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Ocio y Cultura

LITERATURA FANTÁSTICA. ARTES & LETRAS

Fantasmas victorianos de Charlotte Riddell

Reino de Redonda, el sello de Javier Marías, publica 'La vieja señora Jones y otros cuentos de fantasmas'

Reino de Redonda publica a Charlotte Riddell.
Retrato de esta escritora que domina las historias de fantasmas.
Reino de Redonda.

Dentro del género de terror, los cuentos de fantasmas conforman un territorio propio, pero a la hora de la verdad narrativa, cada escritor inventa el género, o dicho de otra manera, no hay dos historias de fantasmas iguales, cada una lo es a su estilo, con sus trazas y su horror peculiar. Charlotte Riddell (1832-1906) se dedicó durante medio siglo al oficio de la escritura de cuentos fantasmales. Redonda publica una selección de ellos con el título 'La vieja señora Jones y otros cuentos de fantasmas'.

'La puerta abierta' sorprende por su soltura o desenfado narrativo, una parodia deliciosa del estilo cockney de Dickens. El habla plebeya o proletaria de Londres, en contraste con el habla o el acento sofisticado de la aristocracia o de la burguesía de la Revolución Industrial. Parece que Marx aprendió primero de marxismo en las novelas jacobinas de Dickens, si vale la boutade. Esa mezcla de jovialidad descarada y de creciente canguelo dotan a ese cuento de un encanto especial. La autora demuestra en este caso su dominio o amplitud de registros o recursos literarios. En suma, la holgura de oficio, que no es moco de pavo, en el mundo de las letras, propenso al sota, caballo y rey, a las fórmulas obtusas y rutinarias.

Casi me atrevería a decir, que la chispa de la autora victoriana, su mayor logro o virtud literaria, consiste en haber forjado un híbrido o mezcla de dos géneros antagónicos, el de terror y el cómico. Quizá donde mejor se aprecia es en un jocoso diálogo entre Lucy y la señora Tippens en el cuento, casi una novela breve, que da título al volumen, “La vieja señora Jones”. Donde se cuenta la historia de un médico disoluto, que tras desaparecer un buen día, ronda por su siniestra casa el espectro de su aciaga esposa. Esa mezcla de jocosidad y pavor es digna de Dickens, iba a decir incluso de Shakespeare, pero eso es mucho decir. De modo que lo digo y no lo digo.

Esa mezcla de jocosidad y pavor es digna de Dickens, iba a decir incluso de Shakespeare, pero eso es mucho decir. De modo que lo digo y no lo digo.

Creo que llevo como medio siglo leyendo libros, dudo que exista algo que pudiéramos llamar una especie de sabiduría libresca, pero quizá si uno no es muy torpe, o demasiado optimista, acaba por aprender dos o tres cosas. Riddell hace una acotación preciosa en este relato, que demuestra su olfato o su holgado talento narrativo. Hay detalles insulsos que sobran en una narración porque aburren al lector. Ah, he ahí la clave de la buena literatura. Hay detalles preciosos, Dios está en los detalles, dijo Flaubert, y hay detalles que arruinan el relato, lo masacran. Proust adoraba los detalles concretos, digamos, primores del detalle sugestivo. Si un escritor tiene el don de la escritura feliz, esa quizá es la regla número uno.

Resulta difícil elegir el cuento o el relato que mejor define el estilo de Riddell.

'El Señor de Ennismore' desprende un halo romántico del mejor Stevenson, playas de naufragios, un caballero misterioso que habla en un idioma desconocido, una casa deshabitada que domina desde un acantilado toda una bahía. Con esos mimbres tan sugestivos se diría que hasta el narrador más torpe contaría una historia interesante. Pero siempre hay un ingrediente poco común en la buena literatura, una buena dosis de talento literario, sea innato o sea adquirido por el oficio de muchos años. En este caso, el relato es breve, apenas diez páginas, pero son suficientes para demostrar la calidad de Charlotte Riddell. 'En una noche tempestuosa un barco se hace trizas en el Cabo Púrpura. A la mañana siguiente la playa aparece sembrada de cadáveres, desde el grumete hasta el rudo capitán'. Cito casi de memoria, que me perdone Antonio Iriarte, muy fiable traductor.

Cuento del Niño en la Casa de los Nogales. Lo más peculiar de este relato es su forma de contar la metamorfosis del fantasma pueril, que pasa de ser la niña del exorcista, a un cariñoso crío, cuya única dolencia incurable, más allá de la muerte, era la falta absoluta de cariño. Puede que todos los males del mundo residan en esa razón que en esa narración se apuntan. La ausencia absoluta de afecto, de mimo, de calor humano, de atención singular, de una caricia leal y prolongada en el tiempo. Criaturas que son el espejo de la bondad y criaturas que son el espejo de la maldad personificada. 

Dicho así suena a una especie de maniqueísmo moral inadmisible, blanco o negro, conmigo o contra mí. En cualquier caso, esta historia de Riddell atrapa al lector por esa búsqueda del misterio en torno a ese niño fantasma que deambula por una vieja casa como alma en pena. ¿Es posible la redención mediante la expiación ? Da la impresión de que para Riddell la batalla entre el bien y el mal no es ningún cuento chino. Pero la literatura no se hace con sermones o buenos sentimientos. Riddell es muy amiga de citar los Salmos en sus páginas. Parafraseando su gusto melódico victoriano, podríamos decir “The old, old book was always present”. La Biblia aflora en sus frases a cada paso.

LA FICHA

'La vieja señora Jones y otros cuentos de fantasmas', Charlotte Riddell. Prólogo Pilar Pedraza. Traducción, Antonio Iriarte. Reino de Redonda, Madrid, 2020. 372 páginas.

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