los bocetos al pastel de los personajes de su cuadro: ‘El Compromiso de Caspe’. 30 años después me tocó a mí exponer y siempre tuve a Marín Bagüés en la cabeza. El tamaño de la Lonja es muy importante y el esfuerzo va en relación a ese tamaño. Me recuerdo meses antes merodeando por dentro y por fuera del edificio y abrumándome por el esfuerzo que me esperaba. No quería defraudar a la memoria de Marín Bagües, a mi memoria, mejor dicho», decía desde Francia semanas atrás Pepe Cerdá, que acaba de inaugurar una exposición de pintura y acuarelas en Montpellier.

Por primera vez en la última década no ocupa un artista aragonés la Lonja en estas fiestas del Pilar, que ya son de por sí muy insólitas. Desde el Ayuntamiento se confirma que no se quiere acabar con esa tradición; en los últimos años han expuesto Enrique Larroy, Nacho Fortún, Julia Dorado, Eduardo Laborda,Iris Lázaro, Eduardo Salavera, Santiago Arranz, etc. «Estaba prevista una exposición de un artista aragonés, algo que ya forma parte de la tradición, pero por diferentes cuestiones derivadas de la pandemia sanitaria se ha hecho el cambio que ha exigido un encaje de bolillos», se dijo desde el consistorio

La nómina de Outumuro contempla a Enrique Vila-Matas, Emma Suárez, Penélope Cruz, Carme Elías, Nicole Kidman, Almodóvar, Pau Gasol o Ferrán Adriá, entre otros muchos. Y domina el blanco y negro sobre el color. Todo un lujo visual. 

Manuel Outumuro es un maestro de la belleza, del trabajo de fondo, de la armonía y de la puesta en escena sin efectismo.

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