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Fallece el payaso Germán Redondo, que se hizo famoso con el dúo de Los Opelli


Sufría cáncer desde hace tres meses, y se despidió al grito de “Chuti. Venga al escenario” a los 87 años. Encarnó al 'zapatones' o 'augusto'

Fallece Germán Redondo, de Los Opelli.
Germán Redondo recibió en 2019 en Premio Honorífico en la gala del teatro.
Raquel Labodía

“Ser espontáneo, tener un gran repertorio, entregarse y no alzar la voz. No por gritar mucho haces más gracia. El público capta enseguida si tienes ganas de trabajar y, si se desconecta, ya no lo recuperas. Un buen payaso toca varios instrumentos y es un poco acróbata. Y debe saber caerse”. Así le explica Germán Redondo (Zaragoza, 1933-2020) a Mariano García, en HERALDO, los requisitos para ser buen payaso.

Germán, que formó durante años el dúo Los Opelli, con Enrique José Benedí, fallecía hoy jueves a las 6.30 de la mañana en el hospital San Juan de Dios, a consecuencia de un cáncer que se reveló hace tres mess.

“Germán lo supo y lo asimiló con serenidad. No dejó de hacer chistes ni de sentirse payaso hasta el final. De hecho, lo último que me dijo, antes de ser sedado, fue: 'Chuti. Venga al escenario'. Y me hacía gestos con las manos. Fue un payaso auténtico, de verdad, hasta que no pudo más”, explica su compañera María del Pilar ‘Miriam’ Bellido, con quien ha vivido desde ls últimos 20 años.

“¿Qué le voy a decir de él? Se lo decía siempre: era un caballero de antaño. Respetuoso, educado, amable, que siempre tenía una palabra amorosa en la boca, de los que se levantaban en el autobús o en una terraza para dejarte la silla. Para mí, desde luego, y para los demás fue generoso e íntegro. Fue un payaso de oficio, un jefe insuperable, y estaba muy cerca siempre de sus colaboradores que, de verdad, también eran magníficos. Si había que adelantarles dinero, lo hacía”, insiste Miriam, con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos.

“¿Qué e lo más importante de Germán Redondo? Su pasión por la risa. Viajó por toda España y por varias partes del mundo llevando con orgullo el nombre de Zaragoza y de Aragón, y defendiendo la risa”, dice Miriam, su viuda, y revela algunos detalles curiosos. Germán Redondo, que se inició en el oficio a mediados los años 50, había encarnado con Enrique José Benedí, que era ‘carablanca’, a ‘zapatones’, el tonto del dúo, el 'augusto' con su nariz roja. Y llevo durante muchos años los mismos zapatos de payaso. “Los cuidaba como si fueran sus tesoro. Y lo eran. Los llevaba a reparar a una zapatería del Coso. Eran los zapatos de toda una vida”, recuerda.

Agrega que, tras el ictus que sufrió Enrique José Benedí y quele llevó a la retirada a mediados de los años 80, Germán siguió actuando. Hasta la propia Miriam lo acompañó en el escenario durante más de una década, hasta que también hubo de dejar su papel de ‘carablanca’ a consecuencia de la fibromialgia.

Germán Redondo no dejó de actuar hasta dos meses de que le anunciasen el cáncer. “Ya no hacía viajes largos, como antes, pero actuaba quí, por Navarro y lo hacía como siempre: con entereza y profesionalidad. Era un payaso payaso. Yo le decía: “Tu madre te parió payaso”. Y él asentía. Tenía hasta andares de payaso. Era coqueto y se quitaba años. Había nacido en 1933”, declara Miriam. Había cumplido 87 el pasado 26 de junio.

Germán Redondo empezó haciendo el meritoriaje en diversos espectáculos. Realizó un dúo con Chomín, utillero del Real Zaragoza, e iban por los colegios; en esa ocasión le tocó a él hacer de ‘carablanca’. Más tarde, los contrató el empresario taurino Francisco Santos. Lo mejor aún estaba por llegar. Así se lo contaba a Mariano García: “Unas fiestas del Pilar vino a la ciudad el circo Coliseum, y un locutor de Radio Zaragoza, Eduardo Vijil, le hizo una entrevista al domador Angelo Alessandrini en la jaula con todos los leones. Se organizó un fin de fiesta, nos llamaron, contamos varios chistes sobre los americanos, que entonces estaban de moda, caímos en gracia y el empresario nos invitó a continuar la temporada con ellos. Poco después fuimos a actuar a un teatro en Melilla, que no pudo ser, pero allí cayó el circo Amar de Francia. Quería pasar a la Península, se lo impidieron y acabamos tres años con ellos de gira: Argelia, Marruecos, Túnez, Libia, Egipto, Italia, Francia... Era uno de los mejores circos de la época. Entonces se llevaban los payasos habladores y nosotros no sabíamos francés. Lo aprendimos en bares y cafeterías, preguntando”, le decía al autor de 'Marcelino. El mejor payaso del mundo', al que admiraba Germán Redondo.

La sociedad con Enrique José Benedí dio muchos frutos. Hasta principios d ellos años 70 trabajaban en circos clásicos, donde "el payaso era el auténtico rey": hacían un espectáculo con chistes, parodias políticas, juegos malabares, equilibrios, bofetadas y caídas, y la parte musical, que él siempre cuidó.

“Puede decirlo bien claro: con Germán Redondo, ‘Germán Opelli’ para muchos, se va un artista de circo internacional, fiel a su oficio y a lo que aprendió”. Solía decir que admiraba a los hermanos Marx, a Stan Laurel y Oliver Hardy, pero también a otros como Charlie Rivel, Luis Raluy o los Tonetti, que representaban el esplendor del oficio circense. En 2019 recibió el Premio Honorífico a toda su carrera en la gala del Teatro aragonés.

El entierro es el viernes a las a las 12.30. 

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