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Carmen Barrantes: "Tras la pandemia somos otros: los actores, el público, todos"

La artista oscense, ganadora del Simón a la Mejor Actriz, representa 'Con lo  bien que estábamos (Ferretería Esteban)', con Jorge Usón en el Español

Entrevista con Carmen Barrantes, premio Simón a la Mejor Actriz.
Carmen Barrantes contempla la belleza del historiado Teatro Español de Madrid.
Pepe Añón.

Carmen Barrantes (Jaén, 1977) confiesa: «Estoy muy feliz con el premio Simón a la Mejor Actriz. ‘Cardelinas’, de Tomás Generelo, es un trabajo del que me siento muy orgullosa. Era la tercera vez que me nominaban y la primera que no puedo ir».

¿Qué tiene de especial este trabajo sobre Conchita Monrás, la esposa del artista Ramón Acín?

Nací en Jaén y el 9 de agosto de 1978, con nueve meses, me llevaron a Huesca. Es una historia universal y a la vez muy oscense. Me quedé tocada. Me parece una historia tan bonita como cruel. Creo que hay una reflexión sobre la libertad que cobra más sentido en estos meses, donde se ha hablado a veces de libertad de una manera tan banal y tan frívola. Cuando ves ‘Cardelinas’, hay algo de la verdad y de la jaula. Ramón Acín era un hombre que creía en la libertad y lo prueba cuando dice que dejaba salir a los pájaros y ponía una pajarita de papel. Más bonita la historia no puede ser.

Debió ser muy dolorosa.

Claro. Yo no había hecho nunca un papel tan dramático. De hecho, cuando el director Tomás Generelo me lo ofreció le dije que yo no lo podía hacer, que se lo agradecía muchísimo. Que no y no. Siguió insistiendo. Al final, me lo he tenido que currar porque había que hacerlo muy bien. El actor Jorge Usón me ayudó mucho y el ‘coach’ también.

¿También una actriz como usted necesita ‘coach’?

Tuvimos un ‘coach’ que nos preparaba y hubo dos momentos que me rompieron. Nos íbamos a un cuartito y nos reuníamos con él y nos empezó a dar las cartas que se mandaban Ramón Acín y Conchita Monrás, las de verdad. Él me daba a mí la carta de Ramón y yo le daba la carta de Conchita. Recuerdo una carta que decía: hijas mías, estoy encerrado en Jaca en la cárcel; como otros papás que están luchando por la libertad y para que tengáis derecho a unas vacaciones, cito de memoria. Era todo así: sin florituras, sin metáforas, había algo directo.

No sé si pudo evitar las lágrimas.

No hacía más que llorar y llorar. En otro momento que estoy yo con Fernando Ramos, que hace de Ramón Acín, leo la carta… Y dice Fernando: «Que no siga, por favor, que no siga, que no voy a poder grabar». Yo estaba todo el rato emocionada. Y el ‘coach’ se nos queda así, nos da la mano y dice: «Conchita y Ramón nunca se pudieron despedir. Y este es el momento para que lo hagáis por ellos». Ahí fue, nos cogimos de la mano, hicimos la escena y estuvo todo cargado de una emoción y de un gran respeto por ellos.

"Y el ‘coach’ se nos queda así, nos da la mano y dice: «Conchita y Ramón nunca se pudieron despedir. Y este es el momento para que lo hagáis por ellos». Ahí fue, nos cogimos de la mano, hicimos la escena"

¿Los ‘coachs’ de actores tienen sentido?

Por supuesto que sí. De verdad. Es una pasada. El director está pensando en muchas cosas. Tengo la sensación de que se hace un escenario increíble, pero al final salen allí dos personas y un piano, y se necesita mucho trabajo para que esas dos personas estén bien. En ‘Cardelinas’ me pasa igual, y si los actores está mal, el resto no tiene sentido. Y a veces se cuida menos ese material sensible que es la interpretación. La figura del ‘coach’ te ayuda para que todo salga lo mejor posible…

¿Recuerda el estreno en el Teatro Olimpia de Huesca?

Fue muy emocionante. El estreno emocionó; le encantó, le encantó a todo el mundo que destacaba que Elisa Hipólito, que encarna a la joven que está conmigo en la cárcel, es como una lucecita que te salpica y alumbra. Y yo, en cambio, pierdo el brillo de la mirada. Ante una tragedia así, no hay llanto posible: solo un quejido que te traspasa.

No ha podido acudir a la gala de los Simón porque lleva con Jorge Usón tres semanas en el Teatro Español con ‘Con lo bien que estábamos (Ferretería Esteban)’, que se estrenó en el Teatro Principal de Zaragoza en 2018.

Estamos felices. Acude la gente. No ha podido ser mejor. El tres hicimos un preestreno y el cuatro fue el estreno oficial, con autoridades y ha sido una maravilla. Estrenar en la sala grande del Teatro Español una compañía aragonesa invitada era un riesgo. En el preestreno se levantó el telón y se escuchó un clamor y un prolongado suspiro de «Por fin, se alza el telón». José Sacristán fue el primer en lanzar un «¡bravo!». Al acabar la función, se volvió a levantar el telón para los aplausos y a Jorge Usón, mi compañero, le salió desde lo más profundo de su alma un «¡vamoooos!».

