Despliega el menú
Ocio y Cultura

notas costumbristas (38)

El general Burguete

Este controvertido militar aragonés se debatió siempre entre elegir las armas o las letras.

El general Burguete
El general Burguete
Heraldo.es

Conocí al zaragozano Ricardo Burguete leyendo ‘Nietzsche en España’ de Gonzalo Sobejano. Decía éste que Burguete era “uno de los eslabones entre la teoría de Costa y la práctica de Primo de Rivera”. Busqué entonces sus libros y compré muchos de ellos, que allá por los años ochenta se vendían casi a peso. Me interesaron sus libros de 1902 sobre ‘Cuba’ y ‘Filipinas’ (‘Diario de un testigo’ y ‘Memorias de un herido’, los subtituló) y sobre todo ‘Así hablaba Zorrapastro’, su particular Zaratustra, publicado en Valencia por Sempere. No tanto los de ciencia militar, pues Burguete, sintiéndose un Carl von Clausewitz cualquiera, teorizó mucho sobre ella y escribió numerosos tratados y manuales que también fui recogiendo por ahí: ‘Mi rebeldía’ (1904), ‘La ciencia del valor. Psicología de la guerra’ (1907), ‘La guerra y el hombre. Psicología de las tropas (1911), ‘Teoría y práctica de la guerra’ (1913)…

Luego me iba a encontrar al general Burguete en muchos sitios: en la ‘Revista de Aragón’, en ‘Así cayó Alfonso XIII’ de Miguel Maura, en las memorias de Santiago Carrillo y, desde luego, en el ‘Diccionario de la Guerra Civil Española’ de Manuel Rubio Cabeza. Éste hacía un recorrido por la vida del general y a la vez que señalaba su responsabilidad en la represión de Asturias de 1917 (Carrillo aseguró que Burguete ordenó “cazar a los mineros como si fueran alimañas”) nos recordaba que presidió el Consejo de Guerra que puso en libertad años más tarde a los miembros del Comité Revolucionario que habían llamado a sublevarse a favor de la República, que trató sin éxito (pues no le perdonaron su comportamiento en Asturias) de ingresar en la Agrupación Socialista Madrileña en 1932, y que al estallar la guerra civil se puso de parte de la República. Días antes de su muerte, en 1937, publicó en la prensa una carta feroz dirigida al general Queipo de Llano, quien había ordenado fusilar a uno de sus hijos. Rubio la transcribe casi completa y en ella Burguete llama a Queipo cobarde, perjuro, traidor, miserable, bufón, borracho…, le escupe en su “hedionda boca” y no maldice a sus descendientes “porque bastante deshonra les legas con tu apellido mancillado”. Qué triste final para este controvertido militar aragonés que se debatió siempre entre elegir las armas o las letras.

Etiquetas
Comentarios