¿Qué pasó?

Todo el mundo se puso de pie y se oyó otro grito unánime, «vamoooos». Fue un grito increíble, como un reencuentro del teatro. Fue como algo catártico, una señal de que «hemos vuelto. Eh». La gente lloraba. ‘Con lo bien que estábamos (Ferretería Esteban)’ ha podido llegar al Teatro Español gracias a cada aragonés que vino a vernos al Teatro Principal y pagó su tornillo, su tuerca, su entrada.

Parece maravilloso. ¿Con la recaudación del Teatro Principal , durante las fiestas del Pilar, han podido llegar a Madrid?

Ha sido por eso. Totalmente. Porque en Zaragoza respondió muy bien el público y porque el Ayuntamiento favoreció el empeño, gracias a Víctor López Carabajales, y apostó por nosotros y nos dio las mejores fechas. Que es un poco lo que ha pasado aquí. Han sido muy valientes. Abrir con una compañía poco conocida. Era todo un riesgo. Troncoso, el autor, ya es una persona respetada, es un dramaturgo maravilloso, pero había un riesgo de que no pudiera funcionar. Y está siendo fantástico, fantástico, de verdad. Muy emocionante. Cuando dieron las luces del patio, iban todos con mascarilla. Era como decir. «¡Ahí va! Estamos abriendo temporada y la gente con mascarilla». Volví a ver a la realidad. Hay algo de lo que te das cuenta: nos han echado de menos. No a nosotros, sino al teatro en general.

Entrevista con Carmen Barrantes, premio Simón a la Mejor Actriz.
Carmen Barrantes y Jorge Usón, compañeros de compañía y de reparto.
Enrique Cidoncha.

¿Qué han cambiado en la pieza?

No se ha cambiado nada y lo hemos cambiado todo. Es exactamente cómo se estrenó, no ha habido modificación pero es verdad que cuando digo «con lo bien que estábamos», eso cala de una manera nueva. El público ha cambiado. No somos los mismos. Nadie. Tras la pandemia ya somos otros: los actores, el público, todos. Y es completamente diferente. Hay una capa de profundidad que ahora penetra con gran intensidad, y parece que ‘Con lo que bien que estábamos (Ferretería Esteban)’ fue premonitorio. Cada vez que decimos: «Con lo bien que estábamos», se oye un murmullo en el público como de «lo teníamos todo y no nos dábamos cuenta».

El montaje tiene humor, música, pero también tiene tristeza y amargura. ¿Cómo se asimila?

Se habla más de una comedia con muchas capas y con profundidad, y que te puede tocar el pecho (hay gente que sale removida), pero nadie habla de tristeza, aunque se habla de la soledad, de la muerte, de la locura. Se destaca más la relación de amor entre ellos, las vidas que van en paralelo, que de la tristeza y de la amargura. Y sobre todo son dos personajes aragoneses. Porque yo me veo cantando una jota en medio del Teatro Español y me digo: «¡Madre mía!». Un delirio.

"Yo siempre digo que soy una actriz que canta. Si yo no hubiera cantado no habría trabajado ni la mitad de lo que lo he hecho. Es algo que a mí me ayuda"

Usted ha estudiado música. Tocaba el violonchelo...

Tocaba. Lo tengo aparcado. Toqué en la primera orquesta de cámara que hubo en Huesca. Llegué hasta quinto del plan antiguo, estuve en el conservatorio, canté en corales, sé leer música. Cosas que siempre complementan.

¿Le ayuda a una actriz saber cantar?

Yo siempre digo que soy una actriz que canta. Si yo no hubiera cantado no habría trabajado ni la mitad de lo que lo he hecho. Es algo que a mí me ayuda. Y me ayuda a cantar desde el personaje, algo que me completa. Cada día lo disfruto más. Un día diré: «También soy cantante».

Háblenos de su trabajo con Jorge Usón. ¿Como lo llevan?

Yo me siento absolutamente afortunada de tener la relación que tengo con él. Somos socios en la compañía Nueve de Nueve con Laura Gómez Lacueva y cuando se junta poderoso caballero es don Dinero, hay algo que puede llevar a la fricción. Hemos llegado a un punto de respeto, de admiración, de completarnos y de encontrar todos los días algo distinto. ¡Jorge es tan poderoso, tan inteligente, cómo habla, todo lo sabe! Y él confía mucho en mí. Yo lo leo: sé lo que piensa y él sabe lo que pienso yo. Veo que estamos fuertes, haciendo un trabajo honesto y valiente que nos sale de las entrañas, de la tierra. Somos dos ferreteros aragoneses, y que, lejos de parodiar, estamos dignificando dos vidas que merecen ser contadas. Que serían de Pinseque tal vez y los estamos poniendo en el Español con las mejores luces que hay en el país.

O sea, que está radiante.

Me he quedado a las puertitas de muchas cosas, pero estoy convencida de que ahora sí, esto ya está o que no tiene vuelta atrás.

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